Mostrando entradas con la etiqueta muerte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta muerte. Mostrar todas las entradas

viernes, 17 de abril de 2015

Mueres de miedo y de miedo… me mueres

Mueres de miedo y de miedo me mueres, de a poco, de a mucho, de vaya a saber ud cuánto se pueda. Con la impotencia de ver la vida perderse, con el corazón en una mano y las alas en la otra.

Esta amorosa impotencia de ver sufrir y tener que ser testigo, meramente observante de la sangre derramada, de vidas aparentemente desperdiciadas. Aparentemente, porque al final la vida salva y todo lo perdido se gana, pero ¿cuánto más faltará? ¿De cuánto dolor he de ser testigo y protagonista antes que poner a descansar esta alma?


¿Las alas?  Si, las alas son suyas, hay que entregarlas ¿el corazón? Es el valiente, el doliente, pero ese se queda, ese espera y observa cuando se vaya. Así es esto, así toca en la vida, cuando se ama.

No hay armaduras pesadas, esa ninguno de los dos las carga, hay miedo, hay amor, hay dolor y no olvides llevar las alas.  

domingo, 21 de septiembre de 2014

De berrinches y malos tratos…


No apruebo ni justifico berrinches, mucho menos malos tratos, salvo cuando sé que detrás de esa persona iracunda hay un corazón roto. Entonces no puedo culparle de nada.

La muerte en vida es esa y nada más difícil que tener que seguir viviendo.  Trabajar, salir a la escuela o del cuarto y tener que decir “buenos días”. Todo, todo es una azaña, un impositivo mandato a nuestro cuerpo de "aparentar vida" aunque esté muriendo.

Toda tu energía está voluntariamente entregada a un ser que ya no existe, no contigo, no para ti. El fluir energético no tiene manera de volver, sólo fluye a una vía, viaja sin regreso y no hay forma de confirmar si alimenta a alguien. A ti no y a la otra persona, ya no tienes forma de conocer si le sirve de algo o si le interesa recibirlo. Es tal vez energía que se fuga del universo.

La muerte más sentida, más presente del dolor y tan ausente de mi vida ha sido esa. Somos amor, amor que sale y vuelve multiplicado, pero si este sale y no vuelve…te quedas vacía. No estás, te ausentas y sin tu presencia no puedes ser persona. 

Hay una guerra interna, el caos, el conflicto, todo ese dolor que no encuentra un amor que lo resista; se vuelve coraje, rencor, enojo, violencia, violencia que se vuelve contra ti y contra otros. Contra todos, todos menos esa persona a la que irremediablemente amas y aunque quisieras odiarle, no puedes, aún no puedes.

Tu sabiduría organísmica no quiere y no permite odiarle, por el momento no y está bien, no te obligues a sonreír ni ser amable, no seas violent@ contigo, bastante sufres y pleiteas internamente. Si los demás hemos muerto alguna vez, podremos comprenderte, verte con ternura y abrazar tu corazón herido.  Los que no comprenden es porque no lo han vivido y no sé si lamentarme más por ellos que por ti. Nada más afortunado en la vida que saber que hemos amado, aun cuando no sea ya correspondido.

Llora, enójate, deja que esa furia salga, que no se quede en ti, aunque parezca ahora imposible, va a pasar. Terminará y el amor volverá a encontrar lugar adentro. Después podrás verle ya sin sufrir y sin darle tu energía. Las cosas siempre vuelven a quien le corresponden, el amor busca quién lo alimente y donde no hay vía de regreso, tarde que temprano deja de drenarse. Al universo no le gusta que se fugue su energía.

Sólo quería decir que a ese corazón sufriente, lo acompaño a distancia, dejándolo que se vuelva ogro, no me acerco porque no busco el conflicto, pero tampoco lo condeno, lo dejo estar, espero que pronto vuelva a sonreír, o no tan pronto, eso no importa, cada quien tiene su tiempo.

Lo sé, en teoría y en experiencia, pero hoy lo leí y quise compartirlo, creo que esos corazones que andan por ahí luchando contra el mundo, necesitan ser abrazados por lo menos desde lejos. Dando tiempo, comprendiendo y no aceptando el pleito, ese no es nuestro, es un grito de dolor que si lo has vivido, podrás reconocerle.

No eres mala criatura, aunque quieras serlo, estás pleitando contra ti como diría el gran Shakespeare. Yo te acompaño, aunque aparentes que quieres que todos se vayan. Yo me quedo, te comprendo.
¿Quieres la respuesta teórica de hoy?

2. Un clavo saca otro clavo (refranes con explicación científica)

Nada requiere más energía del organismo que una pena de amor. El despecho es emocional y físicamente doloroso; sin embargo, en la medida en que se movilicen neurotransmisores y hormonas que venzan o se sobrepongan a las que actúan con efecto depresivo, la ‘tusa’ va cediendo. Durante este proceso, el organismo busca equilibrar el disbalance por la caída de serotonina, las endorfinas y la dopamina, frente al aumento del cortisol y las hormonas del estrés. Este disbalance mejora a partir de las buenas relaciones, de los momentos alegres y de las buenas conversaciones y puede dispararse ante la presencia de otras personas que generen estímulos gratos, similares al del enamoramiento. La idealización del otro cae.

lunes, 3 de mayo de 2010

¿Dónde habita el miedo?

Lo más difícil de ser feliz, es no poder formular la receta...

De repente deseas compartir todo lo que al fin llega a tu vida, evitar que tus más cercanos tengan que pasar por las mismas crisis y caminos rugosos que cruzaste para llegar, pero al cuestionarte ¿cuál fue el secreto? ¿Dónde está el antídoto? Te das cuenta que no lo hay. Que se fue formando en cada crisis, en cada lágrima, en toda esa incertidumbre pasada. También entiendes que a la felicidad se llega aceptando todo, dejando de luchar por evitarlo y simplemente RESIGNARNOS A ELLO.

Resignación que no debe ser entendida como “pasiva aceptación del sufrimiento” sino como RE-Significar cada momento de nuestras vidas. DAr sentido a nuestros pasos, abrir nuestro interior y escuchar el mensaje en cada situación, saber por o para qué tenía que suceder. Dejar de bloquear la vida, no gastar nuestras fuerzas en intentar huir de la realidad y simplemente, detenernos. Descansar y asumir el riesgo de ser responsables de nuestras vidas.

Asumir riesgos, no hay otra forma. Enfrentar la posibilidad del dolor a cambio de ir conquistando nuestra felicidad. Disfrutando lo que es, que es mil veces mejor que lo que deseamos y no sabes ni siquiera si será real. ESTANDO, sólo estar, tal vez eso sea lo más difícil de la vida. Permanecer conscientes y olvidarnos del mundo cómodo de nuestra irrealidad.

Gustar de cada cosa aunque en apariencia resulte temeroso. Dejarnos disfrutar de lo que la vida nos pone en frente y no encapsularnos en un pasado que es seguro, pero ya no existe. Sabernos merecedores de este presente pleno y aún más, sabernos merecedores de ser mejores mañana. Si el sentido de nuestra vida son los recuerdos; podemos estar seguros que hemos muerto. Nada del pasado existe, ni el bien ni el mal, todo se ha transformado para ser distinto hoy.

¿Por qué tenemos miedo de merecer la felicidad, de ser aceptados por lo que somos o de rechazar lo que no somos? ¿Por qué en un mundo donde la riqueza es la diversidad, cada vez tenemos más miedo de reconocernos diferentes y por lo tanto importantes y necesarios para la vida? ¿Por qué jugamos a enajenarnos y creer que nada pasará?

Nuestra cotidianidad nos muestra el error en un mundo que se desbarata, que no logra encontrar su equilibrio porque lo estamos haciendo trabajar con la misma sustancia, cuando requiere de la combinación de todas para alcanzar el balance. ¿Por qué estamos dejando al d.t. sin jugadores, por qué formar “equipos” de uno?

Si nuestra naturaleza es complementaria, cómo pretendemos alcanzar la plenitud de forma individual, por qué esta idea tan absurda ha logrado enraizarse en nuestras mentes y dictar el camino de nuestra soledad, perdón, quise decir “sociedad”. Por qué no nos limitamos a ser quienes nos corresponde ser y permitimos que el resto haga lo suyo. Tal vez ahí encontraremos la riqueza de los otros, que no amenazan mi singularidad y por lo tanto; no necesito destruirlos.

Un mundo de iguales difícilmente dejará de padecer este MIEDO QUE PARALIZA. Si dentro de nuestras condiciones naturales está la trascendencia, cómo me dejaré de sentir amenazado si no he logrado detectar lo imprescindible de mi ser.

A este mundo le faltas tú, tú que intentas anonadarte y esperar que todo marche igual. El todo no puede estar completo sin una de sus partes.

Estamos muriendo de miedo de ser invisibles, luchamos por demostrar que existimos, necesitamos acumular materia porque hemos dejado atrás el espíritu, que nos hacía distintos e irrepetibles.

Tenemos miedo de morir pero al parecer estamos eligiendo no vivir, una respuesta ilógica que no sé quién introdujo a la mente humana; aparentemente sabia, nadie muere sin estar vivo, pero entonces no existimos.

¡La felicidad es la certeza de estar vivos! Eso es lo que estamos buscando tal vez, por eso este mundo se destruye. Necesita sentir la muerte para corroborar que existe, para no quedar en la nada de este vacío que hemos aceptado, de este sin sentido. Pero podrá terminar el mundo y la muerte no encontrará vida.

Prefiero la resurrección que enfrenta a la muerte y pasa de ella. No importa si muero a cada día o llorar y padecer la incertidumbre. He de aceptar la muerte con tal de estar muy viva y estarlo tanto que exista AMANDO. Morir a cada segundo, pero alcanzar el amor que al final me salva de todas mis muertes.



A-Mor, sin muerte -Ese es el secreto-