viernes, 16 de enero de 2026

Florecí tantas veces

Florecí tantas veces, que apenas me doy cuenta que no falta más ni una más. Ha sido suficiente, estoy completa en este marchitar del alma, en este soltar todo aquello. Fue bueno, fue de más, he sido muy afortunada. Muy amada y muy buscada, una niña mimada ¡por eso florecí! sólo por eso. 

En este marchito tormento, me doy cuenta por fin, que no voy a renovar mis pétalos. Ya florecí tantas veces, que marchitar es perfecto. Soltar los pétalos que ya cumplieron. Fueron hermosos ¡los más! Fui libre ¡en verdad! Gocé la vida con hermosos pétalos. Luché las batallas de mis propios cuentos. Me supe fuerte y frágil. Arriesgué,  sin riesgo. Víví tan plena, que el simple recuerdo, vuelve sentirse por dentro.

Hoy es el tiempo del otoño y el invierno, los más duros, los del futuro incierto. Pero, aquí en medio de mi desierto, con el alma rota y agotada, me he dado cuenta que; este marchitar, no es otra cosa que el mejor momento. El que prepara el alma, el cuerpo y la vida para estar a tiempo. En este frio sin hermosos pétalos, entendí, que no tarda en terminar el invierno.

¿Y qué haré con la próxima primavera? ¿Cómo será ser fruto en crecimiento? Sí, tienes razón, aún falta el tiempo de crecimiento. El más importante, el de amor y cuidados, de sobrevivir a las plagas, de elaborar mi sabia más dulce, la que también será alimento. 

Aún con este marchitar desafiante, ya no espero mis pétalos. Florecí tantas veces, tantos frutos se perdieron, que esta vez no tengo prisa ni miedo. Todo está siendo. 

TODO está siendo. 


ALMGDD

miércoles, 23 de abril de 2025

Gracias Francisco

 Jesuita, esos que tienen la osadía de querer imitar a Jesús.

Tu pontificado fue un viacrucis, te querían crucificar. Imitar a Jesús, aún 2025 años después; sigue siendo un acto de reveldía y de valor, más, si se hace desde Roma.
Pero tú, otros locos y yo; sabemos que lo contrario del amor es el miedo. En respuesta a tus detractores, preparaste los detalles de tu funeral (sencillo) y seguiste adelante, como quien sabe que "la muerte" no tiene la última palabra.
Nos libraste de esos pulcros fariseos, elegiste trabajar por el cielo y sacrificar los aplausos. Nunca te faltaron sonrisas.
Por si fuera poco, nos dejas la esperanza, sabias muy bien que la vamos a necesitar.
Confiada en el amor de Dios y en
tu ejemplo de vida, sé que todo estará bien, pero ... reza por mí Francisco, reza por nosotros.
Hoy más que nunca, estás VIVO Francisco.

viernes, 6 de mayo de 2022

Sigo siendo

 Vuelvo y me obligo a escribir, tan solo porque me busco, porque nostalgio al repasar mi años de "tan grandes" conflictos, que fueron tan buenos. 

Vuelvo sin haber vuelto, realmente solo leo un poco de la que fuí, que algo de mí aún guarda y por eso lo busco. Parece que escarbo en fantasmas del pasado, parece que quiero huir un poco del presente sin sentido, de mi extravío y búsqueda de reconstruirme y encontrarme. 

El tiempo te muestra que todo siembra y eso es lo que busco; los frutos de todos mis intentos. 

Lo que es claro es que esto es un comienzo, que no acepto finales derrotados ni fracasos tormentosos. Este es mi comienzo, tan festivo o más, como los de antaño, ahora más mío, porque lo perdí y este re encuentro sabe a gloria, alimenta el alma y el espíritu de seguir viviendo. ¿Por qué tendría yo que aceptar quedarme en un lugar incierto? 

Ser yo, cuando casi me convenzo y acepto el trato de una existencia plana y sin vida. Qué fuerte y qué fuerza debió haberme habitado para decirme no, no te rindas, no te quedes ni perpetues un camino incorrecto. 

Mi yo aún intacto, allá en lo profundo y escondido de algún sótano, viéndome, esperando que vuelva a buscarlo, a desempolvar mi maldita costumbre de estar viva. 

Por eso busco, por eso vuelvo y remuevo todos mis fantasmas en silencio. Hay que buscar todo lo que era y sigo siendo, de ahí depuraremos y construiremos nuevos mundos. 

Voy a leerme tantas veces como haga falta, hasta que no me quede duda que; sigo siendo. 

jueves, 30 de julio de 2015

Mi señora Luna

Ud y yo  tenemos contacto directo, siempre me mueve, me inquieta, me hace voltear al cielo. Hoy es especial, está aquí, entre mi garganta, mi ilusión y la emoción. Aún sin tomar forma, queriéndome decir algo, apuntando el nuevo camino… lunática, siempre lo he sido.

Su fuerza es la mía, soy mujer de ciclos, aunque sé que puede ser redundante; mujer y ciclos, pero yo los vivo, los siento y a veces los escucho, me hace escucharlos.

Algunos creen que mi tiempo es cronológico y me juzgan de ilusa. Mi tiempo siempre se multiplica, se detiene, se repite, se encuentra. Pero a veces sé que es mejor su juicio, el de ellos, si lo comprendieran de cualquier forma me juzgarían, solo que tal vez de bruja, de loca…no sienten, no entienden ¡juicios!

Así es la vida o mí vida. Porque es preciso estar viva para latir con usted, para subir en fuerza, coraje, determinación, violencia, arrebato y todo lo que la vida/amor implica.

Mi señora Luna, hoy usted y yo sabemos cuál es el ciclo. El que termina y comienza, el que me tiene así, dando vueltas y que poco a poco se siente más la fuerza de lo que comienza y suelta.

Escucho “deja ir, despide, bendice y agradece lo que termina”.

Mujer y ciclos…almas gemelas, finales y comienzos, nuevas ilusiones, nuevos miedos, nueva fuerza.

Hoy entramos a esta era, me gusta llamarle era, más allá de los tiempos, de las lógicas materiales y entendiendo así; como grandes cómplices, que hoy iniciamos otro vuelo.

Quiero sonreír, siento esa extraña sensación aún en la garganta, pero ahora distinta, más relajada, con más paz, con amor e ilusión. Ya ha salido, ya voló…estaba fluyendo, saliendo el adiós.

Luna ama, señora guerrera. Sonrío, no lo quiero escribir, apenas viene, hay espacio, se está limpiando, es fresco y cálido. Es vacío también, invita a entrar, a dejar pasar… Señora luna, me había olvidado de usted y sus comienzos.

Que brote la ilusión y la emoción, esa que tan condenada en mi historia ha sido, pese que a pocos se las he dejado ver. Emoción tan mía siempre, tan fuerte, tan frágil, tan necesaria para no romper.

GRACIAS, no la censuraré, es mi Don, mi alma, mi esencia. Que brote la emoción como lluvia, así vibramos las dos. Entre mares violentos que se mueven con nuestra presencia, que disponen su inmensidad a la lucha de amar. 

Violenta lucha que suelta y reclama hasta que vuelve a amanecer.
Madre luna, hermana, fuego y agua, todo resuena en ama… ama.


GRACIAS

miércoles, 22 de julio de 2015

Mi mar violento

Era la fuerza natural frente a mí, conmigo y en mí contra, así, cara a cara, imponiendo su realidad. Lo que es, sin mayores adjetivos, no es maldad sino fuerza; en su esplendor, suelta, sin límites como si quisiera que yo también quitara mis barreras.

No sé qué pasó, pero en el miedo colectivo, yo lo que sentía era su fuerza. La vida, mi vida en medio de esa violencia. No era violenta, yo sabía que no me haría daño, que solo se mostraba como era, como si quisiera despertar mi –fuer- za.

Noté mi adrenalina, mi seguridad, mi felicidad y por supuesto mi naturaleza. Dos fuerzas así, después de días de no estar, de mi ausencia…fue como si me despertara, como si me invitara a resurgir, así, entre esa “violenta” guerra de ser, de no callar las diferencias.


No lo entendí, lo viví, amé el momento y no entendí qué era, pero mi cabeza sintió el choque eléctrico que me recorría, que me inyectaba la vida. Quizás por eso no tenía miedo, quizás sabía que la calma solo llega estando muerta.

Fue como volver al mundo, darme cuenta que aún había vida, había fuerza, tenía que mostrarme así, con mi “violencia” que no es más que estar ahí, ser auténtica sin miedo al miedo, sin elegir el mundo seguro de playas hermosas pero “muertas”.


La vida está en el mar abierto, en el violento choque de dos naturalezas…pero no lo entendí. La violencia subió solo para intentar despertar la que era,  mostré mi sal y mis mares en lágrimas, en debilidad aprendida, reprimiendo mi real naturaleza ¿y mi fuerza?

Por algo desde el primer encuentro nos reconocimos, no tenía miedo, era feliz de saberme ahí, tan viva, tan violenta, tan natural y al llegar a puerto otra vez… la calma, la artificial manera de andar, de aceptar ser quien no era, insistí en la calma cuando lo que amábamos era la fuerza.


Me equivoqué, me enredé en los guiones, temí monstruos de cuentos y olvidé que siempre he amado esa violencia. Violencia de vida, que arrebata, que empuja, que despierta pero no lastima, salvo cuando insistimos en no despertar, no estar y no ver cara a cara nuestra naturaleza.

Me equivoqué y desperté en medio de ese mar abierto, desperté pero no me di cuenta. Si tan solo en ese momento hubiera entendido, si al bajar de esa lancha no hubiera dejado la vida… la historia sería distinta, sería tan fuerte, tan natural, tan irreal, tan violentamente nuestra.


Pero…me equivoqué.

La violencia y su fuerza están conmigo, aún en guerra. Aún parece que sus olas siguen muy altas y golpean el alma como si fueran a reventar por dentro.

Un mar violento, con su fuerza natural, de colores definidos, que aún en medio de su lucha, parecía abrazarme, como si toda su guerra fuera por no tocarme, por no enfrentar mi delicada fuerza… No me di cuenta, Mi mar violento.






viernes, 17 de abril de 2015

Mueres de miedo y de miedo… me mueres

Mueres de miedo y de miedo me mueres, de a poco, de a mucho, de vaya a saber ud cuánto se pueda. Con la impotencia de ver la vida perderse, con el corazón en una mano y las alas en la otra.

Esta amorosa impotencia de ver sufrir y tener que ser testigo, meramente observante de la sangre derramada, de vidas aparentemente desperdiciadas. Aparentemente, porque al final la vida salva y todo lo perdido se gana, pero ¿cuánto más faltará? ¿De cuánto dolor he de ser testigo y protagonista antes que poner a descansar esta alma?


¿Las alas?  Si, las alas son suyas, hay que entregarlas ¿el corazón? Es el valiente, el doliente, pero ese se queda, ese espera y observa cuando se vaya. Así es esto, así toca en la vida, cuando se ama.

No hay armaduras pesadas, esa ninguno de los dos las carga, hay miedo, hay amor, hay dolor y no olvides llevar las alas.  

viernes, 13 de marzo de 2015

Sintomáticos

Así que eso es lo que pasa… entonces no queda más que aceptar la nueva presencia tal vez, o quién sabe, a veces es mejor así.

Siempre podremos oponernos a darnos cuenta de la realidad, pero si somos valientes y lo aceptamos, tal vez el resultado sea mejor o más fácil, o menos complicado por lo menos.

Siempre hay síntomas, los queramos ver o no. Pero cuando estos son constantes o demasiado notables, no queda más que dejar de huir y reconocer lo que está pasando.

Huir… lo escribo porque siempre será una posibilidad, más segura y por lo tanto demandará menos. Porque quedarte implica aceptar lo incierto, la vulnerabilidad de ir a conocer lo que apenas se asoma y por lo tanto, viene cargado de miedo.

Retomando, cuando el sintomático dice TE QUIERO, Sin tiempo para más, habiendo reunido los elementos que consideró necesarios; te pienso, más de lo normal, sin que pueda saber realmente cuánto es lo normal permitido para pensar a alguien en estos días de prisa, pero más de lo normal y quiero verte...


Entonces,como ecuación exacta, no hay duda, el diagnóstico aparece ¡TE QUIERO!

¿Crees en las segundas oportunidades?

Las  segundas oportunidades no son para todos. Hay que buscarlas, a veces antes que desearlas. Sólo buscarlas y luego… luego ya no hay marcha atrás. Tiene que ser, porque si esta vez te llenas de miedo, no habrá vida que disculpe tu indecisión.

Ve, está ahí, lo pusiste frente a ti aún sin saber lo que hacías. Si hubieras sabido tal vez no lo buscas, pero a veces son las almas y la vida las que conspiran y rescatan del pasado lo que tu razón dejó partir.

Tiene toda la magia de lo improbable y a veces hasta de lo imposible, pero está ahí, tan dificultosamente a la mano, que te da miedo dar el último salto.

Quieres dejar de verlo, cierras los ojos, das la vuelta, tapas tus oídos… no escucho, no veo ¡me distraigo! Pero aunque luches, nunca podrás ocultarte esa otra parte de ti.  


O, tal vez sólo hay primeras oportunidades, que simplemente nunca dejaron de ser.