Florecí tantas veces, que apenas me doy cuenta que no falta más ni una más. Ha sido suficiente, estoy completa en este marchitar del alma, en este soltar todo aquello. Fue bueno, fue de más, he sido muy afortunada. Muy amada y muy buscada, una niña mimada ¡por eso florecí! sólo por eso.
En este marchito tormento, me doy cuenta por fin, que no voy a renovar mis pétalos. Ya florecí tantas veces, que marchitar es perfecto. Soltar los pétalos que ya cumplieron. Fueron hermosos ¡los más! Fui libre ¡en verdad! Gocé la vida con hermosos pétalos. Luché las batallas de mis propios cuentos. Me supe fuerte y frágil. Arriesgué, sin riesgo. Víví tan plena, que el simple recuerdo, vuelve sentirse por dentro.
Hoy es el tiempo del otoño y el invierno, los más duros, los del futuro incierto. Pero, aquí en medio de mi desierto, con el alma rota y agotada, me he dado cuenta que; este marchitar, no es otra cosa que el mejor momento. El que prepara el alma, el cuerpo y la vida para estar a tiempo. En este frio sin hermosos pétalos, entendí, que no tarda en terminar el invierno.
¿Y qué haré con la próxima primavera? ¿Cómo será ser fruto en crecimiento? Sí, tienes razón, aún falta el tiempo de crecimiento. El más importante, el de amor y cuidados, de sobrevivir a las plagas, de elaborar mi sabia más dulce, la que también será alimento.
Aún con este marchitar desafiante, ya no espero mis pétalos. Florecí tantas veces, tantos frutos se perdieron, que esta vez no tengo prisa ni miedo. Todo está siendo.
TODO está siendo.
ALMGDD


