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viernes, 17 de abril de 2015

Mueres de miedo y de miedo… me mueres

Mueres de miedo y de miedo me mueres, de a poco, de a mucho, de vaya a saber ud cuánto se pueda. Con la impotencia de ver la vida perderse, con el corazón en una mano y las alas en la otra.

Esta amorosa impotencia de ver sufrir y tener que ser testigo, meramente observante de la sangre derramada, de vidas aparentemente desperdiciadas. Aparentemente, porque al final la vida salva y todo lo perdido se gana, pero ¿cuánto más faltará? ¿De cuánto dolor he de ser testigo y protagonista antes que poner a descansar esta alma?


¿Las alas?  Si, las alas son suyas, hay que entregarlas ¿el corazón? Es el valiente, el doliente, pero ese se queda, ese espera y observa cuando se vaya. Así es esto, así toca en la vida, cuando se ama.

No hay armaduras pesadas, esa ninguno de los dos las carga, hay miedo, hay amor, hay dolor y no olvides llevar las alas.  

sábado, 21 de febrero de 2015

Y que la mejor comedia… sea la tuya

Alguna vez leí que el concepto de amor es base para la experiencia de amor de cada persona. Vaya ud. a saber si esto es cierto o simple argumento literario, pero si a mí experiencia preguntan, les diría que tal vez tengan razón. Bajo los mismos argumentos, experienciales,  me atrevo a hablar de amores a primera vista y de historias destinadas o todas esas cosas que solemos ver en las comedias románticas.

1er. Acontecimiento – Razón y corazón en el combate.

Si, ya le cuento. Mi necio corazón luchaba por convencerse que no era cierto todo eso que veía en el cine, esos amores de historias felices, al final solo alimentaban mi alma, pero estábamos muy ciertas, mi razón y corazón femeninos, que el amor era otra cosa. Toca decirlo o este mundo te condena.

Claro, argumentos racionales, pero que a nadie engañan, no por mucho tiempo por lo menos.

Si mi corazón disfrutaba esas historias era porque en el fondo esa trama buscaba. La deseaba aunque en voz baja, casi inaudible para que la lógica no interviniera con regaños intentando adoctrinar el genuino conocimiento de esos amores profundos. Tan profundos que merecen ser contados en el cine y en las plazas de los pueblos, desde norte hasta el sur y por cualquier continente, si, aún a miles de kilómetros...el amor sucede.

Digo sucede porque también eso he abonada a mi concepto de amor, cada vez me sorprendo a mí misma desafiando mis más fuertes argumentos de un amor estructurado y dentro de la razón.

En vano nos desgastamos escribiendo la teoría de lo indecible, de lo que simplemente su-ce-de, aún que no nos demos cuenta. Hasta me atrevo a decir que es casi ley que para que suceda, es preciso no darse cuenta, solo así no estorbamos al motor del mundo, solo así dejamos que el universo conspire y los momentos precisos, aparezcan.  

Momentos… es por momentos que alma, corazón y vida, convergen. Es ahí cuando entonces no hay forma de ir en contra del destino. 

Pero si ya se ha hecho todo para estar, aún sin darnos cuenta, sería imperdonable salir huyendo.

2do. acontecimiento - Cuando las cosas…suceden.

Nadie huyó, aún aquella vez en que mi razón/corazón preguntaban quién eras, qué pasaba o qué era aquello. Si, así era mi pregunta ¿qué es esto? no tenía nombre, no estaba en ninguna de mis planeaciones previas, era distinto, arrebataba el momento, se imponía a cualquier dominio de razón. 

Solo era y punto. El universo me parecía mostrar lo que tanto deseaba y temía, temía porque, como decía Agustín de Hipona, vive el alma evitando aquellas cosas por cuya apetencia muere. 

De cualquier manera, aun no era el momento, no podía recibir lo que no sabía qué era, no era incluso aun lo que esperábamos y quizás por eso, solo una luz se mostró, como anunciando el futuro. 

Esa rendija por donde la vida se muestra en un parpadeo, pero que difícilmente identificamos y solo se descubre si volvemos al punto de convergencia.

Si tus años de lucha se orientan y alinean con tu otra parte, si es así, ese pequeño destello encandilante, llegará al nuevo momento y lugar en el que mostrará su estrella, la que guardaba en misterio, la que había que conquistar, pero que siempre fue SU estrella.

3er. Acontecimiento - La conquista

La conquista es atreverse a cruzar la luz resplandeciente, dejar que queme o envíe a un mejor lugar. Sin riesgos no hay triunfo que valga. 

Lo corrimos, o por lo menos yo corrí a la luz sin saber qué iba a encontrar, solo sabía que lo vi antes, que nuevamente me encontraba en la antesala de aquello que me marcó y esta vez no iba a quedarme lejos, esperando, dejando que la vida pasara.

Esta vez sabía que había vuelto y eso ya no regresa" no en esta vida. 

Era ahora o nunca y corrí, corrí segura de cruzar el túnel, de llegar al fondo sin importar qué fuera… caminaste entre la bruma, dudando, con recelo. Claro, no todos tenemos alma suicida. Pero caminaste, eso hizo la diferencia.

Esta vez llegamos, cruzamos la línea y no nos vimos de lejos, tocamos la luz, como quien salta y no teme ya al vacío, solo espera llegar al fondo y conocer el misterio.

4to. Acontecimiento - El misterio…


El misterio es la vida, pero en mis historias, los finales son felices, con algunas dificultades, pero solo para no dejar caer la película. 

Lo importante al final de cuentas, es que la mejor comedia, sea la tuya.

domingo, 21 de septiembre de 2014

De berrinches y malos tratos…


No apruebo ni justifico berrinches, mucho menos malos tratos, salvo cuando sé que detrás de esa persona iracunda hay un corazón roto. Entonces no puedo culparle de nada.

La muerte en vida es esa y nada más difícil que tener que seguir viviendo.  Trabajar, salir a la escuela o del cuarto y tener que decir “buenos días”. Todo, todo es una azaña, un impositivo mandato a nuestro cuerpo de "aparentar vida" aunque esté muriendo.

Toda tu energía está voluntariamente entregada a un ser que ya no existe, no contigo, no para ti. El fluir energético no tiene manera de volver, sólo fluye a una vía, viaja sin regreso y no hay forma de confirmar si alimenta a alguien. A ti no y a la otra persona, ya no tienes forma de conocer si le sirve de algo o si le interesa recibirlo. Es tal vez energía que se fuga del universo.

La muerte más sentida, más presente del dolor y tan ausente de mi vida ha sido esa. Somos amor, amor que sale y vuelve multiplicado, pero si este sale y no vuelve…te quedas vacía. No estás, te ausentas y sin tu presencia no puedes ser persona. 

Hay una guerra interna, el caos, el conflicto, todo ese dolor que no encuentra un amor que lo resista; se vuelve coraje, rencor, enojo, violencia, violencia que se vuelve contra ti y contra otros. Contra todos, todos menos esa persona a la que irremediablemente amas y aunque quisieras odiarle, no puedes, aún no puedes.

Tu sabiduría organísmica no quiere y no permite odiarle, por el momento no y está bien, no te obligues a sonreír ni ser amable, no seas violent@ contigo, bastante sufres y pleiteas internamente. Si los demás hemos muerto alguna vez, podremos comprenderte, verte con ternura y abrazar tu corazón herido.  Los que no comprenden es porque no lo han vivido y no sé si lamentarme más por ellos que por ti. Nada más afortunado en la vida que saber que hemos amado, aun cuando no sea ya correspondido.

Llora, enójate, deja que esa furia salga, que no se quede en ti, aunque parezca ahora imposible, va a pasar. Terminará y el amor volverá a encontrar lugar adentro. Después podrás verle ya sin sufrir y sin darle tu energía. Las cosas siempre vuelven a quien le corresponden, el amor busca quién lo alimente y donde no hay vía de regreso, tarde que temprano deja de drenarse. Al universo no le gusta que se fugue su energía.

Sólo quería decir que a ese corazón sufriente, lo acompaño a distancia, dejándolo que se vuelva ogro, no me acerco porque no busco el conflicto, pero tampoco lo condeno, lo dejo estar, espero que pronto vuelva a sonreír, o no tan pronto, eso no importa, cada quien tiene su tiempo.

Lo sé, en teoría y en experiencia, pero hoy lo leí y quise compartirlo, creo que esos corazones que andan por ahí luchando contra el mundo, necesitan ser abrazados por lo menos desde lejos. Dando tiempo, comprendiendo y no aceptando el pleito, ese no es nuestro, es un grito de dolor que si lo has vivido, podrás reconocerle.

No eres mala criatura, aunque quieras serlo, estás pleitando contra ti como diría el gran Shakespeare. Yo te acompaño, aunque aparentes que quieres que todos se vayan. Yo me quedo, te comprendo.
¿Quieres la respuesta teórica de hoy?

2. Un clavo saca otro clavo (refranes con explicación científica)

Nada requiere más energía del organismo que una pena de amor. El despecho es emocional y físicamente doloroso; sin embargo, en la medida en que se movilicen neurotransmisores y hormonas que venzan o se sobrepongan a las que actúan con efecto depresivo, la ‘tusa’ va cediendo. Durante este proceso, el organismo busca equilibrar el disbalance por la caída de serotonina, las endorfinas y la dopamina, frente al aumento del cortisol y las hormonas del estrés. Este disbalance mejora a partir de las buenas relaciones, de los momentos alegres y de las buenas conversaciones y puede dispararse ante la presencia de otras personas que generen estímulos gratos, similares al del enamoramiento. La idealización del otro cae.

viernes, 10 de enero de 2014

Amable

Lo escuché como caricia, dio calor a mi alma. 
¡Eres amable!

Dejar de protestar…
…dejar de luchar
bajar la guardia...
… poder amar.

Amable del verbo “eres fácil de amar”.

Cambió mi lucha. No es servilismo que infunde el machismo, es la genuina conducta,  es ser y darte a los demás. Una decisión que despierta en el otro el deseo de ti, que no persigues, que hasta lo ignoras, pero está en ti.


Sólo se trata de eso, hay que SER…fácil de amar. 

jueves, 25 de abril de 2013

¡No la chingues Pedro!

Y Pedro se puso triste… (Jn21:15-19). Yo no sé si fue su tristeza o la mía, pero me puso triste, preocupada,  reflexiva.. como queriendo retroceder el tiempo y poder hacer algo para no provocar su tristeza.

¿Pedro me amas? ¿Pedro me quieres? ¿Pedro entonces si me quieres?tres veces lo negaría, por eso tres veces quiso escuchar que si lo amaba. Pedro no sabía, pero él se adelantaba a la respuesta que llegaría.

Tal vez es que se sabe cuando se va a ser negado y por eso entonces que insistía. Cuando la respuesta es clara, entonces preguntamos como buscando otra respuesta, queriendo cambiar el futuro o negar el presente. 

Sea como sea el resultado es el mismo: "Tu te entristeces por la duda y la insistencia, yo continuo en mi pregunta porque no basta un si te quiero o un ya te dije".

Me había puesto triste  pensando en tu tristeza, me había culpado de la tristeza provocada por la insistencia y pensé “claro, que triste es que sintiendo tanto el otro no sea capaz de darse cuenta y necesite escucharlo” “claro, fue mi error, yo debía saberlo y escuchar más allá de las palabras” “claro, pobre Pedro víctima de un Jesús incapaz de percibir el amor de su amigo".

¡Claro! Todo parecía tan claro que hasta me incomodé por una comunidad atendiendo al Jesús insistente y olvidando la tristeza de Pedro… estaba a punto de escribir en su defensa, pero mis palabras se escribieron distintas al escuchar lo que mi cuerpo comenzó a sentir.

¿Quién ama más? ¿El que desespera ante la insistencia de la pregunta o el que aún sabiendo la respuesta, porque la vive y está percibiendo más allá de las palabras, aún sabiendo del  poco amor y de la negación que hay en cada acción y en cada “muestra” de afecto, sigue insistiendo deseando que el amor sea correspondido?

Es como si el deseo de amarle fuera más fuerte que la respuesta ya conocida. Era una insistencia sin dolor, pero con  un deseo profundo de escuchar esas palabras de su boca, sólo eso, un amor que sabiéndose no equilibrado, no cesa y permite que la experiencia dure lo que pueda durar. Un amor que acepta la finitud si es precisa y permite el error y arrepentimiento si este ayuda.

Entonces me pone triste tu tristeza, tu falta de coraje para vivir la realidad sin disfraces o cómodas respuestas evasoras.Tu incapacidad para mostrarlo y tu tristeza por nombrarlo.Es verdad, tal vez tampoco es ya tristeza la mía, ya no.

No estoy triste por Pedro, no acepto el descaro de su tristeza, su no querer estar realmente involucrado. Estoy más bien enojada con Pedro porque su amor no es tan grande como el de su amigo,  aún habiéndole dado las llaves, si se pudiera se las quitaba o mejor aún, nunca se las hubiera dado.

Y si siete veces le hubiera preguntado, lo menos que podría haber hecho era contestar las 7 de buen modo y procurar que cada vez la duda fuera menor por sus acciones, no que todavía se entristece. 

Ojalá su tristeza haya sido por reconocerse poca cosa, inmerecedor de tanto amor, pero aún en ese caso ¡qué cómoda postura! en lugar de hacer algo para cambiar la situación.


La tristeza me dice por lo menos un poco más, si este hubiera sido desgana o enojo, ahí si mejor luego platicamos… siempre hay casos peores. 

Sea como sea ¡No la chingues Pedro! 
Por poco y te la compro.

viernes, 13 de abril de 2012

Él...

Él, el de los paladares exquisitos, el que no debe tomarse ni a prisa porque quema, ni lento porque se enfría… Él, de difícil venta y sofisticado saborear… Él, que alimentó mis versos y fortaleció mis tardes… Él, único pero más cruel vicio…Él, que poco a poco se apodera de mi y controla o detona mis ansiedades… Él, que se mezcla entre mi llanto o arranca carcajadas…Él, que me da templanza en invierno o primavera.

Él, de altura de montaña y una fuerza como mares… Él, que se ha vuelto parte de mis días y pago el precio de tenerle; porque perderle es error y creo es imposible…

Él, que se parece en algo a ti, pero que nunca te iguala ni sustituye… Él y yo, en espera de emprender nuevas noches de sobrevivencia y preguntas… Él, que me destruye de apoco, pero TÚ lo superas en todo, en t o d o.

Él, aunque… desearía hablar de ti.

lunes, 3 de mayo de 2010

¿Dónde habita el miedo?

Lo más difícil de ser feliz, es no poder formular la receta...

De repente deseas compartir todo lo que al fin llega a tu vida, evitar que tus más cercanos tengan que pasar por las mismas crisis y caminos rugosos que cruzaste para llegar, pero al cuestionarte ¿cuál fue el secreto? ¿Dónde está el antídoto? Te das cuenta que no lo hay. Que se fue formando en cada crisis, en cada lágrima, en toda esa incertidumbre pasada. También entiendes que a la felicidad se llega aceptando todo, dejando de luchar por evitarlo y simplemente RESIGNARNOS A ELLO.

Resignación que no debe ser entendida como “pasiva aceptación del sufrimiento” sino como RE-Significar cada momento de nuestras vidas. DAr sentido a nuestros pasos, abrir nuestro interior y escuchar el mensaje en cada situación, saber por o para qué tenía que suceder. Dejar de bloquear la vida, no gastar nuestras fuerzas en intentar huir de la realidad y simplemente, detenernos. Descansar y asumir el riesgo de ser responsables de nuestras vidas.

Asumir riesgos, no hay otra forma. Enfrentar la posibilidad del dolor a cambio de ir conquistando nuestra felicidad. Disfrutando lo que es, que es mil veces mejor que lo que deseamos y no sabes ni siquiera si será real. ESTANDO, sólo estar, tal vez eso sea lo más difícil de la vida. Permanecer conscientes y olvidarnos del mundo cómodo de nuestra irrealidad.

Gustar de cada cosa aunque en apariencia resulte temeroso. Dejarnos disfrutar de lo que la vida nos pone en frente y no encapsularnos en un pasado que es seguro, pero ya no existe. Sabernos merecedores de este presente pleno y aún más, sabernos merecedores de ser mejores mañana. Si el sentido de nuestra vida son los recuerdos; podemos estar seguros que hemos muerto. Nada del pasado existe, ni el bien ni el mal, todo se ha transformado para ser distinto hoy.

¿Por qué tenemos miedo de merecer la felicidad, de ser aceptados por lo que somos o de rechazar lo que no somos? ¿Por qué en un mundo donde la riqueza es la diversidad, cada vez tenemos más miedo de reconocernos diferentes y por lo tanto importantes y necesarios para la vida? ¿Por qué jugamos a enajenarnos y creer que nada pasará?

Nuestra cotidianidad nos muestra el error en un mundo que se desbarata, que no logra encontrar su equilibrio porque lo estamos haciendo trabajar con la misma sustancia, cuando requiere de la combinación de todas para alcanzar el balance. ¿Por qué estamos dejando al d.t. sin jugadores, por qué formar “equipos” de uno?

Si nuestra naturaleza es complementaria, cómo pretendemos alcanzar la plenitud de forma individual, por qué esta idea tan absurda ha logrado enraizarse en nuestras mentes y dictar el camino de nuestra soledad, perdón, quise decir “sociedad”. Por qué no nos limitamos a ser quienes nos corresponde ser y permitimos que el resto haga lo suyo. Tal vez ahí encontraremos la riqueza de los otros, que no amenazan mi singularidad y por lo tanto; no necesito destruirlos.

Un mundo de iguales difícilmente dejará de padecer este MIEDO QUE PARALIZA. Si dentro de nuestras condiciones naturales está la trascendencia, cómo me dejaré de sentir amenazado si no he logrado detectar lo imprescindible de mi ser.

A este mundo le faltas tú, tú que intentas anonadarte y esperar que todo marche igual. El todo no puede estar completo sin una de sus partes.

Estamos muriendo de miedo de ser invisibles, luchamos por demostrar que existimos, necesitamos acumular materia porque hemos dejado atrás el espíritu, que nos hacía distintos e irrepetibles.

Tenemos miedo de morir pero al parecer estamos eligiendo no vivir, una respuesta ilógica que no sé quién introdujo a la mente humana; aparentemente sabia, nadie muere sin estar vivo, pero entonces no existimos.

¡La felicidad es la certeza de estar vivos! Eso es lo que estamos buscando tal vez, por eso este mundo se destruye. Necesita sentir la muerte para corroborar que existe, para no quedar en la nada de este vacío que hemos aceptado, de este sin sentido. Pero podrá terminar el mundo y la muerte no encontrará vida.

Prefiero la resurrección que enfrenta a la muerte y pasa de ella. No importa si muero a cada día o llorar y padecer la incertidumbre. He de aceptar la muerte con tal de estar muy viva y estarlo tanto que exista AMANDO. Morir a cada segundo, pero alcanzar el amor que al final me salva de todas mis muertes.



A-Mor, sin muerte -Ese es el secreto-

miércoles, 28 de abril de 2010

Para compensarte…

No te conozco, imaginé sobre ti…tanta ilusión me hizo creer que te encontraba. Y hoy, aún sin conocerte, siento la nostalgia de saber que no eras, que no nos hemos visto, que sigo imaginando tanto de tí, que cada vez eres más grande y lejano y… no sé cómo encontrarte, en dónde te busco o si no se trata de buscarte, pero entonces ¿cómo hallarte?

Me siento tan en deuda, sabiendo que di tan poco y creí que eso era darse; por los que no luché, por los que nunca amé. Era una vana caricatura de satisfacer mis necesidades, de sentirme protegida, de admirar a alguien, pero no eras tú. Jamás me preocupé por aportarles, por sembrar un poco y no utilizarles. ¿Qué hice con el amor reprimido? ¿Dónde está? ¿Por qué no existió? ¿Quiénes son ellos?

¿Por qué no he sabido encontrarte? ¿Por qué mi indiferencia o mi posesiva razón? ¿Por qué mi ilógica historia de amor? ¿Por qué la vida sucedía aún sin color? ¿Por qué la perfección? ¿Por qué confundí todo y en ti nunca me fundí? ¿Por qué y por qué?

No lo entiendo ¿en dónde estoy? sí, yo, esa otra parte de mí que me hace falta. Esa otra parte que está completa, como lo está esta primera, pero que inexplicablemente es incompleta, no es el todo, no está plena. Esa otra parte que se comparte sin debilitarse. Esa otra parte que crece cuando se divide y nace sin escaparates.

Esa otra parte que creí encontrarle y no había ni de qué hablarle, que no crecía, que era desgastarle y que ¡no dolía verle terminarse!.

La otra parte, que creí encontrarle. No era nada, sólo quería amarle, pero no podía, no tenía qué darle. No éramos dos, ni éramos uno; éramos un espacio que quería llenarse. Y es que a la ausencia no hay quien pueda sumarle, no estaba presente, tenía que encontrarme… me duele haber restado a tu vida y no darte, esta que ahora soy, pero no es de nadie.

Te pido perdón, no quería dañarte. Quisiera decirte que nunca es tan tarde, que confíes en tí, que vas a encontrarle. No era yo la chica que habría de sumarte. Pero en el amor, no importa si es tarde, el alma se crece y comienza a agregarle, horas a los días y en vez de espantarte; tendrás el deseo de más para darle, sentirás sublime tu cuerpo que late y sabrás entonces que no supe darte, lo que tu buscabas, porque no era nadie.

Nadie que aportara, nadie para amarte. Era sólo esa; la niña cobarde...que pensó encontrarte.

Más bastaba entonces con querer culparte; porque no la amabas, por querer marcharte, porque el corazón quería arrancarse, por miedo tal vez de saber que nadie, ni antes ni ahora, podrían amarle.

Luego comprendí, lo que no explicaste; no existía mujer a quien poder amarle. Era yo una niña, la niña cobarde, que unos días soñó que el corazón late, con una caricia o tal vez besarle. Pero nunca supo todo lo que es darse, dar la vida misma por aquel que vale. Darse por completo sin poder restarle, ninguna alegría hasta al más cobarde…

Este era el amor, tardé en encontrarle, pero hoy que existe ¿cómo limitarle? a una persona, sería muy cobarde. Se ama a todo en uno, porque el mundo vale, en ti lo encontré, más falta encontrarte.

El amor ya es uno y hoy quiero darte, este amor que tengo, que siento y que arde. Ya no acepta más la niña cobarde, de ilusiones rosas o llantos de tarde. No quiere poemas, ni flores como antes, es feliz sabiendo que ha de encontrarte, que no puedes irte, que no ha de buscarte, porque tu ya existes, sólo ha de esperarte.

Encontrarte en todo y luego… mirarte, saber que tú eres y que nunca es tarde, que amo la vida, la vida que late, la vida que es tuya, que no puedo darte, pero que con gusto he de acompañarte.

Contarte la historia de mi amor de tarde, que nubló mi vista cuando creí ayarle. Pero cuando ahora recuerdo esa tarde, sé eran más mis ganas, mis ganas de hallarte. Nunca estuve plena, ¿qué podría yo darle? era la esperanza de poder llenarme, ese no era amor, ese no era nadie, aunque me atormente decirme “no amaste”, era sólo un sueño, bastó despertarme.

Y de mi pasado quisiera contarte, cada palabrita que esperé a contarte. Darte cada beso que no pude darte, esperar que rías, rías para amarte. Y jamás decirnos reclamos cobardes, que al final la vida ha de compensarte, todo amor que antes, nunca supe darte.

Te amo como nunca, te amo como nadie, amo a todo el mundo porque nunca es tarde. Y ahora pretendo, contar o contarte, que no importa nada, cuando aquella tarde, pediste ser novios y soñé en casarme. Torpe niña linda que quería brindarte, una vida plena, sin saber besarte. Que perdió su vida, que vio desgarrarse, su sueño de niña, su amor disfrazarse, de aquella ilusión de un día casarse, con el guapo aquel que iba a rescatarle, en grande corcel con trajes y pajes.

Pobre niña linda, no quería asustarse, pero no sabía cómo comportarse. Si el amor se acaba ¿dónde ha de comprarse? Era muy poquito, temía se acabase y lo vio extinguirse sin ella explicarse, dónde estaba todo ¿por qué ha de acabarse? si estaba guardado bajo muchas llaves.

Era sólo tuyo, tuyo y tan de nadie. Por qué nadie dijo, que tenía que darse, que de lo contrario éste iba a acabarse, que era necesario arriesgar, quebrarse; para convertirse en amor durable, de dolor y lucha, de risas y bailes o en corazón roto para restaurarle, para que mi amor pudiera curarte, todas tu heridas, en lugar de darte, grandes comentarios que a más de cansarte, opacaron todo, no supe escucharte.

Me oculté ante tí ¡fui yo tan cobarde! Faltó confesar, ese amor tan tuyo que deseaba darse, que esperaba ansioso de mí liberarse.

No es culpa de nadie, nadie puede hallarle, se perdió en el viento, aún puedo escucharle. Pero busca ahora, corazón no tardes, esa parte linda donde pueda estarse, donde no le falta nada para darse, ni amor ni el temor, aunque superable, porque estoy segura, hoy mejor que nadie, que vencerá el miedo, que sabrá entregarse. Que no acepta ya, rupturas cobardes. Que no puede más éste ocultarse, que está pleno y lleno, que ya puede darse.

Perdone usted _si de usted he de hablarle_ No era mi intensión, yo creía amarle. Tengo aún dolor, por no convidarle, un poco de vida o una linda tarde, pero el corazón, era aún cobarde, esa torpe niña, no quería dañarle. Sólo que no supo cómo demostrarle, que no estaba solo, que podía confiarle; su corazón roto o su herida grande,que quería sanar antes que besarle, pero la ilusión aprendió muy tarde, con mucho dolor, ese siempre sale, pero al fin de cuentas, se enteró muy tarde, que para el amor, había que esforzarse, compartir la vida, no solo gozarle.

Abrazar sus miedos y no cuestionarle. Asumir los propios, no querer retarles… pero en el amor, casi siempre tarde, entiende la vida, que el dolor es parte, del camino dulce donde ha de encontrase, tu dolor o el mío, _de tu he vuelto a hablarle_ los sueños de antes, pero a todo esto, sólo hay que sumarle, el momento justo y empezar a amarle.

Que de TU o Usted, tenía que contarle, todo lo antes dicho y que nadie calle.

Amo lo que eres, amo aunque no hay nadie, amo lo que escribo, porque lo inspiraste. Amo que el dolor sea el más cobarde, que se va corriendo al verte besarme. Que mi amor es tuyo, tuyo y no de nadie. Que tu amor es mío y quiero compensarte. Que ya tengo todo para poder darte, mi vida o la tuya, no puedo engañarte, todo lo que tengo ya fue tuyo antes.

Somos uno mismo, basta de llorarle, a un pasado triste ¡Triste si acabase!, pero hoy comienza, vuelve a renovarse. Mira si Dios mismo tendría que ocuparse, de trazar caminos para reencontrarte, para que pudiera, ahora poder darte, un amor más pleno, el que no es cobarde.

Te amo como nunca y voy a encontrarte.

lunes, 22 de febrero de 2010

Este AMOR

...encontrar amor en ti sin estar ya enamorada.

Este amor que hubo de conocer todo sentimiento. El que sin duda te incluye, pero ya no te precisa. El que supera toda razón y encuentra admiración en tu SER más no requiere tu persona.

Este amor que no me resta ni te aporta. Este amor que encuentro en ti y no contigo. Este amor que me diste, sin haber estado. Este amor del cual huiste para encontrarlo.

Este amor que no eres tú, pero es tan tuyo.
-Este amor que al fin es mío-

miércoles, 20 de enero de 2010

HIPOCONDRIA

No es un virus, pero puede contagiarse.

Después de enfrentar la Cardioesclerosis, hubo que conocer la hipocondría. Suele suceder que esta aparezca tras alguna fuerte enfermedad, dicen los facultativos.

Parece ser que el sorprenderte enfermo por largo tiempo te alerta para no caer de nuevo y todo resulta amenazante.

_Pues bien, estoy lista doctor. No se preocupe en decir lo que sea, finalmente ya lo hemos enfrentado en otras ocasiones _ Le dije muy segura al mirar cierto misterio en su rostro.

_HIPOCONDRÍA _Dijo mientras giraba la pluma que tenía en su mano _Sentir como propio el dolor ajeno, hacer tuyos los padecimientos externos… _Completó cuando vio mi cara de sorpresa y desconocimiento ante su nuevo diagnóstico.

_Esta enfermedad es significativa porque afecta la vida laboral, social u otras áreas importantes de la vida del enfermo. _Continuó en su explicación.

_De ahí que se diera tu cambio de hábitos, tu fragilidad inusual y claro, la búsqueda y deseo constante por sanar. De pronto pareciera que dejas de ser tú, en parte hay razón, pero también es cierto que sólo experimentas otras áreas de tu cuerpo y psique, que habían permanecido dormidas mientras no experimentabas el dolor o simplemente, aún no se desarrollaban.

No debes preocuparte, me atrevería a decir que es ANORMAL no padecerla después de lo vivido.

Sentirás el dolor ajeno, tendrás una vocecita que te instará a sanarlos. Tus viejos hábitos que solían mantenerte alegre, puede ser que en estas circunstancias te molesten o simplemente ya no los necesites y priorices nuevas experiencias.

Puesto que es un padecimiento que afecta a todos los aspectos de la persona; surgirá la necesitad de un conocimiento mayor, nada más sano que conocer nuestro cuerpo y sus reacciones, no hay nada que temer.

A menudo me encuentro con pacientes que presentan culpabilidad al enterarse de afecciones que fueron causadas por su mismo desconocimiento; impotentes de no haber actuado antes, deseosos de demandar al sector salud por no informar a sus agremiados a tiempo… _Lo dijo ya en un tono burlesco. 

 _Es entonces cuando los hago voltear a las paredes del hospital, seguir los medios de comunicación y escuchar con detenimiento las mismas pláticas cotidianas, suelen bajar la cabeza y reconocerse ausentes de su realidad todo el tiempo pasado.

Antes y ahora el mundo es el mismo, pero este es tu momento para que comiences a disfrutarlo _Me miró muy sereno y sonriente.

_Yo escuchaba atenta y dejaba terminar al doctor.

_Es tan normal esto que ahora presentas, que mira, tengo todo mi discurso armado, lo digo con bastante frecuencia, aunque no tanto como yo desearía, aun es importante el número de pacientes con enfermedades crónicas, como tú te encontrabas, menor que los que ya les han superado.

Siéntete afortunada, formas parte del “aun” selecto grupo de supervivientes, el temor de recaer o presentar otros males es bastante normal ¿no crees? _ Me miró fijamente como esperando conocer mis pensamientos, no pude argumentar nada, asentí con la cabeza y permití continuara su discurso. Sonrió con cierto aire de ternura y me dijo:

_ ¡No hay cura! esa es la buena noticia _ Lo dijo tan feliz y emocionado que me costaba entender a qué se refería, seguía atónita.

_Este es tu nuevo modo de vida, si así tú lo permites y no optas por volver a tu antigua enfermedad.

ESTAS VIVA Y TU CORAZÓN ESTÁ LATIENDO, aunque claro, como hemos escuchado de los grandes pensadores y nos lo han repetido todo el tiempo a través del cine  “el corazón y la razón” siempre deben estar en contradicción,  cuando estos se ordenan y cesa su lucha, creemos estar muriendo.

El dolor ajeno será tan tuyo que no te bastará vivir como antes,  demandaras una cura y existirá un impulso en ti que altera tu sistema nervioso y no te dejará estar en aquella antigua pasividad. De repente padecerás todos los males del mundo y ninguno de mis pacientes, hasta ahora, ha aceptado dejar que el mal siga avanzando sin intentar por lo menos detenerle.

Será cansado, te espera una vida de constante lucha. ¿Sabes cuántas enfermedades encontrarás allá fuera? ¿Imaginas lo que será enfrentarte a las incurables? Que en este punto de muchas se habla, pero créeme que en la mayoría; es la falta de coraje para enfrentarles, lo que las hace entrar en esta categoría.

Yo prefiero categorizarlas en las simples, que por lo general están asociadas a lo físico y que basta un oportuno diagnóstico para sanarlas y las complicadas, que…_ sonrío y movió la cabeza como asumiendo algo que prefirió no compartirlo_ Que sólo toman un poco más de tiempo.

No temas al cansancio, encontrarás pronto en el tu deleite, ya verás.

_Se levantó y fue hacia su armario mientras decía _No tiene cura pero siempre habrá algo que pueda ayudarte a superar las crisis _Sacó un paquete que parecía contener bolsitas plásticas y regresó a su lugar_ En estas bolsitas irás almacenando tus lágrimas, tan pronto como reúnas una cantidad considerable deberás traerlas, puedes recogerlas con algodón, tampoco se trata de que inundes el hospital _bromeó un poco con la escena y continuó.

_ Con ellas preparamos el antídoto.

_¿El antídoto? _ Manifesté con cierta sorpresa y duda.

_SI, cada lágrima que tu derramas, se encarga de reconstruir aquellas fibras coronarias que fueron lastimadas durante tu padecimiento, estas son administradas mediante nebulizaciones. El mejor momento de absorción es cuando tu sistema nerviosos se encuentra exaltado, porque tu respiración es más profunda, así que no temas cuando se presente.

Mira _explicó_ si aprendiéramos a aflorar los sentimientos ante los distintos males que padecemos, nuestro propio llanto evitaría las enfermedades, pero como lo habíamos comentado, mantenemos nuestro corazón tan lejos de la razón que esto rara vez sucede. Por eso tenemos que recopilar tus emanaciones oculares y emplearlas en el momento preciso.

La hipocondria terminará con tu muerte, es vedad, pero con el tiempo tu cuerpo logrará compaginar los procesos de razón y corazón, de tal modo que puedas prescindir del medicamento. Aunque en ese entonces, si así lo deseas, podrá tu llanto permanecer en el banco de lágrimas, donde al tiempo que permites reducir el dolor ajeno, encontrarás menos padecimientos externos y por lo tanto, tu hipocondría, aunque en ese momento será fulminante puesto que es progresiva, encontrará menores factores externos por los cuales padecer.

¿Sabes de qué se componen las lágrimas? _ Me preguntó como esperando dar una gran noticia.

 _De agua, supongo _respondí.

_Si, en parte por agua, pero también hay un alto contenido en GLUCOSA. Nunca lo olvides, tus lágrimas son dulces.

_Sonreí sin levantar la mirada _ Dr. No termino de asimilar lo que me dice, pero extrañamente me siento motivada. Es raro doctor, la condición humana es un misterio. ¿Qué pasará en los lugares públicos? ¿Sufriré a gritos los males de cada uno?

_Sonrió de nuevo_ No funciona así, de hecho es precisó la cercanía con los otros para padecerles. El “mal” consiste en tu necesidad de buscarles. Son tu mal y medicina. Curioso ¿no?

Anda, ve a casa. Tienes el mejor dolor del mundo “te duele el mundo” NO TENGAS MIEDO.

_Di las gracias y me levanté aun turbada.

_Ah!_ Dijo antes que cruzara la puerta_ Se me olvidaba, con la presencia de HIPOCONDRÍA, tu expediente vuelve al casillero de DONADORES.

_Sonreí profundamente si entenderlo del todo, rodó la primera para antídoto.

Y aquí estoy, en espera de ver multiplicarse mi padecimiento. De ser invadida. El corazón aún no articula del todo sus movimientos con la razón, pero van logrando un andar acompasado.

HIPOCONDRÍA: Sentir como propio el dolor ajeno, hacer tuyos los padecimientos externos… Mi Doctor la padece de mucho tiempo atrás, lo entendí con el tiempo, y espera ansioso un mundo de hipocondriacos.

La transfusión...

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Siempre pierdo, decía…

Lo había olvidado porque… no, jamás lo olvidó. Lo había evitado, porque le resultaba imposible describirlo en palabras.

Decía que sólo quienes lo conocen podrían entender ese vacío llenador en el pecho; que succiona y brota, que habla en silencio, que sacia y demanda o todas las contradicciones que sólo “viviéndolo” se pueden entender.

Optó por ser cronista de un momento, aunque dejara fuera de las letras, la magia que se almacena sólo en la memoria.

Era la noche del primer encuentro, aunque nadie sabía si habría otro. Tal vez eso facilitó la magia. Había una desesperación y urgencia, porque quizás pronto terminaba y el deseo de arriesgar podría cesar como tantas veces. Volverían a la blindada soledad y quedaría el recuerdo mezquino de “lo que pudo haber sido” ese que se vuelve tan conocido en personalidades temerosas, como las de ellos.

Intentos, sensaciones, temores... y concluía, porque lo que no crece se muere. Sentían todo, apretaban el alma, mil dudas de hacer lo correcto, el tiempo detenido… había que romper el encanto o dar el paso. Se rompió el encanto a causa del deseo compartido de no ser responsables de sentir. Privilegiaban el anonimato afectivo, preferían la nostalgia de la mal sana búsqueda de lo inencontrable.

La noche avanzaba y no eran capaces de enfrentar lo que sentían, huían entre la gente que acompañaba el momento. Intentaban ser uno más, pero vivían otra dimensión. Había conexión total, comunicación aún sin hablarse. La noche terminó, era tiempo de volver a casa, dar las gracias y con suerte, abrir la posibilidad de otro encuentro. Aunque, este podría no suceder.

Salieron, ella caminó apresurada adelante, como intentando regresar a la realidad. Desconectarse de él, recordarse con quien era y controlar sus emociones. Dejar de ser una niña enamoradiza. 
Llegaron abajo y ella dijo cualquier cosa, para tratar de despertar; estoy mareada o hace frio, lo importante era volver a la realidad.

Él no contestó, no quería volver y aumentaba el miedo. De cualquier forma, ella luchaba por recobrar su realidad. Guardó silencio entonces, pero sentía cada paso, intentaba volver, pero él no lo permitía.

_¿Qué tienes?_ preguntó
_Nada_ respondió.

Pero él insistía. Creía que estaba molesta, pero no era así, en todo caso estaba... asustada. Fuera de sí o tal vez demasiado en sí, como para que sus tan empleadas formas de evasión funcionaran. Caminaron cerca, pero cada quien en su lucha.

Llegaron al coche, le abre la puerta y comenta algo, cualquier cosa. Cierra la puerta _para él_ el momento en que da la vuelta al coche, es su tiempo para enfrentarse. _Para ella_ Esos segundos dentro del coche sola, son momento para preguntarse ¿qué me pasa? Ninguno tenía una respuesta clara. Entró al coche, los dos saben que la noche terminó. Ella sabe que irá a casa y será un buen recuerdo, está asustada.

Ella, sólo quiere refugiarse, esconderse y alejarse del peligro. Él, no enciende el coche, pregunta nuevamente _¿qué te pasa? _La respuesta es la misma _ NADA.

No era NADA, era todo, pero no era malo, así que no podía dar una queja. Estaba bien, pero sin saber definir ese estado, era totalmente nuevo. Él intenta detonar un tema, pero ella evade los comentarios.

Entonces él: respiró, hizo gestos de enojo, golpeó el volante y comenzó a hablar con prisa. Como si algo pudiera impedir que dijera todo lo que pretendía. Ella quiso guardar cada palabra, pero su mente estaba muy turbada, guardó lo que sintió, más no el discurso… Aún sin entenderlo, era lo que sin duda quería escuchar, así que no fue difícil que confiara.

_ No sé por qué, pero te creo. Si no confiara en ti no estaría aquí _ Respondió ella, sin poder decir más.

Sabiéndose vencedor o vencido, nunca se descifró el misterio, volvió a sus inefables acciones. Se acercó a ella, buscó su cara, su mejilla, sintieron el rose de su piel, buscó sus ojos, sintieron respirarse lentamente… estaban a milímetros de escribir la historia de la niña que temía estrenar su cuaderno de afectos.

 El tiempo seguía, tenía que pasar algo o simplemente se rompería el momento, ella se rindió. No podía luchar contra alguien que sabía aceptaba perder, cuando ella deseaba ser vencida. Su rendición implicó la acción… no hizo más que decir todo lo que sentía, todo lo que le pasaba, todo lo que esperaba, todo lo que tenía que dar y que no era posible con palabras.

Su ingenuidad de niña se atrevía a hablar de sentimientos, aún si conocerlos. Había sabiduría desconocida y natural inexplorada.

Sonrió, como quien se apena y baja la mirada. Él preguntó ¿por qué? Ella movió la cabeza con calma, diciendo NADA.

Él no sabía que era su letra la que inauguraba su alma, sus afectos y rompía sus temores. Él, no sabía que había una rendición total contra sus luchas internas, que ella no tenía idea de lo que estaba haciendo. Ella, ya no quería palabras, no quería recobrar la consciencia porque no tenía la teoría de lo que sucedía.

Él pensó que ella se sentiría culpable y quiso corresponder a su decisión de arriesgar. No sabía que ella asumía que era el fin, que era el cierre de una gran noche que deseaba que no le faltara nada. No sabía que respetaba sus miedos, sus designios de momentos y no más. No sabía que no esperaba nada, que sólo asumió el riesgo y lo hizo. Que sabía tendría que confesar sus culpas y no precisamente a Dios, porque también sabía que Él lo avalaba. Sólo habría una confesión necesaria y un buen recuerdo.

Ella había decidido enfrentar a la mujer, sin que implicara necesariamente un compromiso. Pero tal vez era deseo de él, no romper el encanto o ver a esa niña tierna y no a una más de las de siempre, lo que le hizo no permitirle cumplir su decisión.

Pero, ya que él lo pide y ella lo desea, aunque no pensó alcanzarlo, respondió con sarcasmo blindado de sentimientos, como riéndose del discurso de la niña que espera su príncipe que él había citado. 
Ella no quería eso, NO quería un cuento, aunque le enternecía el gesto.

Pero ahí lo entendió, lo conoció y lo quiso así, con todo lo que era y en tan sólo un instante, en tan sólo ese "uno más de sus momentos". 

Asumió su pasado _el de él_, enfrentó sus miedos _los de ella_ y quiso entonces ser mejor, quería que su inexperta vida afectiva no le limitara. Quería sanar sus heridas, quería abrazarlo y no soltarlo, quería que supiera que no estaba solo, que nunca lo estuvo, que eran algo desde siempre.

Escuchó la profundidad de la que el huía, de la que escapaba. Se fue a él y lo albergó en ella. Ese espacio de vacío entre él y ella, esa sensación que paralizaba todo, que le llevaba a él pero le hacía sentir tan llena. Para ella era tan claro, pero nunca supo si él lo entendía todo.

Era la magia, era el momento y la rendición _de ella_ ante el deseo _de él_ de ser vencido. No supo cuánto duró, pero fue largo, tenían que decirse tantas cosas que querían ser escuchadas.

Tal vez por eso no ha habido otro. Hubo muchos después de ese, pero era el mismo, sólo con menos prisa, con menos arrebato, pero continuaba y quedó así, sin concluir, sin punto final. Tal vez por eso no entendió nunca cómo pasar la página. No se termina una historia sin punto final y él lo olvidó, o eligió, no ponerlo.

“Siempre pierdo” decía, como si ella ganara la batalla de no necesitarle. No sabía que aunque sus deseos eran frecuentes, llegaban tarde a la necesidad de ella. Que no era él, sino ella, quien perdió. Perdió dar todo lo que necesitaba dar, perdió demostrarle lo que sentía, perdió ganar la lucha contra reloj, perdió la oportunidad de mostrarse transparente, perdió tenerle pleno y agradecido de darse.

Siempre perdió, él lo creía. Siempre tuvo dudas, sentimientos de no reciprocidad. Si él hubiera sabido lo que ella sentía, si él hubiera conocido su deseo de tenerle… tal vez se hubiera ido antes.

Era él y era ella, con sus temores, ocultando lo que el otro quería escuchar, por miedo a perderse. Se iba a terminar, por lo menos ahora sabrían que renunciaron a ellos, que no eran y No, que renunciaron a una sombría imagen, por miedo.

Pero así era necesario y aún ahora, se alegra de ese primer momento. El de la rendición. Aunque después el miedo regresara y se negara o se olvidara de lo que se dijeron en ese instante mágico.

Tal vez por todo eso lo guarda, ahí, en la vitrina de las primeras veces, pero en la especial, en la que están sólo las que fueron primeras y fueron perfectas. Porque es raro encontrarlas.

 A decir verdad, guarda sólo ese...
Su mirada fija - Repollo y Atún

martes, 10 de noviembre de 2009

Zona de combate…

Una atmosfera espesa y lenta. El cuerpo pesa pero al mismo tiempo flota. Cada poro de la piel parece hablar y provocan la lenta respiración, como temiendo ser escuchados. Una resuelta duda; que no deja de ser duda, pero tampoco de tener la respuesta o desearla o pretender escribirla o de justo estarla escribiendo...

Sentir el estomago contraer, firmar la declaración de culpabilidad y caminar hacia la condena que tú misma has impuesto. Vencer las dos más grandes distancias de tu vida, las que te mantenían a salvo de estar viva, para detonar el fuego.

Una vez en la zona de combate, te das cuenta que no eres tan culpable o que no eres la única, o que quizás, más que haberte culpado, te rendiste; para verle triunfar y en su triunfo alcanzar tu victoria.

Nada mejor que rendirte, presentarte, mostrarte fuera de la armadura y lejos de los tanques que intimidan. Aferrarte fuertemente a quien en tu estado “vulnerable” hace sentirte fuerte e indestructible.

Respirar por fin del aire puro y olvidar los gases combatientes. Erguirte al mundo y no temer a nada. Llevar con orgullo la bandera contraria y sentir más tuya la que ya portabas. Desear permanecer por siempre en el más seguro de los peligros.

Esperar el momento y salir de la trinchera para hacer el recuento de los daños… El campo estaba florecido. Después, volver a la base, justo para el pase de lista: Soldado combatiente “caído, Sr.” Contraria caída “presente, Sr.”.

Reír como nunca, limpiar un rostro camuflado por el llanto y recorrer, nuevamente, aquella distancia nunca antes transitada..


lunes, 26 de octubre de 2009

La transfusión...

Estaba sola, regresé a mi casa con los análisis en la mano, el resultado era más que desalentador “cardioesclerósis”. Mi corazón se endureció, quería dejar de trabajar, bombeaba tan poca sangre que esta comenzó a sufrir alteraciones.

Me dejé caer sobre la cama y repasé los comentarios del doctor:

_Tienen ud. el nivel sanguíneo de un infante, no me explico cómo logra seguir en pié. Es urgente calmar su sistema nervioso, en esta situación cualquier alteración sería fatal. Aquí no le podemos atender, busque inmediatamente una clínica que disponga personal a su cuidado e inicien una transfusión emergente. Serán necesario por lo menos 5 donantes, una sola persona pondría en riesgo su vida si pierde la sangre que usted necesita.

No se preocupe, con una buena atención Ud. Estará bien. Llame a su familia y prepárese para disfrutar de un buen coctel de rica y revitalizante sangre -dijo con una sonrisa como intentando romper el silencio tenso que se había creado.

Llamar a mi familia, ja, estaba sola, como nunca, como nadie. Cómo llamar a alguien si sólo deseaba estar sola. Para qué buscar una clínica si finalmente no habría donantes. No sabía qué hacer. Así recostada en la cama, me encorvé para intentar combatir el frio más fuerte del peor invierno de mi vida o tal vez, del último.

Timbró el teléfono, dude en levantarme, al fin que importaba ya perder una llamada telefónica. Siguió insistiendo el ensordecedor tono hasta que me obligó a contestar.

_Bueno

_Hola ¿cómo estás? te sorprenderá que te llame, pero necesito un favor, cuestiones técnicas tu sabes.

bah! Sonreí para mí, la vida me estaba jugando otra de sus malas bromas, en estas circunstancias donde no soy suficiente para mí, alguien me necesita. Después de unos segundos de silencio, respondí.

_Claro, con todo gusto. Tengo algo de trabajo, pero seguro podré buscar un poco de tiempo.

_Si no es mucho problema, claro. Pasa que me encantaría que fueras tu y abusando un poquito de la confianza, me decidí a llamarte.

_Gracias por pensar en mí, será un placer. Podríamos hablar mañana para ponernos de acuerdo.

_Perfecto, muchas gracias, te veo mañana.

Colgué y nuevamente sentí desvanecerme, me senté apresuradamente. Pensé en comer un poco, pero no fue buena idea, mi organismo parecía negarse a recibir vida, tenía una decisión de abandonarme y así hacer perfecta mi soledad.

Pasaron un par de días, quise continuar mis actividades normales hasta entender lo que estaba pasando. Mi cuerpo se veía demacrado, mis fuerzas me traicionaban, pero como siempre; la prisa cotidiana de la oficina permitió ocultar mi estado, nadie se percató de nada.

Él, comenzó a llamarme con más frecuencia. Las cuestiones técnicas a consultar eran el pretexto, pero parecían haber pasado a segundo término.

_Te he notado triste ¿estás bien? puedo ayudar en algo…

_Si, no te preocupes, es la falta de costumbre de trabajar -sonreí un poco y traté de cambiar mi tono de voz afligido, aunque fuera esto casi imposible.

Sonrío conmigo y dijo _entonces es el momento perfecto para discutir del trabajo, en compañía de un buen trago, así podría corresponder un poco.

_Claro - sonreí y argumenté que tenía que irme pero pronto iríamos a tomar algo.

Los días pasaban, mi mal estado era tan notorio e invisible para mis compañeros de oficina, que no pude dejar de reflejarme en ellos. Ese era mi mundo, el del estrés, el de lo urgente, el de convivir con seres que me son útiles y nada más.

Salí de trabajar y lo encontré…

_Vamos a tomar algo, tú no estás bien y me gustaría que confiaras en mí.

Me dejó fría, aún no lograba asimilar en mi cabeza lo que estaba pasando, no sabía cómo manejarlo a los demás. Fue tan sorpresivo que no pude argumentar ninguna excusa y accedí a su invitación.

Hablé y hablé por largas horas. Lo vi tan atento, tan resuelto a ayudarme y yo tan asustada y urgente de una salvación, que no dudé en sentirme afortunada.

Aunque con temor, acepté hospitalizarme. Me vi llena de artefactos, todos para mi desconocidos. Recuerdo como odiaba ese quedo sonido del monitor cardiaco. Me recordaba a cada minuto que estaba muriendo, era como una voz que me decía “ya no puedes, tú no puedes…”.

Pasé la primera noche, ahí, sola, escuchando aquella periódica vocecita desalentadora. Al otro día muy puntual, estaba ahí, con una gran sonrisa, dispuesto a lo que se necesitara. Me abrazó fuertemente, me llené de miedo; hacía tanto que nadie me abrazaba, que no quería que mi vida tomara sentido justo cuando estaba por terminar. Me separé de él y comenté que el doctor había llegado. Estuvo atento a cada indicación, había resuelto hacer lo necesario para ayudarme.

_Por ahora necesitaremos sólo un poco de su sangre para mantener el nivel mínimo, pero será preciso que consiga otros donantes.

_NO, -dije apresuradamente. _No puedo aceptar eso, además, no habrá más donantes, será en vano. No quiero que me hagan nada, no lo necesito, así he sobrevivido y lo haré hasta que mi corazón decida no más. No quiero su sangre ¡no quiero su sangre! -comencé a gritar desesperada como si algo temiera-._No admitiré aumentar el riesgo, ni siquiera sabemos si su sangre es sana.

No sabía que más decir para hacerlo desistir, estaba horrorizada de la vida, no sabía cómo vivirla y cada gota eran horas de incertidumbre en este mundo. Junto a él, junto a todos o de nuevo junto a mi soledad.

_Srita. Entiendo si ud. decide no aceptar la transfusión, pero le recuerdo que su vida corre peligro y no garantizo que su corazón resista mucho tiempo más. La Cardioesclerosis y los bajos niveles sanguíneos le están desgastando rápidamente. Hablen un momento y regreso para conocer su resolución. -Se dio la vuelta y salió.

_Por favor, confía en mí y permíteme donar un poco de mi sangre, no me hará daño, puedo hacerlo y tu lo necesitas. Mi vida no ha sido la más sana, pero créeme que me he propuesto una saludable rutina para que te sea del mayor provecho. Entiendo tu temor, sé que no confías en mí, pero dame la oportunidad y corramos el riesgo de vivir un poco -sonrío.

Accedí, nunca entendí por qué, pero algo de mi quería hacerlo y en medio de mi miedo de vida, le di un No a la muerte.

Pasaron casi dos meses. Él era el único donante, no había nadie más a mi lado y el aceptó una rutina de medicamentos y dieta saludable para resistir las transfusiones. Cuando él estaba ahí, en la otra cama, opacaba mi monitor, su latido era tan fuerte, que sólo con escucharlo me hacía vivir.

Con el paso del tiempo, mis signos vitales iban mejorando. Esa vocecita atormentadora se hacía más fuerte. Me gustaba escuchar los dos monitores y él ahí, con vida para dar. Si se iba o llegaba, ya no había cambio en los latidos monitoreados, mi corazón ya no era opacado, estaba viva, como nunca, pero no me bastaba. Era una especie de vicio recibir su vida.

Durante todo este tiempo se mostró feliz, parecía que liberarse de su sangre le hacía bien. Asumí que nos estábamos ayudando mutuamente. Esto facilitó no sentirme en deuda.

Llegó el martes por la mañana, esperaba con gusto aquella sonrisa dispuesta a conectarse a mí. Llegó el medio día y la cama al lado seguía sola. No fue, no llegó a la cita y no fue capaz de avisarme. Temí por mi vida y lo juzgué egoísta. No fui consciente de la fuerza que yo había adquirido, de su desgaste, de su dolor... Sólo pensaba en mí, sólo quería estar segura, sólo quería escuchar el constante tono de la máquina cardiaca, sin darme cuenta de mis latidos que se multiplicaban mientras los suyos se apagaban.

Sentí coraje, dolor, impotencia, desaliento, sentí todo. Si estaba sola antes, ahora a mi soledad se sumaba su ausencia. Me arrepentí de mi ilusión, de haber decidido vivir para al final sólo doliera más mi partida. Le odié, odie su vida que sólo haría más grande mi muerte.

Salí del hospital. Los doctores aseguraban que mi salud estaba estable, pero yo me sentí caer poco a poco. Antes no podía morir porque no tenía vida, pero ahora sí. Era como si la muerte se riera a carcajadas de mi ilusoria fantasía, de mi ingenuidad al creer en mi cuento de hadas, al creerme rescatada por el príncipe.

Pasé los años más difíciles de mi “vida”, mi corazón latía con facilidad, su rigidez había sido vencida, mi sangre inundaba todo mi cuerpo, pero yo no podía mantenerme en pié. No lograba sentir la vida. Era obvio, nadie puede vivir con la vida de otros -pensaba- asumí mi error, era el precio que tendría que pagar por desear vivir, por aceptar recibir. 

Finalmente si estamos solos, nos aseguramos que nadie nos podrá hacer daño.

Con el tiempo, creo que mi cuerpo reconoció la vida como propia, recobró la fuerza. Era como si hubiera purificado aquella sangre que sentía ajena. No quería recordar aquel tiempo de “vida” de una felicidad que acepté sin reservas. Me negaba volver a sentirme feliz, aquel estado me dolía, prefería el dolor, el desconcierto.

Para qué VIVIR si dura poco. Para qué los otros, si al final se van.

Ahora que estoy viva y me siento por fin ¡viva!

Pude regresar al hospital. Aunque me habían recomendado chequeos anuales, no podía, ese lugar me dolía, me recordaba aquel dolor de la cama sola, de mi ilusión desecha.

Me sorprendió mi deseo de entrar. No tenía conmigo el expediente, pero decidí entrar, sólo por preguntar cualquier cosa, por volver a respirar ese lugar.

Recorrí lentamente sus pasillos, me topé con el doctor que me atendió, sonrío abiertamente y me dijo “que bien te ves” sabía que ibas a volver. Él no quería avisarte, pero que bueno que se decidiera.

_¿él?

No entendí nada, yo estaba ahí por casualidad, logrando superar aquella mala jugada de la vida.

El doctor me hizo la seña que pasara, entré y ahí estaba, con una vocecita que lentamente le murmuraba su muerte, junto a una cama sola, pero él no esperaba a nadie.

No pude hacer nada más que soltarme a llorar y sentir toda esa vida que me negaba a aceptar, que la derrochaba sin saber que alguien había renunciado a ella, seguro que yo la merecía más. Mi cuerpo se inundó de él, quise vivir para vivirlo. Quise darle vida… pero no era medicamente posible.

Despertó y le sorprendió verme, hizo el esfuerzo por mostrar aquella sonrisa que tanta vida me daba. Quise pedirle perdón, reconocer lo injusta y egoísta que fui. Agradecer su desinteresado servicio, su AMOR. Jamás me sentí tan amada.

En un instante reconocí todo lo que había hecho en mí; mi vida, mi fe, mi amor. Todo lo que no tenía, lo dio para mí a cambio de nada. Aceptó incluso mis reclamos por haberse ido, se sintió en deuda por no haber dado más. Y yo, egoísta, QUERIENDO seguía exigiendo, él, AMANDO le dolía no poder dar más.

Fue allí donde desperté de la transfusión. No fue en aquel momento en que vi la otra cama vacía y yo esperando recibir. Fue aquí, con el alma plena y mi credencial de NO DONADORA, donde la impotencia se apoderó de mí, donde acepté que no sería yo quien pudiera compartirle vida.

No lo merezco, dar mi sangre me haría sentir una deuda saldada y no es así. Jamás se puede corresponder a quien te da su vida, aun intentando pagar con la misma, es la suya propia la que recibe.

Ahora está bien, como en aquel entonces. Antes de mí.

A mí me costó todo este tiempo aprender a disfrutar de tu vida, a ti, reponerte de aquel mi egoísta tiempo de exigir.

No sabes como hace brotar mis emocionadas lágrimas escuchar cada uno de mis latidos, que no hacen sino hablar de ti. Y como detesto ese breve enunciado en letras rojas en mi expediente de: NO DONADORA, que te separa de mí.

jueves, 25 de junio de 2009

Creados para amar

No hay mayor sufrimiento que vivir en contra de nuestra naturaleza. Es intentar nadar contra corriente. La fuerza original que podría ayudarnos a avanzar, de hacerlo correctamente, se vuelve el natural obstáculo y el indicador de ir hacia el lugar incorrecto.

Fuimos creados para amar. Ama y haz lo que quieras, dice san Agustín. ¿Por qué sufrimos? ¿Por qué no encontramos nuestro lugar? ¿Por qué no alcanzamos la felicidad, pese a tener cada vez mayores comodidades?. Tal vez porque no somos libres, porque obstaculizamos el fluir de nuestros sentimientos, porque tenemos miedo de SER, de mostrarnos, de darnos y por ende, de amar. ¡Por eso! Si nos obligamos un poco a enfrentar esas barreras y dejar salir nuestro verdadero yo. Si nos dejamos amar, tal vez esa inconformidad inconsciente cesará. Esa fuerza que contenida en ti sólo destruye, si se deja fluir; podrá ser la mejor energía creadora.

No tengas miedo, si apuestas por el amor ten pon seguro que nunca estarás solo. Aunque esto último te asuste quizás aún más. Pero, no tengas miedo, ya es suficiente con el mío.

viernes, 15 de mayo de 2009

En la infinita soledad del viernes...De la soledad

Las soledades de mis cotidianos días cada vez toman mayor sentido, creo que me estoy resignando a tenerlas.

Resignarse suena como “conformarse o darse por vencido”. Pero no es en sentido coloquial como abordo el término. RESIGNAR significa dar un nuevo significado, ver las cosas desde otra perspectiva, para encontrar un sentido y razón de ser a lo que sucede. Eso pasa con MIS SOLEDADES.

La soledad ha formado parte de mi vida, en algunas épocas más intensamente que en otras. Pero siempre ahí.

Cuando era niña mi soledad era en pro de no sacrificar mis beneficios; juguetes para mi sola, decisiones sólo mías… En la adolescencia mi soledad era muy acompañada, navegando en el bullicio social, participaba de mil actividades y eso me permitía mantenerme alejada de la realidad. Mi primera juventud implemento una soledad un tanto forzada, el cambio de ciudad y las exigencias me hicieron asumir que había que sacrificar mucho si quería alcázar los objetivos; aunque eso implicara recorrer el mundo sola.

Entre la última nombrada y la actual; existió la SOLEDAD en crisis, esa que no aportaba ningún beneficio ni siquiera egoísta o protector, hubo una soledad intensificada y real, incluso con ausencia de mí, muy compleja pero finalmente fue lo que provocó llegar a la resignación.

Actualmente en mi estado de re-signada soledad, es un poco de todas las anteriores, pero con un extra que resulta reconfortante. La soledad implica el encuentro interior, la consciencia de la realidad, la exigencia de seguir adelante sin salir huyendo, la certeza de preferir compartir la intimidad, la exigencia de crecer, la aceptación de la que soy y la re estructuración para lograr lo que quiero ser.

Tal vez por haber convivido siempre, la soledad y yo, hemos creado lazos indestructibles. Cuando me alejo de ella sufro, la necesito como una especie de vicio que provoca mi ansiedad. Esta situación me hace reflexionar sobre la vida futura, el modo de vida que quiero tener y la urgente resignación de la soledad que me acompañará, porque esa es la conclusión a la que he llegado.

Como diría la canción, quiero que “mi soledad se sienta acompañada”. Esa compañía que propicia el crecimiento y las ganas de ser mejor, pero sin que esto me haga inconsciente de mi persona. Esa que facilita el encuentro interior con mayor facilidad, esa que puede ser encontrada gracias al otro y en el otro, de lo que hablara mi San Agustín “porque aunque él estuviese conmigo, no me estorbaba para estar solo” esa que no invade y por el contrario motiva a mantenernos conscientes de nuestra persona, individualidad y singularidad.

Una soledad acompañada implica madurez y esta nunca nos permitirá hacer lo que queremos. Exigirá sacrificios, pero por elección y en ello se alberga la satisfacción del SER. Si hiciéramos lo que queremos, jamás podríamos SER los que queremos ser.

De no encontrar el equilibrio, la insatisfacción, inexplicable a primera vista, se volverá una constante; encontraremos frustración en nuestros placeres o una pasajera felicidad. (si logran entender este párrafo me avisan, literalmente ni yo lo comprendo, pero lo siento)

Nunca fui más infeliz que la temporada que decidí hacer sólo lo que quería hacer. Pasar por alto el objetivo fundamental de nuestra existencia, puede ser muy peligroso. La vida es un proceso y por lo tanto, requiere de por lo menos un hilo conductor. Saber que la semilla sembrada, aunque la cosecha se vea lejana, es ya un condicionante del producto que obtendremos.

Todo en este mundo tiene un por qué, nada de lo que hagamos será insignificante y tarde que temprano afectará nuestro presente.

Por todo lo anterior disfruto tanto mi soledad, la resignación ha sido favorecedora. Ahora la empleo en bien de mi objetivo. Intento aprender a que las compañías elegidas, no me afecten para estar sola. Que mis soledades físicas sean disfrutadas y aprovechadas. Estoy cierta que independencia no tienen nada que ver con la insensibilidad o enajenación.

Por ahora la soledad se ha vuelto mi fortaleza. El espacio revitalizador para poder salir a enfrentar el mundo. Mi válvula de respiro y mi acordeón para recordar las respuestas que la vida exige conocer.

Esta soledad es la que más he disfrutado, tal vez porque es la primera que tengo la certeza que terminará y porque tengo la determinación de ser yo misma quien, en no muchos años, agradeceré sus servicios para dar pié a la soledad compartida. Esa que al igual que la anterior tienen un extra: “la certeza y deseo, de su infinita presencia una vez que ha arrancado”.

Por eso es tan reconfortante tener un departamento donde su única habitante soy yo. Por eso es nutritivo salir al mundo y recordar que no estamos solos. Por eso el tiempo de soledad se hace poco para ir concluyendo todo, antes del siguiente paso. Por eso no puedo malgastarla. Por eso mi soledad ahora no tiene lágrimas, que en las anteriores etapas estaban presentes. Por eso el tiempo apremia en esta resignación.

Por eso me compraré un perro!!! Aunque me implique COMPARTIR MIS RECURSOS. Aunque exija pensar en otro y no sólo en mi. Aunque mi libertad se vea un poco condicionada. Aunque tenga que ceder ante ciertas cosas, para conseguir la sana convivencia. Y claro, también porque merezco una recompensa y puedo disfrutar de la vida sin tener que ser todo exigencia. Porque habrá un motivo para volver a casa. Porque seremos un tanto cómplices. Porque dará sentido a mi existencia. Porque podré hablar de alguien más y no sólo de mí. Porque me permitirá aprender a ser feliz con la felicidad de otro, aunque eso me implique esfuerzo o sacrificio…

Porque la vida tiene un límite para almacenar y llega el momento en que se vuelve una necesidad comenzar a dar. Porque aún no le conozco y ya le echo de menos.

Porque tengo la seguridad que morirá en algún momento, pero antes de eso habrá cumplido su misión, porque el amor es un arte y para lograrlo; hay que practicar la técnica hasta que esta sea dominada. Practicaré mis afectos para ser artista en su momento.

Dejo esto plasmado por escrito para que en unos meses, cuando mis nervios se alteren porque un diminuto inquilino de mi depa ya rompió algo o no me deje dormir con sus ladridos, recuerde por qué llegó ahí y aprenda a convivir con ellos. Entonces podremos dar otros pasos más complicados y mucho más determinantes en mi vida y mis soledades.

P.D: Tal vez por eso se haga firmar actas y solicitar testigos en algunos compromisos, de lo contrario los asuntos cotidianos nos hacen olvidar y cambiar más por menos. Si no se recuerda el por qué de estamos ahí, puede que se tomen decisiones epidérmicas; que provocan alegrías pasajeras con insatisfacciones profundas inexplicables.

Por eso “no es bueno que el hombre esté sólo” dice el génesis, aunque 40 días de exilio, ayuno y desierto; son necesarios para enfrentar el mundo con claridad, hasta para Dios.

Cito nuevamente a San Agustín casi para concluir con esta soledad del viernes “Las cosas mal ordenadas están inquietas: pónense en orden y descansan”. Creo que poco a poco mi vida logra por fin “El descanso”.

Ahora sé que el amor requiere alcanzar ciertos niveles. No estaremos plenos cuando llegue el amor. Hay que estar plenos para propiciar el amor. Mientras sea el vacío lo que nos motive a estar con otro, no es más que amor propio y MIEDO.

El amor maduro es movido por la necesidad de dar. Mientras lo que nos mueva sea la sensación de vacío, la protección, la comodidad, la saciedad de nuestros placeres… no es amor, no lo asocien a este porque se crearán una falsa representación dañina.

Vea pues, mis manos escribieron cosas en la infinita –por ahora- soledad del viernes 15 de mayo de 2009. A esos que han sido mis MAESTROS… FELCIDADES!!