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viernes, 13 de marzo de 2015

¿Crees en las segundas oportunidades?

Las  segundas oportunidades no son para todos. Hay que buscarlas, a veces antes que desearlas. Sólo buscarlas y luego… luego ya no hay marcha atrás. Tiene que ser, porque si esta vez te llenas de miedo, no habrá vida que disculpe tu indecisión.

Ve, está ahí, lo pusiste frente a ti aún sin saber lo que hacías. Si hubieras sabido tal vez no lo buscas, pero a veces son las almas y la vida las que conspiran y rescatan del pasado lo que tu razón dejó partir.

Tiene toda la magia de lo improbable y a veces hasta de lo imposible, pero está ahí, tan dificultosamente a la mano, que te da miedo dar el último salto.

Quieres dejar de verlo, cierras los ojos, das la vuelta, tapas tus oídos… no escucho, no veo ¡me distraigo! Pero aunque luches, nunca podrás ocultarte esa otra parte de ti.  


O, tal vez sólo hay primeras oportunidades, que simplemente nunca dejaron de ser.

martes, 30 de septiembre de 2014

De las históricas ganas, de hablar sin yo

Cada uno con sus deseos insistentes sin ceder a bienes sustitutos. 

Fieles a lo que por años han demandado, con sus peros y sus contras, pero fieles. Permanecen en sus modos y sus formas; anhelantes, deseosos de encontrarle, no encontrarse, encontrarle a “eso” que espera, en algún tiempo de cualquier espacio.

Fieles al recuerdo, al deseo, a la imposibilidad,al anonimato, a la irreverencia…vaya usted a saber a qué, pero sorprende una fidelidad tan antigua.

La demanda impaciente aparece y una voz exclama ¡Por fin! Siempre uno reconoce a quien rompe barreras, límites, represiones… y, sin más, ese deseo impetuoso de rasgar las ataduras propias, vuelve a existir.  

Hay demandas y protestas que saben a “usted no quiere negarse”.

No quisiera sacar conjeturas de palabras que aún no se han dicho, pero esa fuerza de realidad, que sea como sea,  cohabita, es bueno verle de frente.

Cuando las almas gritan y superan las barreras de la piel y más aún del intelecto, se quedan fuera los pronombres. No hay tú, no hay yo, nosotros,no hay nada, todo es… así, natural, esencial, libre, filosófico le llaman.

Entonces todo es acuerdo o mejor dicho, ya no importa el acuerdo, es lo de menos, todo queda fuera de esa dimensión donde  los deseos se funden igual que los pronombres y se descubren mutuamente con esas históricas ganas, de hablar sin yo. 

Nota: Algunas ideas del texto no son de la autoría de quien presenta, pero le pertenecen. 

domingo, 27 de febrero de 2011

La última renuncia

Aprendí a no renunciar, aprendí a aceptar el mundo y sus exigencias, aprendí a cumplir con un rol, aprendía a ser feliz con lo que tengo, aprendí a ver pasar los días y pasar en ellos, aprendí a tantas cosa que; de pronto me sorprende reconocer que no me basta, que ya no es suficiente, que no lo quiero, aunque lo desee tanto y más me haya costado.

Deseo profundamente respirar hondo, apretar mis puños y decir: “renuncio”. Renuncio a mis no renuncias, renuncio a estar bien, a no tener sobresaltos, a todas mis seguridades. Tengo unas ganas inmensas de ser nada, de vagar por el viento, de no cargar este peso.

No sé si a mi edad sea buena idea o buen momento. Sé que puede ser muy pronto, pero me aterra que después sea muy tarde. No estoy satisfecha, ya no es suficiente. No sé si esperar la claridad o aceptar que esta nunca llega y es preciso arriesgar. Correr riesgos es tan emocionante, tan profundo y tan tuyo, que por momentos me hace falta… pero no existe un motivo, un motor de ese instante que te hace soltar el alma y aventurarte al futuro sin sostener tu presente. Un instante que te hace saber que vives, aunque implique tocar la muerte.

No sé qué hará ese instante; si una cosa, un nombre, un lugar o un momento, pero ruego a Dios que llegue pronto. No quiero vivir muriendo, prefiero morir viviendo.

Mi alma está cansada, se ha convertido en cuerpo y no era esto su objetivo. Quiero ya mi última renuncia, la que me haga saber que nada tengo sino vida. Ya no quiero este contrato, ya no quiero la rutina.

Renuncio Sr. , renuncio a no tener una aventura, renuncio a esperar y en esperar pase mi vida. No lo acepto, estoy segura.

domingo, 31 de octubre de 2010

Donde el corazón canta…

Yo me pregunto si el corazón canta, o si por lo menos es regla para todos. Me responden algunas almas que van por ahí gritando, como queriendo que todo el mundo escuche. Me cuestionan otras que no tienen tiempo para cuestionarse. Dudo cuando veo corazones que lloran y que distan mucho de poder cantar. Me respondo cuando me detengo y mi respuesta es siempre una pregunta…

Entonces me interrumpo y vuelve a sonar esa voz en mi cabeza “ahí donde el corazón canta”, pero desconozco el lugar y creo que mi corazón carece de toda armónica tonada. Ahí, donde mi corazón cante… no sé si tendré fuerzas para llegar. Quisiera pensar que ya he llegado, que mi cansancio fue por el camino, pero que pronto habrá acordes que nacerán de muy dentro y no habrá necesidad de luchar por la supervivencia.

Ahí donde mi corazón canta, ahí quisiera ya estar. Ya no puedo motivarme con los que me alientan con su gritar, ya no puedo conformarme con saber que aún no le he visto llorar. Llorar, si por lo menos pudiera hacerlo, tal vez ese lugar estaría ya cerca. Tal vez por eso lloran otros, tal vez pronto encontrarán. Pero yo, sin canto y sin llanto, qué sentido tiene mi andar.

Mi sentido no lo encuentro, por ahora quisiera no tener que despertar. Estoy cansada y aún no visualizo el final. No hay camino y el futuro, el futuro si es que existe tendrá pronto que empezar.

Eso es todo, “ahí donde el corazón canta” y yo que no sé cantar…