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viernes, 17 de abril de 2015

Mueres de miedo y de miedo… me mueres

Mueres de miedo y de miedo me mueres, de a poco, de a mucho, de vaya a saber ud cuánto se pueda. Con la impotencia de ver la vida perderse, con el corazón en una mano y las alas en la otra.

Esta amorosa impotencia de ver sufrir y tener que ser testigo, meramente observante de la sangre derramada, de vidas aparentemente desperdiciadas. Aparentemente, porque al final la vida salva y todo lo perdido se gana, pero ¿cuánto más faltará? ¿De cuánto dolor he de ser testigo y protagonista antes que poner a descansar esta alma?


¿Las alas?  Si, las alas son suyas, hay que entregarlas ¿el corazón? Es el valiente, el doliente, pero ese se queda, ese espera y observa cuando se vaya. Así es esto, así toca en la vida, cuando se ama.

No hay armaduras pesadas, esa ninguno de los dos las carga, hay miedo, hay amor, hay dolor y no olvides llevar las alas.  

lunes, 20 de octubre de 2014

Pequeñas muertes…

Tanta vida nos agobia, nos aleja del origen, de lo que en verdad deseamos. La vida nos da la prisa, las obligaciones, las máscaras y frustraciones. Pero ahí estamos, seguimos necios…luchando.

Allá, en el fondo del pasillo, en el lado más oscuro al que nunca fuimos; algo me llama y me da miedo.

Te busco entonces. Paralizados, dudamos  el encuentro.

_¿Qué es esto? Parece un tango, violento y desesperado.
_Quizás nos cansemos y agotados vayamos a encontrarnos.


Que el choque nos lleve hasta pequeñas muertes y que esa muerte no tenga más remedio, que despertar a la vida.

...respira.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Mi amado miedo…

Si la vida me hubiera permitido planear mi lista antes de los 30… ¡pero qué estoy diciendo! la vida siempre permite y lo hacemos aunque no sepamos o no queramos darnos cuenta. Todos llegamos a este mundo sabiendo que creceremos.

Permítame cambiar el comienzo.

Había planeado mi vida puntualmente de los 25 a los 30, así un día escribí punto a punto lo que tendría que pasar para alcanzar mi éxito, pero en esas cosas que uno de cualquier forma termina haciendo. La vida profesional, la estabilidad económica, la preparación académica y todas esas patrañas que el mundo adulto, al que vas entrando, aplaude pero que de ciencia no tiene mucho.

La necesidad y exigencias sociales de cualquier manera me hubieran hecho llegar a donde he llegado, o podría haber renunciado y aceptar el rechazo y habladurías por no responder a las expectativas ¡Muero de miedo sólo de pensarlo! aunque un destello de sonrisa aparece al recordar haberlo intentado, obviamente, deserté.

Aunque fue mi lista quien me hizo llegar hasta aquí y aunque los objetivos están “casi” cumplidos,  son las mismas excepciones a mi lista donde se comprueba que al final, esas listas formales nada importan y son solo otra medalla más para colgar en la pared de tus ataduras.

Oh sí, mi pared de ataduras ha sido condecorada una y otra vez, no es raro ver desfilar a grandes figuras asintiendo indulgentemente cuan esclavizada he estado a mis casi 30 años.
   
Pero de la lista de cosas por hacer antes de los 30 de la que hablaba al principio, es esa de la que saboreas y hasta tú mismo te admiras de haberlo hecho, esa por la que sonríes orgulloso de ti, de tu espíritu insurrecto, de la chispa indomable que caminó en paralelo, pero te veía de lejos cuando el mundo aplaudía tus “logros y éxitos”.

A mis casi 30, repito la edad tal vez sólo para asegurarme de haberme dado cuenta del tiempo, ya ésta lista es de recuerdos, con muy poco espacio para escribir su final. ¡Qué miedo! es lo que pienso y siento. Interrumpo mi discurso porque me sorprende el miedo.

Qué fácil fue llegar a los 30 y al mismo tiempo tan sufrible que me aterra un poco un nuevo comienzo, más real, más libre, pero con menos personajes y también, en espera de los nuevos. Si hay nuevos o no, forma parte del misterio.

La vida ha sido buena conmigo, me ha dado locuras que sin programarlas, ese espíritu insurrecto me impulsó a vivirlas. Lo agradezco, es tan… uff, qué sería de mí sin todo eso. Qué vida tan plana y aburrida, que absurdamente arrepentida estaría escribiendo esto.

A mis 20, iniciando la década de mis recuerdos, como presagio de lo que sería este tiempo, dio comienzo la aventura. Aún con miedo, siempre justificado por algo “correcto” que me permitiera hacerlo, pero iniciamos.  

A vivir como se pueda, con risa, con llanto, con dolor, con sufrimiento, con certezas, con más miedo, con nostalgia, con fe, con amor, con miedo, sí, me doy cuenta que repito el miedo, pero podría entrelazarlo después de cada palabra, ahí estuvo, ahí está y es mi compañero, pero… sabe ud lo que disfruto verle a la cara y no detenerme por eso.

Con miedo anduve casi 30 años, por qué he de esperar perderlo.

Este miedo es mi constante y puedo admitirlo, es quizás hasta el mi impulso. Es mi gastritis, mi motor… mi incontrolable compañero. 

El miedo que salva la vida, si, LA VIDA, esa, la que sabe, la que no acepta aplausos ni seguridades. El miedo salva, por fin lo entiendo.

Llegaremos a los 30 con miedo, pero llegaremos, como llegamos a tantas cosas, como llegarán otras muchas.

Si lo veo así, ojalá que la vida me mate de miedo. Cada que ha estado es importante momento... es vida, es movimiento, es crecer, es caer, es levantarme y sacudirme el dolor para volver respirar ¡mi miedo! Tan mío y de nadie más, es entonces el que me define ¿Será que a cada personalidad la definirán sus miedos? No sé, solo lo escribo para luego.

Al miedo no le temo, le deseo, le busco y le saboreo. Le temo a detenerme, a lo tranquilo, lo seguro, lo cómodamente rutinario, lo aplaudido, si , todo eso con lo que inicié mi escrito, le temo a ese éxito que no es el mío, que no lo quiero.


Ud. Disculpe, aún tengo miedo, mucho miedo. 

miércoles, 31 de julio de 2013

De los tiempos del "yo nunca" al "¿Cómo sería?"

30 de julio 2013

Odio dudar algo. Mi vida es de certezas, de planes a futuro, de metas a alcanzar, de rechazos instintivos, de garantías de supervivencia… pero “hoy no sé qué es esto”, en dónde estoy o si soy yo misma.

Mi vida es de dudas, de incongruencias, de miedo, mucho miedo del futuro pero a la vez una libertad extraña que empuja al vacío, a dejar que sea, a hacer que pase, si, hay que hacer que pase otra vez, aunque hoy no es que logre interpretar de la forma contraria que antes ignoré, ahora es hacer que pase de dejar pasar y de estar siendo, hoy son las dos cosas, “hoy no sé qué es esto”.

Si, lo repito, y en la repetición se afirma la realidad del discurso, según las investigaciones históricas. Así es, si más de un autor lo dice, lo dice en repetidas ocasiones o se atreve a desafiar lo “aceptado”, seguramente es porque fue cierto.

La autora soy solo yo, pero lo repito y si, no es lo que me gustaría decir. 

Entonces, “hoy no sé qué es esto”, entonces soy una duda, he echado abajo mis seguridades, me sostengo del pasado, pero es una contención sin fuerza, una contención que invita a desafiar mis barreras o tal vez, una contención figurada, inexistente.

Rechazo la posibilidad, niego todo sentimiento o no, no niego todo sentimiento, niego toda posibilidad, esa si, pero ahí es donde llega la incongruencia y con ella “la duda”. Siento – no quiero -Quiero – no siento y así sucesivamente, hasta que hay un siento – quiero – temo.

Vuelvo y siento y quiero sentir y quiero que siga siendo, entonces “no me entiendo” ¿Qué realmente quiero? Es que no sé, si fuera un "SI QUIERO" lucharía y vencería los miedos, pero no lo sé, si fuera un “NO QUIERO” ah que fácil sería, olvidar el tema, eliminar contactos y dejar pasar.Pero es que el "NO QUIERO ASI" no ayuda, es una respuesta ambigua que todo confunde, no permite nada, paraliza.

Todo pasa, todo termina, aunque también de esto tengo mis dudas… ¿por qué no ha pasado?, ¿por qué sigue siendo?, ¿de dónde se nutre?, ¿qué mantiene viva la posibilidad pese al tiempo, pese a ignorarlo, pese al no quiero?...La imposibilidad, ¿será?.

No tengo la menor idea. Aunque también me hace feliz la duda, el rompimiento de estructuras, el desafiar mis certezas y saber que nada es seguro, que nada es para siempre y que puedo trasgredir mis más altos preceptos. Es mejor no decir nunca, si así decían y ya un poco lo entiendo. También será bueno no juzgar de nada, dar opción porque el tiempo cambia las cosas,  tal vez no sea tan malo ni tan bueno, solo las cosas pasan y no, no cambian los sentimientos.  

No cambian los sentimientos y ese es el problema, aunque queramos negarlos, aunque no esté dentro del estándar que dibujamos o lo socialmente correcto. El sentimiento gana, sigue creciendo tal vez. Sea a favor o en contra, no cambia, sigue tan neutro, tan inexistente o creciendo, sigue como su origen, mantiene su esencia.  

Pero entonces ¿Qué hacemos?

Un no quiero con puntos suspensivos. Un no quiero que hoy sabe a si, un no quiero con miedo, no es como tantos dados una y otra vez.

¿Miedo de qué? De todo, de que sea, de que no, de que siga igual, de todo.

Miedo, maldito miedo o bendito, bendito cuando me avisa que pierdo algo, aunque… eso sería tristeza y yo lo que siento es miedo, miedo que avisa que tal vez no tengo elementos para enfrentarle... ¿Qué falta?.

Ya, claro, el miedo no es mío, es del contrario, del que no quiere arriesgar y perder. Aunque fuera ganar, la duda detiene y viene el miedo. Mi miedo no es mío, es tuyo y si es así, no puedo. Por eso no puedo, es más bien no quiero, así no quiero.

Mmm otra vez el miedo del otro ¿qué pasa? Qué provoca de cualquier forma el miedo, no me excluye, el elemento común soy yo, lo acepte o no, lo descubra o lo oculte. Hay miedo. ¿Qué me falta?

La duda no es en mis preceptos vitalicios, esos creo que ya fueron vulnerados. Ahora es el planteamiento de los nuevos, el "si" implica otras cosas, aunque dentro de todas está el riesgo, todo es nuevo, no sé si funcionarán, si serán mejor que los anteriores, si realmente es. En ello estoy. 

Y me han dicho que no puedo ¡que yo no puedo! Que nunca he podido, que seré incapaz de escribir un "no quiero así" claro y sin más puertas ni ventanas abiertas... No les culpo, no lo he hecho, pero no me reten, porque a veces se puede desafiar a las más grandes fuerzas de mis miedos y entonces...

Entonces No quiero, terminó...adiós.


Siempre es bueno sabernos vulnerables, solo para no caer, solo para seguir siendo inquebrantables;  tal vez para que el sentimiento no nos mate de miedo. 

lunes, 31 de diciembre de 2012

¿Cómo le digo al corazón lo que no siento?

19 de dic.
Siento claramente caer dentro de mi  el calor constante de la bilis, jugos gástricos o lo que sea, eso lo siento. Siento nauseas que mi experiencia me dice que es mi gastritis en grado avanzado, siento mi cerebro trabajar todo el tiempo intentando encontrar respuestas que no existen. Siento sueño porque poco duermo. Siento el dolor interno de mi tuvo torácico. Siento ganas de llorar todo el tiempo y que todo es en mi contra. Siento que la vida de repente se nubla  y me pierdo en la bruma… 

Tengo miedo de lo que no sé cómo termine superando.  Sé que se supera y eso ayuda, pero por ahora tengo dudas, muchas. Tengo urgencia de dar la vuelta a la página y escribir nuevamente otras historias, que igual pueden terminar y doler, pero quiero seguir escribiendo.

Tengo miedo de cansarme, de no querer escribir, de postergar demasiado el tiempo para cambiar de página, tengo miedo de mí, de mi miedo y sus efectos.
Siento esto, sé lo ya escrito, pero desconozco lo que no siento. Ignoro el fondo de mi ardor gastrointestinal, quiero ver el dolor de origen, pero le tengo miedo. Mis intestinos sintiendo, mi corazón pensando y mi cerebro sin saber qué hacer.
¡Ya me había pasado esto! Pero es como si se borrara, como si otra vez no hubiera respuestas y nunca lo hubiera vivido. Quiero verlo, de frente, que duela y me rasgue el alma, no importa, ese es el comienzo. Lo sé, sólo así pasa y vuelve a florecer mi alma. 

Ya quiero que pase, ya quiero ver la nada y maravillarme porque estoy sintiendo, pero aun no es el momento. Es tiempo de soportar lo que falte, de aprender del dolor, de dejar llorar al cerebro.
Si, que llore el pensamiento. Ya le encontraremos misión a los ojos, ya habrá tiempo para que ellos se maravillen de otros paisajes y lloren también, pero de esos modos cuando la emoción es vida, asombro y agradecimiento. 

Ya habrá otras historias, de esas donde el estómago digiere y deja volar mariposas, donde el corazón siente y el cerebro dice “sí” eso es lo que pienso. Ese momento llega, aunque ahorita se vea negro.

Lo mejor de la segunda muerte es que ya sabes que no mueres. Sólo se siente, pero la vida sigue latiendo, oculta al fondo de la confusión de las tripas y el corazón, pero está latiendo.

Disfrutemos este tiempo, este dolor del mundo, el mundo que me ha ofrecido todo y yo soy la que lo pierdo, me pierdo. Que Dios bendiga el dolor que siento, que él lo abrace, sí, solo así lo recuerdo y lo busco, solo así es como vuelvo y siento. 

Este es mi viaje de trenes quizás más austeros, pero tiene tal vez más que mostrarme que a otros pasajeros. 

Solo puedo bendecir esta rabia que siento ¡la siento! no la acepto, no la busco, no la espero, pero la siento. 

Estoy tan enojada que hasta el cuerpo lo rechaza. Quiero vomitar mi enojo y frustración, quiero decirle al mundo que ¡no lo merezco! aunque seguro que lo merezco, solo no me he dado cuenta, solo no he visto lo que tiene que dejar para que después lo aprecie y lo guarde como otra noche oscura que me mostró el sumidero más profundo de mi alma, ese que no está en el norte del país, sino en mis sentimientos ocultos, inexplorados e inexpertos.
No sé cuánto más duela, no sé si continuo con remedios o busco ya doctores que adormezcan el sufrimiento, pero quiero dejarlo arder, sentir por lo menos lo que siento, que no se tape, que no se oculte porque al final de cuentas ¡siento!.
Siento lo perdido, busco lo ganado y espero que todo pase y me haga crecer.  Que me muestre el mundo del dolor que necesito ver para entender al resto, un resto que no tiene lo que yo tengo.

Siento esto, bienvenido, seguiremos buscando qué más siento y a quién compartirlo sin odiar al resto, bien sabes quién es "el resto".
Que la felicidad de otros aliente la búsqueda que tengo, que no se limite ni se frustre, quiero que esta felicidad se extienda, hay suficiente, sólo hay que dejar pasar el miedo.
¡Tengo miedo! ¡Tengo coraje! ¡Tengo dolor! Y sé que muy en el fondo, todo es sentimiento.
Te de tila para mis nervios, omeprazol para este ardor y amigos, amidos para el corazón, no tengo otro remedio.

 P.D. Ud. Disculpe la redacción, a un poeta hay que creerle cuando escriba en prosa y mala dice Becquer, porque es cuando está sintiendo y yo SIENTO.

lunes, 3 de mayo de 2010

¿Dónde habita el miedo?

Lo más difícil de ser feliz, es no poder formular la receta...

De repente deseas compartir todo lo que al fin llega a tu vida, evitar que tus más cercanos tengan que pasar por las mismas crisis y caminos rugosos que cruzaste para llegar, pero al cuestionarte ¿cuál fue el secreto? ¿Dónde está el antídoto? Te das cuenta que no lo hay. Que se fue formando en cada crisis, en cada lágrima, en toda esa incertidumbre pasada. También entiendes que a la felicidad se llega aceptando todo, dejando de luchar por evitarlo y simplemente RESIGNARNOS A ELLO.

Resignación que no debe ser entendida como “pasiva aceptación del sufrimiento” sino como RE-Significar cada momento de nuestras vidas. DAr sentido a nuestros pasos, abrir nuestro interior y escuchar el mensaje en cada situación, saber por o para qué tenía que suceder. Dejar de bloquear la vida, no gastar nuestras fuerzas en intentar huir de la realidad y simplemente, detenernos. Descansar y asumir el riesgo de ser responsables de nuestras vidas.

Asumir riesgos, no hay otra forma. Enfrentar la posibilidad del dolor a cambio de ir conquistando nuestra felicidad. Disfrutando lo que es, que es mil veces mejor que lo que deseamos y no sabes ni siquiera si será real. ESTANDO, sólo estar, tal vez eso sea lo más difícil de la vida. Permanecer conscientes y olvidarnos del mundo cómodo de nuestra irrealidad.

Gustar de cada cosa aunque en apariencia resulte temeroso. Dejarnos disfrutar de lo que la vida nos pone en frente y no encapsularnos en un pasado que es seguro, pero ya no existe. Sabernos merecedores de este presente pleno y aún más, sabernos merecedores de ser mejores mañana. Si el sentido de nuestra vida son los recuerdos; podemos estar seguros que hemos muerto. Nada del pasado existe, ni el bien ni el mal, todo se ha transformado para ser distinto hoy.

¿Por qué tenemos miedo de merecer la felicidad, de ser aceptados por lo que somos o de rechazar lo que no somos? ¿Por qué en un mundo donde la riqueza es la diversidad, cada vez tenemos más miedo de reconocernos diferentes y por lo tanto importantes y necesarios para la vida? ¿Por qué jugamos a enajenarnos y creer que nada pasará?

Nuestra cotidianidad nos muestra el error en un mundo que se desbarata, que no logra encontrar su equilibrio porque lo estamos haciendo trabajar con la misma sustancia, cuando requiere de la combinación de todas para alcanzar el balance. ¿Por qué estamos dejando al d.t. sin jugadores, por qué formar “equipos” de uno?

Si nuestra naturaleza es complementaria, cómo pretendemos alcanzar la plenitud de forma individual, por qué esta idea tan absurda ha logrado enraizarse en nuestras mentes y dictar el camino de nuestra soledad, perdón, quise decir “sociedad”. Por qué no nos limitamos a ser quienes nos corresponde ser y permitimos que el resto haga lo suyo. Tal vez ahí encontraremos la riqueza de los otros, que no amenazan mi singularidad y por lo tanto; no necesito destruirlos.

Un mundo de iguales difícilmente dejará de padecer este MIEDO QUE PARALIZA. Si dentro de nuestras condiciones naturales está la trascendencia, cómo me dejaré de sentir amenazado si no he logrado detectar lo imprescindible de mi ser.

A este mundo le faltas tú, tú que intentas anonadarte y esperar que todo marche igual. El todo no puede estar completo sin una de sus partes.

Estamos muriendo de miedo de ser invisibles, luchamos por demostrar que existimos, necesitamos acumular materia porque hemos dejado atrás el espíritu, que nos hacía distintos e irrepetibles.

Tenemos miedo de morir pero al parecer estamos eligiendo no vivir, una respuesta ilógica que no sé quién introdujo a la mente humana; aparentemente sabia, nadie muere sin estar vivo, pero entonces no existimos.

¡La felicidad es la certeza de estar vivos! Eso es lo que estamos buscando tal vez, por eso este mundo se destruye. Necesita sentir la muerte para corroborar que existe, para no quedar en la nada de este vacío que hemos aceptado, de este sin sentido. Pero podrá terminar el mundo y la muerte no encontrará vida.

Prefiero la resurrección que enfrenta a la muerte y pasa de ella. No importa si muero a cada día o llorar y padecer la incertidumbre. He de aceptar la muerte con tal de estar muy viva y estarlo tanto que exista AMANDO. Morir a cada segundo, pero alcanzar el amor que al final me salva de todas mis muertes.



A-Mor, sin muerte -Ese es el secreto-

jueves, 18 de septiembre de 2008

y todo por esos malditos politiqueros de oficio

Lo vi venir cuando inició Calderón su sexenio y lo vi muy amigo de Uribe Balas (presidente de Colombia) no me gustó esa mancuerna. 

Son mis dos países, tendría que haberme alegrado la relación, pero sabía que no sería bueno, que era dar mayor poder a estados unidos y hundir mis dos naciones al mismo tiempo.

Cada vez veo más claro lo que me temía y no puedo evitar un sentimiento de dolor muy fuerte, de temor y recelo frente al futuro. Hay miedo en México, ese miedo que respiré en Colombia, no era mi miedo porque no era mi realidad, pero respiraba el miedo de los otros, ahora respiro el miedo de mi país, no quiero, me alejo un poco de los noticieros y creo que todo está bien, pero no se puede y los comentarios de la gente son en relación a la inseguridad. 

Me hablan de miedo, de no salir solos, de temor de estar en algún sitio que sea atacado con explosivos, que los Z´s (que a mi parecer no es sino una creación de mi gobierno) y que ahora ya dio pié al surgimiento de otros grupos que se escudan en este nombre y sobre los cuales el gobierno no tiene el control que creyó tendría al implementar su estrategia del miedo. Mayor miedo mayor control.

Sr. Calderón, sé que no lo hará, sé que por nada del mundo evidenciaría su maquiavélico plan y que nos va a llevar por un difícil camino intentando frenar lo que ud. inició y se le salió de las manos. Vivimos en un país militarizado, por Dios, qué necesidad había de esto, este no era México. Fue por su estrategia de Álvaro Uribe y aunque nuestra realidad no era como la colombiana, ahora si pinta para convertirse en lo mismo.

Odio el miedo, me molesta quien lo siembra y me molesta sentirlo, pero ahora está así, en el aire, en toda la gente. Se alborotó el panal y ahora habrá que esperar a ver cuando se terminan las abejas, con el riesgo de que después no vuelva a haber miel. 

Sr. Presidente, le manifiesto mi repudio y dolor por lo que está haciendo del país. Me molesta su presencia y sólo pido a Dios que no pasemos a la siguiente fase como en Colombia, porque si empiezan las bombas terminará por quitarle el alma a los mexicanos, por perder todo, porque sin tener ni siquiera seguridad de la vida ya no se puede SER. 

No quiero ver un pueblo que sale a olvidar, quiero ver a mi México que festeja y disfruta, que se queja pero por querer mejorar, por siempre querer más. No una sociedad que ya ni siquiera se queja, que se resigna y que se cansa de luchar ante el desalentador panorama, ante la destrucción de familias, ante el desgarramiento del alma. No quiero eso. Espero de verdad, que esto no sea más que una asociación de mi cerebro que compartió estas dos realidades y tiende a relacionar México-Colombia, pero me cuesta mucho dejar de hacerlo. 

Está tan obvia la estrategia de Calderón que sólo resta pedir a Dios que no permita que destruyan México. Porque México no es un lugar, un pedazo de tierra, México es su gente, el alma de los que habitamos y damos vida a este territorio.

Me da mucha tristeza ver un congreso debatiendo leyes para reforzar la seguridad, con la única finalidad de seguir contrarrestando campañas políticas y no realmente parar esta situación, me duele saber que el mismo gobierno sabe cuál ha sido el detonante de esta ola y prefiere seguir adelante luchando por un voto federal. Es este el gobierno que merecemos???

Creo que Veracruz, por su misma cultura indígena, tiene más miedo que Jalisco y ese miedo es el que respiro por ahora. Pero esta ola se extiende y va afectando a todo el país. No puedo tapar el sol con un dedo, los secuestros están a la orden del día en todas partes, las explosiones ya empezaron y yo no sé que más siga.

No podemos salir solos, no podemos ir a los antros, tengo miedo ir al grito porque hay amenaza… ¿qué es esto? ¿A dónde vamos??

De que me duele me duele…