Le escribo estas líneas antes de su partida, sólo para decirle que usted me cae bien. Tal vez por su misterio o su timidez, por sus arrebatos o su paz, su calidez o sus noches ventosas, su fuerza o fragilidad, su pasado o su presente… nunca he logrado entenderlo, quizás sea esto último lo que me ata a usted y me hace desear pensarlo en sus último horas, antes de que se marche.
Sabe, adoro su incertidumbre calendarizada. Aunque para el resto signifique el caos o un incomodo andar; yo disfruto al respirarlo, al sentirlo y vivirlo. Admiro su firmeza para comenzar el cierre y hacer mirar hacia adelante, sin que haga falta nada de ayer, sin temer no ser.
Usted no es mi preferido, pero es tan mío. A usted nunca lo nombraba, he de admitirlo. Pasaba por alto todo lo que a mí ha aportado, todo lo que es, todo lo que esconde, todo lo que grita y nadie quiere escucharlo. Ud. guarda algo que aún desconozco, pero he de descubrirlo.
Por su nacimiento lento, su mitad controvertida y claro su final con punto que hace saber que no le falta nada y en nada no tengo cabida, pero soy tan suya que quería decirlo y que como usted, tuviera fuerza mi último capítulo. Aunque siendo usted, este es el inicio.
Es cuanto Sr, lo admiro.
viernes, 30 de julio de 2010
miércoles, 30 de junio de 2010
¿Para qué?
Desde el primer día que cruzamos palabras, sucedieron cosas extrañas… desde ese entonces comenzaron los ¿para qué?.
Era irremediable cuestionarme todo y más sorprendente aún, encontrar extrañas respuestas o ni siquiera necesitarlas.
En aquel entonces conseguí pasarlos por alto, sumergida en tantas emociones, después no hice otra cosa que llamarlos a mi pensamiento para intentar entender TODO. Luego, TODO pareció tener respuesta y de pronto se quitaron los signos de interrogación. TODO sumó a mi vida. Entonces entendí tantas cosas y permití a la vida seguir su curso, dando gracias a Dios por TODO y no recriminando nada.
El tiempo transcurrió y suena ilógica aquella pasada cuestión en mi cabeza ¿para qué? Nuevamente no me queda claro, aunque ahora desde una posición muy distinta y sin apegos o sentidos de pertenencia. Es cómica la circunstancia, pero extraordinariamente sorprendente. Tanto que aunque no sea MI TEMA, creo que Dios tiene alguna respuesta que no logro escuchar y que para ser coincidencia es mucha, pero para Diosidencia es poca.
Sé que debe haber algo y no quisiera perderlo por mi ajetreada agenda , mi insensible estado o mi no enamorada interpretación. No se trata de ilusionarme o sentir cosas extrañas, sólo quiero conocer los mensajes del presente. Sólo sé que tengo que preguntarme ¿para qué?.
Es simplemente… DIOS, Dios de nuevo cruzando caminos, creando instantes y poniéndonos ahí…
¿Para qué? ja, si yo lo supiera… tal vez sólo para que podamos descubrir algo, tal vez sólo porque somos divertidos a sus ojos, o para que… sepamos que no somos notros quienes escribimos las cosas, que tiene una historia y hemos de descubrirla con el tiempo. Que apenas estamos a la mitad de las pistas y tontos seremos si no las reconocemos.
¿Para qué en ese preciso lugar? ¿Para qué regresar a la hora justa? ¿Para qué al terminar mi tiempo de hablar de ti? ¿Para qué tus reacciones? ¿Para qué mis preocupaciones? ¿Para qué tus enojos? ¿Para qué mis afectos? ¿Para qué tu compañía? ¿Para qué mi soledad? ¿Para qué mi ausencia de celos? ¿Para qué tú? ¿Para qué yo?...
No lo sé, ya no recordaba mis horas de duda. Aunque esta vez es distinto, no estoy ansiosa, no necesito conocer la respuesta para seguir adelante, todo lo contrario, me obligo a detenerme un poco, sólo por no pasar de largo, por encontrar los mensajes que Dios pudiera querer darme. Aunque caminado, aunque sin saber si es ÉL o soy yo la que pretendo encontrar señales en donde no las hay. Sólo procuro no estar dormida, sólo deseo que seas tú y que sea yo, sin necesitarnos, pero no restarte, no quedar a deber como en aquellos años, ni quedarme a deber a mí como también sucedió. No quisiera arrepentirme en el futuro y sentirme deudora. Sólo eso, de ahí mis ¿para qué´s? forzados, de ahí que necesite detenerme y sonreír, o decir ¡vaya Diosidencia! No sé para qué, pero si es voluntad de decirme algo, quisiera estar atenta.
Sólo eso.
De nuevo no quería molestarte, aunque lo hiciste, sólo que el momento, el lugar y las circunstancias; me hicieron creer que tenía que no dar la vuelta. Enfrentar la vida y sus accidentes, para vivir, sólo así se vive.
En mis intentos de respuesta a mis ¿para qué? No descarto la posibilidad del intercambio de lugares, si era mi lugar y era mi hora ¿no tendría que haber sido yo? No estarás aportando a mí aún sin saberlo. No lo sé. ¿Será que aún no te libera de tu penitencia?
Te agradezco y me disculpo. Tal vez hubiera preferido no fuera mi hora ni fuera mi lugar, pero yo no lo dispuse, ni siquiera lo imaginé.
Todo es un misterio, un misterio curioso, como ÉL tanto disfruta hacerlos. Si así fue, fue perfecto. Sólo me falta saber ¿para qué?
Ojalá tu tengas tus respuestas, yo sin duda iré encontrando las mías.
Todo siempre tiene sentido.
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lunes, 3 de mayo de 2010
¿Dónde habita el miedo?
Lo más difícil de ser feliz, es no poder formular la receta...
De repente deseas compartir todo lo que al fin llega a tu vida, evitar que tus más cercanos tengan que pasar por las mismas crisis y caminos rugosos que cruzaste para llegar, pero al cuestionarte ¿cuál fue el secreto? ¿Dónde está el antídoto? Te das cuenta que no lo hay. Que se fue formando en cada crisis, en cada lágrima, en toda esa incertidumbre pasada. También entiendes que a la felicidad se llega aceptando todo, dejando de luchar por evitarlo y simplemente RESIGNARNOS A ELLO.
Resignación que no debe ser entendida como “pasiva aceptación del sufrimiento” sino como RE-Significar cada momento de nuestras vidas. DAr sentido a nuestros pasos, abrir nuestro interior y escuchar el mensaje en cada situación, saber por o para qué tenía que suceder. Dejar de bloquear la vida, no gastar nuestras fuerzas en intentar huir de la realidad y simplemente, detenernos. Descansar y asumir el riesgo de ser responsables de nuestras vidas.
Asumir riesgos, no hay otra forma. Enfrentar la posibilidad del dolor a cambio de ir conquistando nuestra felicidad. Disfrutando lo que es, que es mil veces mejor que lo que deseamos y no sabes ni siquiera si será real. ESTANDO, sólo estar, tal vez eso sea lo más difícil de la vida. Permanecer conscientes y olvidarnos del mundo cómodo de nuestra irrealidad.
Gustar de cada cosa aunque en apariencia resulte temeroso. Dejarnos disfrutar de lo que la vida nos pone en frente y no encapsularnos en un pasado que es seguro, pero ya no existe. Sabernos merecedores de este presente pleno y aún más, sabernos merecedores de ser mejores mañana. Si el sentido de nuestra vida son los recuerdos; podemos estar seguros que hemos muerto. Nada del pasado existe, ni el bien ni el mal, todo se ha transformado para ser distinto hoy.
¿Por qué tenemos miedo de merecer la felicidad, de ser aceptados por lo que somos o de rechazar lo que no somos? ¿Por qué en un mundo donde la riqueza es la diversidad, cada vez tenemos más miedo de reconocernos diferentes y por lo tanto importantes y necesarios para la vida? ¿Por qué jugamos a enajenarnos y creer que nada pasará?
Nuestra cotidianidad nos muestra el error en un mundo que se desbarata, que no logra encontrar su equilibrio porque lo estamos haciendo trabajar con la misma sustancia, cuando requiere de la combinación de todas para alcanzar el balance. ¿Por qué estamos dejando al d.t. sin jugadores, por qué formar “equipos” de uno?
Si nuestra naturaleza es complementaria, cómo pretendemos alcanzar la plenitud de forma individual, por qué esta idea tan absurda ha logrado enraizarse en nuestras mentes y dictar el camino de nuestra soledad, perdón, quise decir “sociedad”. Por qué no nos limitamos a ser quienes nos corresponde ser y permitimos que el resto haga lo suyo. Tal vez ahí encontraremos la riqueza de los otros, que no amenazan mi singularidad y por lo tanto; no necesito destruirlos.
Un mundo de iguales difícilmente dejará de padecer este MIEDO QUE PARALIZA. Si dentro de nuestras condiciones naturales está la trascendencia, cómo me dejaré de sentir amenazado si no he logrado detectar lo imprescindible de mi ser.
A este mundo le faltas tú, tú que intentas anonadarte y esperar que todo marche igual. El todo no puede estar completo sin una de sus partes.
Estamos muriendo de miedo de ser invisibles, luchamos por demostrar que existimos, necesitamos acumular materia porque hemos dejado atrás el espíritu, que nos hacía distintos e irrepetibles.
Tenemos miedo de morir pero al parecer estamos eligiendo no vivir, una respuesta ilógica que no sé quién introdujo a la mente humana; aparentemente sabia, nadie muere sin estar vivo, pero entonces no existimos.
¡La felicidad es la certeza de estar vivos! Eso es lo que estamos buscando tal vez, por eso este mundo se destruye. Necesita sentir la muerte para corroborar que existe, para no quedar en la nada de este vacío que hemos aceptado, de este sin sentido. Pero podrá terminar el mundo y la muerte no encontrará vida.
Prefiero la resurrección que enfrenta a la muerte y pasa de ella. No importa si muero a cada día o llorar y padecer la incertidumbre. He de aceptar la muerte con tal de estar muy viva y estarlo tanto que exista AMANDO. Morir a cada segundo, pero alcanzar el amor que al final me salva de todas mis muertes.
Resignación que no debe ser entendida como “pasiva aceptación del sufrimiento” sino como RE-Significar cada momento de nuestras vidas. DAr sentido a nuestros pasos, abrir nuestro interior y escuchar el mensaje en cada situación, saber por o para qué tenía que suceder. Dejar de bloquear la vida, no gastar nuestras fuerzas en intentar huir de la realidad y simplemente, detenernos. Descansar y asumir el riesgo de ser responsables de nuestras vidas.
Asumir riesgos, no hay otra forma. Enfrentar la posibilidad del dolor a cambio de ir conquistando nuestra felicidad. Disfrutando lo que es, que es mil veces mejor que lo que deseamos y no sabes ni siquiera si será real. ESTANDO, sólo estar, tal vez eso sea lo más difícil de la vida. Permanecer conscientes y olvidarnos del mundo cómodo de nuestra irrealidad.
Gustar de cada cosa aunque en apariencia resulte temeroso. Dejarnos disfrutar de lo que la vida nos pone en frente y no encapsularnos en un pasado que es seguro, pero ya no existe. Sabernos merecedores de este presente pleno y aún más, sabernos merecedores de ser mejores mañana. Si el sentido de nuestra vida son los recuerdos; podemos estar seguros que hemos muerto. Nada del pasado existe, ni el bien ni el mal, todo se ha transformado para ser distinto hoy.
¿Por qué tenemos miedo de merecer la felicidad, de ser aceptados por lo que somos o de rechazar lo que no somos? ¿Por qué en un mundo donde la riqueza es la diversidad, cada vez tenemos más miedo de reconocernos diferentes y por lo tanto importantes y necesarios para la vida? ¿Por qué jugamos a enajenarnos y creer que nada pasará?
Nuestra cotidianidad nos muestra el error en un mundo que se desbarata, que no logra encontrar su equilibrio porque lo estamos haciendo trabajar con la misma sustancia, cuando requiere de la combinación de todas para alcanzar el balance. ¿Por qué estamos dejando al d.t. sin jugadores, por qué formar “equipos” de uno?
Si nuestra naturaleza es complementaria, cómo pretendemos alcanzar la plenitud de forma individual, por qué esta idea tan absurda ha logrado enraizarse en nuestras mentes y dictar el camino de nuestra soledad, perdón, quise decir “sociedad”. Por qué no nos limitamos a ser quienes nos corresponde ser y permitimos que el resto haga lo suyo. Tal vez ahí encontraremos la riqueza de los otros, que no amenazan mi singularidad y por lo tanto; no necesito destruirlos.
Un mundo de iguales difícilmente dejará de padecer este MIEDO QUE PARALIZA. Si dentro de nuestras condiciones naturales está la trascendencia, cómo me dejaré de sentir amenazado si no he logrado detectar lo imprescindible de mi ser.
A este mundo le faltas tú, tú que intentas anonadarte y esperar que todo marche igual. El todo no puede estar completo sin una de sus partes.
Estamos muriendo de miedo de ser invisibles, luchamos por demostrar que existimos, necesitamos acumular materia porque hemos dejado atrás el espíritu, que nos hacía distintos e irrepetibles.
Tenemos miedo de morir pero al parecer estamos eligiendo no vivir, una respuesta ilógica que no sé quién introdujo a la mente humana; aparentemente sabia, nadie muere sin estar vivo, pero entonces no existimos.
¡La felicidad es la certeza de estar vivos! Eso es lo que estamos buscando tal vez, por eso este mundo se destruye. Necesita sentir la muerte para corroborar que existe, para no quedar en la nada de este vacío que hemos aceptado, de este sin sentido. Pero podrá terminar el mundo y la muerte no encontrará vida.
Prefiero la resurrección que enfrenta a la muerte y pasa de ella. No importa si muero a cada día o llorar y padecer la incertidumbre. He de aceptar la muerte con tal de estar muy viva y estarlo tanto que exista AMANDO. Morir a cada segundo, pero alcanzar el amor que al final me salva de todas mis muertes.
A-Mor, sin muerte -Ese es el secreto-
miércoles, 28 de abril de 2010
Para compensarte…
No te conozco, imaginé sobre ti…tanta ilusión me hizo creer que te encontraba. Y hoy, aún sin conocerte, siento la nostalgia de saber que no eras, que no nos hemos visto, que sigo imaginando tanto de tí, que cada vez eres más grande y lejano y… no sé cómo encontrarte, en dónde te busco o si no se trata de buscarte, pero entonces ¿cómo hallarte?
Me siento tan en deuda, sabiendo que di tan poco y creí que eso era darse; por los que no luché, por los que nunca amé. Era una vana caricatura de satisfacer mis necesidades, de sentirme protegida, de admirar a alguien, pero no eras tú. Jamás me preocupé por aportarles, por sembrar un poco y no utilizarles. ¿Qué hice con el amor reprimido? ¿Dónde está? ¿Por qué no existió? ¿Quiénes son ellos?
¿Por qué no he sabido encontrarte? ¿Por qué mi indiferencia o mi posesiva razón? ¿Por qué mi ilógica historia de amor? ¿Por qué la vida sucedía aún sin color? ¿Por qué la perfección? ¿Por qué confundí todo y en ti nunca me fundí? ¿Por qué y por qué?
No lo entiendo ¿en dónde estoy? sí, yo, esa otra parte de mí que me hace falta. Esa otra parte que está completa, como lo está esta primera, pero que inexplicablemente es incompleta, no es el todo, no está plena. Esa otra parte que se comparte sin debilitarse. Esa otra parte que crece cuando se divide y nace sin escaparates.
Esa otra parte que creí encontrarle y no había ni de qué hablarle, que no crecía, que era desgastarle y que ¡no dolía verle terminarse!.
La otra parte, que creí encontrarle. No era nada, sólo quería amarle, pero no podía, no tenía qué darle. No éramos dos, ni éramos uno; éramos un espacio que quería llenarse. Y es que a la ausencia no hay quien pueda sumarle, no estaba presente, tenía que encontrarme… me duele haber restado a tu vida y no darte, esta que ahora soy, pero no es de nadie.
Te pido perdón, no quería dañarte. Quisiera decirte que nunca es tan tarde, que confíes en tí, que vas a encontrarle. No era yo la chica que habría de sumarte. Pero en el amor, no importa si es tarde, el alma se crece y comienza a agregarle, horas a los días y en vez de espantarte; tendrás el deseo de más para darle, sentirás sublime tu cuerpo que late y sabrás entonces que no supe darte, lo que tu buscabas, porque no era nadie.
Nadie que aportara, nadie para amarte. Era sólo esa; la niña cobarde...que pensó encontrarte.
Más bastaba entonces con querer culparte; porque no la amabas, por querer marcharte, porque el corazón quería arrancarse, por miedo tal vez de saber que nadie, ni antes ni ahora, podrían amarle.
Luego comprendí, lo que no explicaste; no existía mujer a quien poder amarle. Era yo una niña, la niña cobarde, que unos días soñó que el corazón late, con una caricia o tal vez besarle. Pero nunca supo todo lo que es darse, dar la vida misma por aquel que vale. Darse por completo sin poder restarle, ninguna alegría hasta al más cobarde…
Este era el amor, tardé en encontrarle, pero hoy que existe ¿cómo limitarle? a una persona, sería muy cobarde. Se ama a todo en uno, porque el mundo vale, en ti lo encontré, más falta encontrarte.
Este era el amor, tardé en encontrarle, pero hoy que existe ¿cómo limitarle? a una persona, sería muy cobarde. Se ama a todo en uno, porque el mundo vale, en ti lo encontré, más falta encontrarte.
El amor ya es uno y hoy quiero darte, este amor que tengo, que siento y que arde. Ya no acepta más la niña cobarde, de ilusiones rosas o llantos de tarde. No quiere poemas, ni flores como antes, es feliz sabiendo que ha de encontrarte, que no puedes irte, que no ha de buscarte, porque tu ya existes, sólo ha de esperarte.
Encontrarte en todo y luego… mirarte, saber que tú eres y que nunca es tarde, que amo la vida, la vida que late, la vida que es tuya, que no puedo darte, pero que con gusto he de acompañarte.
Contarte la historia de mi amor de tarde, que nubló mi vista cuando creí ayarle. Pero cuando ahora recuerdo esa tarde, sé eran más mis ganas, mis ganas de hallarte. Nunca estuve plena, ¿qué podría yo darle? era la esperanza de poder llenarme, ese no era amor, ese no era nadie, aunque me atormente decirme “no amaste”, era sólo un sueño, bastó despertarme.
Y de mi pasado quisiera contarte, cada palabrita que esperé a contarte. Darte cada beso que no pude darte, esperar que rías, rías para amarte. Y jamás decirnos reclamos cobardes, que al final la vida ha de compensarte, todo amor que antes, nunca supe darte.
Te amo como nunca, te amo como nadie, amo a todo el mundo porque nunca es tarde. Y ahora pretendo, contar o contarte, que no importa nada, cuando aquella tarde, pediste ser novios y soñé en casarme. Torpe niña linda que quería brindarte, una vida plena, sin saber besarte. Que perdió su vida, que vio desgarrarse, su sueño de niña, su amor disfrazarse, de aquella ilusión de un día casarse, con el guapo aquel que iba a rescatarle, en grande corcel con trajes y pajes.
Pobre niña linda, no quería asustarse, pero no sabía cómo comportarse. Si el amor se acaba ¿dónde ha de comprarse? Era muy poquito, temía se acabase y lo vio extinguirse sin ella explicarse, dónde estaba todo ¿por qué ha de acabarse? si estaba guardado bajo muchas llaves.
Era sólo tuyo, tuyo y tan de nadie. Por qué nadie dijo, que tenía que darse, que de lo contrario éste iba a acabarse, que era necesario arriesgar, quebrarse; para convertirse en amor durable, de dolor y lucha, de risas y bailes o en corazón roto para restaurarle, para que mi amor pudiera curarte, todas tu heridas, en lugar de darte, grandes comentarios que a más de cansarte, opacaron todo, no supe escucharte.
Me oculté ante tí ¡fui yo tan cobarde! Faltó confesar, ese amor tan tuyo que deseaba darse, que esperaba ansioso de mí liberarse.
No es culpa de nadie, nadie puede hallarle, se perdió en el viento, aún puedo escucharle. Pero busca ahora, corazón no tardes, esa parte linda donde pueda estarse, donde no le falta nada para darse, ni amor ni el temor, aunque superable, porque estoy segura, hoy mejor que nadie, que vencerá el miedo, que sabrá entregarse. Que no acepta ya, rupturas cobardes. Que no puede más éste ocultarse, que está pleno y lleno, que ya puede darse.
Perdone usted _si de usted he de hablarle_ No era mi intensión, yo creía amarle. Tengo aún dolor, por no convidarle, un poco de vida o una linda tarde, pero el corazón, era aún cobarde, esa torpe niña, no quería dañarle. Sólo que no supo cómo demostrarle, que no estaba solo, que podía confiarle; su corazón roto o su herida grande,que quería sanar antes que besarle, pero la ilusión aprendió muy tarde, con mucho dolor, ese siempre sale, pero al fin de cuentas, se enteró muy tarde, que para el amor, había que esforzarse, compartir la vida, no solo gozarle.
Abrazar sus miedos y no cuestionarle. Asumir los propios, no querer retarles… pero en el amor, casi siempre tarde, entiende la vida, que el dolor es parte, del camino dulce donde ha de encontrase, tu dolor o el mío, _de tu he vuelto a hablarle_ los sueños de antes, pero a todo esto, sólo hay que sumarle, el momento justo y empezar a amarle.
Que de TU o Usted, tenía que contarle, todo lo antes dicho y que nadie calle.
Amo lo que eres, amo aunque no hay nadie, amo lo que escribo, porque lo inspiraste. Amo que el dolor sea el más cobarde, que se va corriendo al verte besarme. Que mi amor es tuyo, tuyo y no de nadie. Que tu amor es mío y quiero compensarte. Que ya tengo todo para poder darte, mi vida o la tuya, no puedo engañarte, todo lo que tengo ya fue tuyo antes.
Somos uno mismo, basta de llorarle, a un pasado triste ¡Triste si acabase!, pero hoy comienza, vuelve a renovarse. Mira si Dios mismo tendría que ocuparse, de trazar caminos para reencontrarte, para que pudiera, ahora poder darte, un amor más pleno, el que no es cobarde.
Te amo como nunca y voy a encontrarte.
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lunes, 19 de abril de 2010
Qué te diría…
Qué te diría…
Tal vez nada. Sería tan comunicativo. Sólo me gustaría contactar tus ojos y saber que todo está bien. Que no hace falta más, pero hace falta tanto que no termina aquí.
Abrazarte fuerte y después… soltarte.
Este si era el final, esta era la fecha y este el lugar.
Tal vez nada. Sería tan comunicativo. Sólo me gustaría contactar tus ojos y saber que todo está bien. Que no hace falta más, pero hace falta tanto que no termina aquí.
Abrazarte fuerte y después… soltarte.
Este si era el final, esta era la fecha y este el lugar.
Recuerdos futuros...
Se me había olvidado, no sé cómo conseguí hacerlo ¿en qué momento me olvidé de todo lo que no he vivido y es tan cierto?
Recordarte futuro es tan pleno, no comprendo cómo pude pasarlo por alto. Ahí estás tú y ellos y nosotros. Ahí, en mi memoria, te pienso y lloro. Ahí te pierdo, te encuentro y luego...no sé.
Ahí estamos con calma, sin prisa de existir aunque existiendo.
Ese recuerdo futuro, es tan claro que juro que es real. ¡¿Qué estoy diciendo?!
¡Recuerdo que es real!
Recordarte futuro es tan pleno, no comprendo cómo pude pasarlo por alto. Ahí estás tú y ellos y nosotros. Ahí, en mi memoria, te pienso y lloro. Ahí te pierdo, te encuentro y luego...no sé.
Ahí estamos con calma, sin prisa de existir aunque existiendo.
Ese recuerdo futuro, es tan claro que juro que es real. ¡¿Qué estoy diciendo?!
¡Recuerdo que es real!
martes, 16 de marzo de 2010
Dime...
Escribo sobre el amor, por si pronto esta posibilidad desaparece. No porque mi concepto cambie o mi fe en él se desvanezca; sólo porque nada es tan difícil como intentar definirle y en estado activo, simplemente es imposible.
Quisiera poder apostar un poco por el motor de todos los tiempos y que extrañamente en nuestra época, nos negamos a aceptarle. Supongo que de nada encontraremos más material como de este tema; en la literatura, en el cine, en la televisión, en la música… en todo. Aún en nuestra complicada y devaluada sociedad, nada resulta más RENTABLE, que el amor.
Tal vez nos aterra tanto la imposibilidad de evadirlo, que emprendemos una ilógica guerra imposible de ganar.
Tal vez el punto de la RENTABILIDAD facilitó que se devaluara. De pronto creímos que amor incluía un símbolo de pesos y significaba un valor adquisitivo. El afecto se ha vuelto una obligación que se compra y se envuelve en lujosos papeles. El cariño es un valor transaccional y el amor es un día de una gran boda con unos cuantos meses de deseo. Ante este panorama, no culpo a todos aquellos que han desistido de vivirle, sin duda yo también lo haría...
Pero, ¡ALTO!. Apaga la televisión, la música, el internet, los periódicos, las revistas… detén todo, busca en el silencio interior y …
Dime cuándo fue la última vez que saltaste temprano de la cama, con alegría inexplicable, deseando ser mejor y nada parecía imposible.
Dime cuando sentiste impotencia y dolor profundo que te hizo verte insignificante ante la imposibilidad de evitar el daño o dolor a ese alguien, más fuerte que si fueras tú.
Dime cuándo la felicidad no necesitó razones y todo era perfecto.
Dime cuándo ningún riesgo era mayor que aquella decisión que nacía de adentro, sin aparentes razones.
Dime cuando todo el pasado tomó sentido de repente.
Dime cuándo el miedo fue vencido, pese a toda antigua decisión.
Dime cuándo fuiste todo y hacía falta para darte.
Dime cuándo tuviste fuerzas para trabajar largas horas sin que el cansancio te frenara.
Dime cuándo todo en tí y fuera, era perfecto sin haber cambiado nada.
Dime cuándo todos se reían de tu felicidad.
Dime cuándo no importaba ser todo lo que nunca creíste ser.
Dime cuándo el tiempo corrió a extrañas velocidades.
Dime cuándo tu silencio dijo tantas cosas.
…dime, dime, dime
Dime por qué es tan fácil aceptar un falso discurso de un amor comprado y temporal, cuando has vivido esa fuerza que no necesitó más que dejarla ser.
Dime por qué dudas de tí, si sabes que con él se puede todo.
Dime porqué tienes miedo a ser quien eres.
Sólo dime… y si crees que todo lo que se dice afuera, es verdad… Entonces dedicaré mis letras a desmentir a tantos que hablan sobre largos años de felicidad compartida. Entonces no volveré a sonreír cuando vea a dos que son felices sin razón, entonces dejaré de buscar lo inencontrable.
Sólo entonces haré desaparecer mis recuerdos infundados.
Quisiera poder apostar un poco por el motor de todos los tiempos y que extrañamente en nuestra época, nos negamos a aceptarle. Supongo que de nada encontraremos más material como de este tema; en la literatura, en el cine, en la televisión, en la música… en todo. Aún en nuestra complicada y devaluada sociedad, nada resulta más RENTABLE, que el amor.
Tal vez nos aterra tanto la imposibilidad de evadirlo, que emprendemos una ilógica guerra imposible de ganar.
Tal vez el punto de la RENTABILIDAD facilitó que se devaluara. De pronto creímos que amor incluía un símbolo de pesos y significaba un valor adquisitivo. El afecto se ha vuelto una obligación que se compra y se envuelve en lujosos papeles. El cariño es un valor transaccional y el amor es un día de una gran boda con unos cuantos meses de deseo. Ante este panorama, no culpo a todos aquellos que han desistido de vivirle, sin duda yo también lo haría...
Pero, ¡ALTO!. Apaga la televisión, la música, el internet, los periódicos, las revistas… detén todo, busca en el silencio interior y …
Dime cuándo fue la última vez que saltaste temprano de la cama, con alegría inexplicable, deseando ser mejor y nada parecía imposible.
Dime cuando sentiste impotencia y dolor profundo que te hizo verte insignificante ante la imposibilidad de evitar el daño o dolor a ese alguien, más fuerte que si fueras tú.
Dime cuándo la felicidad no necesitó razones y todo era perfecto.
Dime cuándo ningún riesgo era mayor que aquella decisión que nacía de adentro, sin aparentes razones.
Dime cuando todo el pasado tomó sentido de repente.
Dime cuándo el miedo fue vencido, pese a toda antigua decisión.
Dime cuándo fuiste todo y hacía falta para darte.
Dime cuándo tuviste fuerzas para trabajar largas horas sin que el cansancio te frenara.
Dime cuándo todo en tí y fuera, era perfecto sin haber cambiado nada.
Dime cuándo todos se reían de tu felicidad.
Dime cuándo no importaba ser todo lo que nunca creíste ser.
Dime cuándo el tiempo corrió a extrañas velocidades.
Dime cuándo tu silencio dijo tantas cosas.
…dime, dime, dime
Dime por qué es tan fácil aceptar un falso discurso de un amor comprado y temporal, cuando has vivido esa fuerza que no necesitó más que dejarla ser.
Dime por qué dudas de tí, si sabes que con él se puede todo.
Dime porqué tienes miedo a ser quien eres.
Sólo dime… y si crees que todo lo que se dice afuera, es verdad… Entonces dedicaré mis letras a desmentir a tantos que hablan sobre largos años de felicidad compartida. Entonces no volveré a sonreír cuando vea a dos que son felices sin razón, entonces dejaré de buscar lo inencontrable.
Sólo entonces haré desaparecer mis recuerdos infundados.
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lunes, 22 de febrero de 2010
Este AMOR
...encontrar amor en ti sin estar ya enamorada.
Este amor que hubo de conocer todo sentimiento. El que sin duda te incluye, pero ya no te precisa. El que supera toda razón y encuentra admiración en tu SER más no requiere tu persona.
Este amor que no me resta ni te aporta. Este amor que encuentro en ti y no contigo. Este amor que me diste, sin haber estado. Este amor del cual huiste para encontrarlo.
Este amor que no eres tú, pero es tan tuyo.
-Este amor que al fin es mío-
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miércoles, 10 de febrero de 2010
Me vestí de mi y no era yo...
¿A cuántas cosas me he aferrado creyendo que me definen, porque formaron parte de mi pasado?¿ Cuáles son mis tesoros que guardo, sin ser consciente que tenían fecha de caducidad? ¿Por qué mi presente sigue esperando turno para ocupar plenamente su lugar?
Soltar, dejar pasar, aceptar con gusto las despedidas, guardar recuerdos pero no melancolía… aspectos que se han sumado a mi búsqueda, que resultan provechosos y congruentes con mi vida; pero que aún no están completos.
Escondido, en el fondo, he dejado un as por si arriesgar resultara demasiado peligroso. Allá, donde nadie podrá encontrarlo y con la certeza que no lo buscaré a menos que sea inminente, allá se encuentra el más grande candado de mi libertad.
Ahí se fundamenta mi seguridad y mi valor, no es verdad el cambio, no he querido dejarlo todo, juego a engañarme junto con el resto que alaba mis nuevos pasos.
Tengo la llave en mis manos, dudo en querer deshacerme realmente de todo, podría estar equivocada y entonces ¿Cómo podré volver a mí, cómo recuperarme? No habría más que aceptar lo que la vida me ofrezca y no tengo la certeza de estar conforme con ello. No sé si valga la pena arriesgar todo por algo que desconozco.
Me cuestiono una y otra vez en mi cabeza, reclamo mi cobardía, mi falta de coraje para enfrentar la vida, para confiar en mí y saber que si hasta ahora he logrado lo que tengo, soy más fuerte para que mi futuro sea mejor.
Limpiar un poco mis espacios y respirar el fresco vacío, sin temer a que sea permanente, sabedora que ese lugar sólo será renovado y bendecido de nuevo, por la mano que hasta ahora me ha dado lo que tengo y me niego a soltar.
Si nada fue nunca mío, si no fue realmente mi esfuerzo, el que me dio la felicidad, sino la gracia divina ¿Por qué me olvido y quiero controlar, creyéndome todopoderosa y confiando únicamente en mi limitada capacidad? ¿Por qué mi ego se autoengaña y fortalece con un falso discurso? ¿Por qué no acepto que nada de lo que soy, ni de lo que he hecho, hubiera sido si no hubiera permitido que esa fuerza divina actuara en mí? ¿Por qué si cada año me ha hecho crecer, prefiero mantenerme en el pasado, cuando carecía de tantas cosas que ahora tengo? ¿Por qué me falta valor para seguir creciendo y recibir lo que aún me falta por obtener? ¿Por qué recurro a mi pasado, aunque este ya no sea deleitable como en aquellos años?
¿Por qué me aferro a malgastar mis completos días felices, provocando un recuerdo que ya ni siquiera es claro? ¿Por qué no bendigo mi vida, disfruto de la emoción de descubrir todo esto nuevo y del reto que implica hacerlo mío?
¿Por qué tengo miedo de mi? Si finalmente la de antes ya no soy, si es esta la que me describe, me completa y me hace feliz…
Tal vez porque no lo había notado, tal vez porque tenía que darme cuenta que añoro lo que ya no deseo, pero me aferro a un capricho infantil. Tal vez porque tenía que sentirme disfrazada de una yo que ya no soy, para saber que ya no es eso lo que quiero y que me hace feliz haberlo sido, pero es momento de estar aquí y ser feliz.
Sólo eso, volver a renovar el misterio y deseo de seguir viviendo. Volver a agradecer cada día, porque se suma a aquellos y no me limitaron a tan poco tiempo. Porque como siempre, recibo lo que en el fondo he pedido, aunque mis palabras sean contradictorias y mi inteligencia tarde en comprender a ese ser, que siempre ha sido complaciente y conoce perfectamente su compleja obra.
No soy el resultado de las exigencias del trabajo, ni el modelo que solicitaron mis padres o el perfil que demanda mi mundo. Sólo soy yo, la que he decidido por mí; mi trabajo, mis exigencias, mis obediencias, mis rebeldías y el mundo en el que me desarrollo.
No es verdad que soy un producto hecho por alguien más. Fuí modelada en un principio, cuando aquella yo aún era yo, pero esta, la que me reúso a aceptar; es la que realmente soy, pero desconocía y me atemoriza enfrentar.
La de hoy, es el resultado de mis decisiones, que buenas o malas, he tomado por mí y responden plenamente a mis aspiraciones. Por eso no tiene sentido aferrarme a aquella, la anterior o la otra, que tal vez era, pero que hoy ya nada dicen de mí o siguen estando en mí; pero no en las cosas, no en los lugares, no en la gente, todo eso ya no está, ha evolucionado, tal vez es preciso avanzar para seguir encontrándonos o para conocer nuevos rostros, cosas y lugares que aún guardan mucho de mí.
No puedo aferrarme al pasado, porque ese quedó en las fotos, en los recuerdos y ahora borrosamente en mi mente, pero ya no aquí, no es del presente. No quiero perder la vida por un recuerdo muerto. Aquí está la llave, no habrá más as de seguridad, opto definitivamente por mi felicidad.
Soltar, dejar pasar, aceptar con gusto las despedidas, guardar recuerdos pero no melancolía… aspectos que se han sumado a mi búsqueda, que resultan provechosos y congruentes con mi vida; pero que aún no están completos.
Escondido, en el fondo, he dejado un as por si arriesgar resultara demasiado peligroso. Allá, donde nadie podrá encontrarlo y con la certeza que no lo buscaré a menos que sea inminente, allá se encuentra el más grande candado de mi libertad.
Ahí se fundamenta mi seguridad y mi valor, no es verdad el cambio, no he querido dejarlo todo, juego a engañarme junto con el resto que alaba mis nuevos pasos.
Tengo la llave en mis manos, dudo en querer deshacerme realmente de todo, podría estar equivocada y entonces ¿Cómo podré volver a mí, cómo recuperarme? No habría más que aceptar lo que la vida me ofrezca y no tengo la certeza de estar conforme con ello. No sé si valga la pena arriesgar todo por algo que desconozco.
Me cuestiono una y otra vez en mi cabeza, reclamo mi cobardía, mi falta de coraje para enfrentar la vida, para confiar en mí y saber que si hasta ahora he logrado lo que tengo, soy más fuerte para que mi futuro sea mejor.
Limpiar un poco mis espacios y respirar el fresco vacío, sin temer a que sea permanente, sabedora que ese lugar sólo será renovado y bendecido de nuevo, por la mano que hasta ahora me ha dado lo que tengo y me niego a soltar.
Si nada fue nunca mío, si no fue realmente mi esfuerzo, el que me dio la felicidad, sino la gracia divina ¿Por qué me olvido y quiero controlar, creyéndome todopoderosa y confiando únicamente en mi limitada capacidad? ¿Por qué mi ego se autoengaña y fortalece con un falso discurso? ¿Por qué no acepto que nada de lo que soy, ni de lo que he hecho, hubiera sido si no hubiera permitido que esa fuerza divina actuara en mí? ¿Por qué si cada año me ha hecho crecer, prefiero mantenerme en el pasado, cuando carecía de tantas cosas que ahora tengo? ¿Por qué me falta valor para seguir creciendo y recibir lo que aún me falta por obtener? ¿Por qué recurro a mi pasado, aunque este ya no sea deleitable como en aquellos años?
¿Por qué me aferro a malgastar mis completos días felices, provocando un recuerdo que ya ni siquiera es claro? ¿Por qué no bendigo mi vida, disfruto de la emoción de descubrir todo esto nuevo y del reto que implica hacerlo mío?
¿Por qué tengo miedo de mi? Si finalmente la de antes ya no soy, si es esta la que me describe, me completa y me hace feliz…
Tal vez porque no lo había notado, tal vez porque tenía que darme cuenta que añoro lo que ya no deseo, pero me aferro a un capricho infantil. Tal vez porque tenía que sentirme disfrazada de una yo que ya no soy, para saber que ya no es eso lo que quiero y que me hace feliz haberlo sido, pero es momento de estar aquí y ser feliz.
Sólo eso, volver a renovar el misterio y deseo de seguir viviendo. Volver a agradecer cada día, porque se suma a aquellos y no me limitaron a tan poco tiempo. Porque como siempre, recibo lo que en el fondo he pedido, aunque mis palabras sean contradictorias y mi inteligencia tarde en comprender a ese ser, que siempre ha sido complaciente y conoce perfectamente su compleja obra.
No soy el resultado de las exigencias del trabajo, ni el modelo que solicitaron mis padres o el perfil que demanda mi mundo. Sólo soy yo, la que he decidido por mí; mi trabajo, mis exigencias, mis obediencias, mis rebeldías y el mundo en el que me desarrollo.
No es verdad que soy un producto hecho por alguien más. Fuí modelada en un principio, cuando aquella yo aún era yo, pero esta, la que me reúso a aceptar; es la que realmente soy, pero desconocía y me atemoriza enfrentar.
La de hoy, es el resultado de mis decisiones, que buenas o malas, he tomado por mí y responden plenamente a mis aspiraciones. Por eso no tiene sentido aferrarme a aquella, la anterior o la otra, que tal vez era, pero que hoy ya nada dicen de mí o siguen estando en mí; pero no en las cosas, no en los lugares, no en la gente, todo eso ya no está, ha evolucionado, tal vez es preciso avanzar para seguir encontrándonos o para conocer nuevos rostros, cosas y lugares que aún guardan mucho de mí.
No puedo aferrarme al pasado, porque ese quedó en las fotos, en los recuerdos y ahora borrosamente en mi mente, pero ya no aquí, no es del presente. No quiero perder la vida por un recuerdo muerto. Aquí está la llave, no habrá más as de seguridad, opto definitivamente por mi felicidad.
Por eso me vestí de MÍ, y supe que esta soy yo.
miércoles, 20 de enero de 2010
HIPOCONDRIA
No es un virus, pero puede contagiarse.
Después de enfrentar la Cardioesclerosis, hubo que conocer la hipocondría. Suele suceder que esta aparezca tras alguna fuerte enfermedad, dicen los facultativos.
Parece ser que el sorprenderte enfermo por largo tiempo te alerta para no caer de nuevo y todo resulta amenazante.
_Pues bien, estoy lista doctor. No se preocupe en decir lo que sea, finalmente ya lo hemos enfrentado en otras ocasiones _ Le dije muy segura al mirar cierto misterio en su rostro.
Parece ser que el sorprenderte enfermo por largo tiempo te alerta para no caer de nuevo y todo resulta amenazante.
_Pues bien, estoy lista doctor. No se preocupe en decir lo que sea, finalmente ya lo hemos enfrentado en otras ocasiones _ Le dije muy segura al mirar cierto misterio en su rostro.
_HIPOCONDRÍA _Dijo mientras giraba la pluma que tenía en su mano _Sentir como propio el dolor ajeno, hacer tuyos los padecimientos externos… _Completó cuando vio mi cara de sorpresa y desconocimiento ante su nuevo diagnóstico.
_Esta enfermedad es significativa porque afecta la vida laboral, social u otras áreas importantes de la vida del enfermo. _Continuó en su explicación.
_De ahí que se diera tu cambio de hábitos, tu fragilidad inusual y claro, la búsqueda y deseo constante por sanar. De pronto pareciera que dejas de ser tú, en parte hay razón, pero también es cierto que sólo experimentas otras áreas de tu cuerpo y psique, que habían permanecido dormidas mientras no experimentabas el dolor o simplemente, aún no se desarrollaban.
No debes preocuparte, me atrevería a decir que es ANORMAL no padecerla después de lo vivido.
Sentirás el dolor ajeno, tendrás una vocecita que te instará a sanarlos. Tus viejos hábitos que solían mantenerte alegre, puede ser que en estas circunstancias te molesten o simplemente ya no los necesites y priorices nuevas experiencias.
Puesto que es un padecimiento que afecta a todos los aspectos de la persona; surgirá la necesitad de un conocimiento mayor, nada más sano que conocer nuestro cuerpo y sus reacciones, no hay nada que temer.
A menudo me encuentro con pacientes que presentan culpabilidad al enterarse de afecciones que fueron causadas por su mismo desconocimiento; impotentes de no haber actuado antes, deseosos de demandar al sector salud por no informar a sus agremiados a tiempo… _Lo dijo ya en un tono burlesco.
_Es entonces cuando los hago voltear a las paredes del hospital, seguir los medios de comunicación y escuchar con detenimiento las mismas pláticas cotidianas, suelen bajar la cabeza y reconocerse ausentes de su realidad todo el tiempo pasado.
Antes y ahora el mundo es el mismo, pero este es tu momento para que comiences a disfrutarlo _Me miró muy sereno y sonriente.
_Yo escuchaba atenta y dejaba terminar al doctor.
_Es tan normal esto que ahora presentas, que mira, tengo todo mi discurso armado, lo digo con bastante frecuencia, aunque no tanto como yo desearía, aun es importante el número de pacientes con enfermedades crónicas, como tú te encontrabas, menor que los que ya les han superado.
Siéntete afortunada, formas parte del “aun” selecto grupo de supervivientes, el temor de recaer o presentar otros males es bastante normal ¿no crees? _ Me miró fijamente como esperando conocer mis pensamientos, no pude argumentar nada, asentí con la cabeza y permití continuara su discurso. Sonrió con cierto aire de ternura y me dijo:
_ ¡No hay cura! esa es la buena noticia _ Lo dijo tan feliz y emocionado que me costaba entender a qué se refería, seguía atónita.
_Este es tu nuevo modo de vida, si así tú lo permites y no optas por volver a tu antigua enfermedad.
ESTAS VIVA Y TU CORAZÓN ESTÁ LATIENDO, aunque claro, como hemos escuchado de los grandes pensadores y nos lo han repetido todo el tiempo a través del cine “el corazón y la razón” siempre deben estar en contradicción, cuando estos se ordenan y cesa su lucha, creemos estar muriendo.
El dolor ajeno será tan tuyo que no te bastará vivir como antes, demandaras una cura y existirá un impulso en ti que altera tu sistema nervioso y no te dejará estar en aquella antigua pasividad. De repente padecerás todos los males del mundo y ninguno de mis pacientes, hasta ahora, ha aceptado dejar que el mal siga avanzando sin intentar por lo menos detenerle.
Será cansado, te espera una vida de constante lucha. ¿Sabes cuántas enfermedades encontrarás allá fuera? ¿Imaginas lo que será enfrentarte a las incurables? Que en este punto de muchas se habla, pero créeme que en la mayoría; es la falta de coraje para enfrentarles, lo que las hace entrar en esta categoría.
Yo prefiero categorizarlas en las simples, que por lo general están asociadas a lo físico y que basta un oportuno diagnóstico para sanarlas y las complicadas, que…_ sonrío y movió la cabeza como asumiendo algo que prefirió no compartirlo_ Que sólo toman un poco más de tiempo.
No temas al cansancio, encontrarás pronto en el tu deleite, ya verás.
_Se levantó y fue hacia su armario mientras decía _No tiene cura pero siempre habrá algo que pueda ayudarte a superar las crisis _Sacó un paquete que parecía contener bolsitas plásticas y regresó a su lugar_ En estas bolsitas irás almacenando tus lágrimas, tan pronto como reúnas una cantidad considerable deberás traerlas, puedes recogerlas con algodón, tampoco se trata de que inundes el hospital _bromeó un poco con la escena y continuó.
_ Con ellas preparamos el antídoto.
_¿El antídoto? _ Manifesté con cierta sorpresa y duda.
_SI, cada lágrima que tu derramas, se encarga de reconstruir aquellas fibras coronarias que fueron lastimadas durante tu padecimiento, estas son administradas mediante nebulizaciones. El mejor momento de absorción es cuando tu sistema nerviosos se encuentra exaltado, porque tu respiración es más profunda, así que no temas cuando se presente.
Mira _explicó_ si aprendiéramos a aflorar los sentimientos ante los distintos males que padecemos, nuestro propio llanto evitaría las enfermedades, pero como lo habíamos comentado, mantenemos nuestro corazón tan lejos de la razón que esto rara vez sucede. Por eso tenemos que recopilar tus emanaciones oculares y emplearlas en el momento preciso.
La hipocondria terminará con tu muerte, es vedad, pero con el tiempo tu cuerpo logrará compaginar los procesos de razón y corazón, de tal modo que puedas prescindir del medicamento. Aunque en ese entonces, si así lo deseas, podrá tu llanto permanecer en el banco de lágrimas, donde al tiempo que permites reducir el dolor ajeno, encontrarás menos padecimientos externos y por lo tanto, tu hipocondría, aunque en ese momento será fulminante puesto que es progresiva, encontrará menores factores externos por los cuales padecer.
¿Sabes de qué se componen las lágrimas? _ Me preguntó como esperando dar una gran noticia.
_De agua, supongo _respondí.
_Si, en parte por agua, pero también hay un alto contenido en GLUCOSA. Nunca lo olvides, tus lágrimas son dulces.
_Sonreí sin levantar la mirada _ Dr. No termino de asimilar lo que me dice, pero extrañamente me siento motivada. Es raro doctor, la condición humana es un misterio. ¿Qué pasará en los lugares públicos? ¿Sufriré a gritos los males de cada uno?
_Sonrió de nuevo_ No funciona así, de hecho es precisó la cercanía con los otros para padecerles. El “mal” consiste en tu necesidad de buscarles. Son tu mal y medicina. Curioso ¿no?
Anda, ve a casa. Tienes el mejor dolor del mundo “te duele el mundo” NO TENGAS MIEDO.
_Di las gracias y me levanté aun turbada.
_Ah!_ Dijo antes que cruzara la puerta_ Se me olvidaba, con la presencia de HIPOCONDRÍA, tu expediente vuelve al casillero de DONADORES.
_Sonreí profundamente si entenderlo del todo, rodó la primera para antídoto.
Y aquí estoy, en espera de ver multiplicarse mi padecimiento. De ser invadida. El corazón aún no articula del todo sus movimientos con la razón, pero van logrando un andar acompasado.
HIPOCONDRÍA: Sentir como propio el dolor ajeno, hacer tuyos los padecimientos externos… Mi Doctor la padece de mucho tiempo atrás, lo entendí con el tiempo, y espera ansioso un mundo de hipocondriacos.
La transfusión...
jueves, 14 de enero de 2010
TRABAJA EN PAZ...
Mira cuanta confianza te tiene esa mujer… me vio y fue a saludarme con ese comentario. Alegró mi espíritu con sus palabras y aún más, saber que me recordaba.
Tiempo atrás me había enseñado a degustar la vida y a apasionarme por la comunicación, a encontrarla en lo cotidiano. A ver, a escuchar, a gustar y disfrutar de todo, porque en todo había un lenguaje superior a la palabra.
No entendía que nos limitáramos, que nos bastara un idioma en un mundo tan majestuoso. Era un alma libre, esas que sólo consiguen los grandes, los que logran contemplar la magnitud de esta vida.
Sus comentarios siempre alentadores, motivantes, demandantes. Quería sembrar en sus alumnos el deseo de más. Veía en la juventud, el tesoro del tiempo para crecer. Sabía tanto y veía en nosotros la posibilidad de superarle en mucho.
Recuerdo su calma, su paz, la seguridad y fe en la persona, sabía el arte de AMAR y lo transmitía en todo, sin darnos cuenta.
Admiré el modelo académico de mi alma mater, nunca entendí cómo lograban formar personas libres, responsables y con un sentido altamente humano. Desde mi primer semestre vi la transformación que comenzaban a generar en mí, pero no entendía de dónde provenía o cómo se alcanzaba; de cualquier forma mi admiración era amplia.
Después, ya en 6to semestre, comentó “a falta de gente honrada, hicieron a su apà alcalde” Ahí supe que había sido durante su rectoría que se genero este modelo de educación y entendí mucho de lo que para mí, hasta ese entonces, era un misterio. Bastaba verlo para notar su sabiduría y su compromiso por la formación.
Al final del semestre convocó a RETIRO, iríamos a las cabañas de su familia, sin duda eso éramos, formó una gran familia en cada uno de sus alumnos. El llevaría las cervezas, después entendí su sabiduría. Fue un gran día, me tocó viajar en su carro, hubo tiempo para compartir lo cotidiano. Recuerdo que cuestioné temas que me hacían ruido en ese momento y deseaba una mirada que me ampliara mi criterio, no recuerdo con certeza lo que hablamos, sólo ese momento que para mí era de “ahora o nunca”.
Mi ensayo final iba a acompañado de mis libros, pensó que eran suyos y puso su nombre en la caratula, después manifestó su confusión y ganó valor mi libro con su nombre de puño y letra. Sabiamente me dejó un gran presente. Se le perdió otro de mis libros, mi preferido, sin darme cuenta me dejó hacerle un regalo. Ahora intento “analizar ese discurso” lo agradezco y me emociona un poco.
Festejamos, la comunidad, sus 50 años de la misión que había decidido emprender con gran fuerza. Lo encontraba en la misa de los miércoles. Lo veía con su paso, corto y seguido, por los pasillos de la universidad. Aún escucho su voz clara y firme. No consigo imaginarlo frágil, débil, su paz era demasiado fuerte, creo que no conocía el miedo.
Siempre fue libre porque eligió atarse, con fuerza y sin titubear, a su misión.
Hasta hoy, no era consciente de lo que representaste, RAUL. TE vamos a extrañar, aunque sigues presente; sabiamente supiste dejar tu vida en nosotros. Vivirás en CADA UNO, intentaremos hacerlo muy vivos, muy conscientes, como tú lo hacías.
Te veo ahí, con tu firmeza esperando el turno para hablar con Dios y escuchar la nueva encomienda. No puedo pensarte inerte, tienes demasiada vida “el espíritu vivifica” ya no podía contenerte este mundo.
Irás a interpretar un mensaje superior, harás una revolución en el cielo, estoy segura.
También dijiste que si alguien quería tu plaza, te ibas. Sé que eso haces, nos quieres ver activos. Sin duda muchos la queremos, pero nadie podrá llenarla.
No puedo terminar con un DESCANSE EN PAZ, estoy segura que seguirás trabajando. TRABAJA EN PAZ, me ofrezco colaboradora en este mundo.
Tiempo atrás me había enseñado a degustar la vida y a apasionarme por la comunicación, a encontrarla en lo cotidiano. A ver, a escuchar, a gustar y disfrutar de todo, porque en todo había un lenguaje superior a la palabra.
No entendía que nos limitáramos, que nos bastara un idioma en un mundo tan majestuoso. Era un alma libre, esas que sólo consiguen los grandes, los que logran contemplar la magnitud de esta vida.
Sus comentarios siempre alentadores, motivantes, demandantes. Quería sembrar en sus alumnos el deseo de más. Veía en la juventud, el tesoro del tiempo para crecer. Sabía tanto y veía en nosotros la posibilidad de superarle en mucho.
Recuerdo su calma, su paz, la seguridad y fe en la persona, sabía el arte de AMAR y lo transmitía en todo, sin darnos cuenta.
Admiré el modelo académico de mi alma mater, nunca entendí cómo lograban formar personas libres, responsables y con un sentido altamente humano. Desde mi primer semestre vi la transformación que comenzaban a generar en mí, pero no entendía de dónde provenía o cómo se alcanzaba; de cualquier forma mi admiración era amplia.
Después, ya en 6to semestre, comentó “a falta de gente honrada, hicieron a su apà alcalde” Ahí supe que había sido durante su rectoría que se genero este modelo de educación y entendí mucho de lo que para mí, hasta ese entonces, era un misterio. Bastaba verlo para notar su sabiduría y su compromiso por la formación.
Al final del semestre convocó a RETIRO, iríamos a las cabañas de su familia, sin duda eso éramos, formó una gran familia en cada uno de sus alumnos. El llevaría las cervezas, después entendí su sabiduría. Fue un gran día, me tocó viajar en su carro, hubo tiempo para compartir lo cotidiano. Recuerdo que cuestioné temas que me hacían ruido en ese momento y deseaba una mirada que me ampliara mi criterio, no recuerdo con certeza lo que hablamos, sólo ese momento que para mí era de “ahora o nunca”.
Mi ensayo final iba a acompañado de mis libros, pensó que eran suyos y puso su nombre en la caratula, después manifestó su confusión y ganó valor mi libro con su nombre de puño y letra. Sabiamente me dejó un gran presente. Se le perdió otro de mis libros, mi preferido, sin darme cuenta me dejó hacerle un regalo. Ahora intento “analizar ese discurso” lo agradezco y me emociona un poco.
Festejamos, la comunidad, sus 50 años de la misión que había decidido emprender con gran fuerza. Lo encontraba en la misa de los miércoles. Lo veía con su paso, corto y seguido, por los pasillos de la universidad. Aún escucho su voz clara y firme. No consigo imaginarlo frágil, débil, su paz era demasiado fuerte, creo que no conocía el miedo.
Siempre fue libre porque eligió atarse, con fuerza y sin titubear, a su misión.
Hasta hoy, no era consciente de lo que representaste, RAUL. TE vamos a extrañar, aunque sigues presente; sabiamente supiste dejar tu vida en nosotros. Vivirás en CADA UNO, intentaremos hacerlo muy vivos, muy conscientes, como tú lo hacías.
Te veo ahí, con tu firmeza esperando el turno para hablar con Dios y escuchar la nueva encomienda. No puedo pensarte inerte, tienes demasiada vida “el espíritu vivifica” ya no podía contenerte este mundo.
Irás a interpretar un mensaje superior, harás una revolución en el cielo, estoy segura.
También dijiste que si alguien quería tu plaza, te ibas. Sé que eso haces, nos quieres ver activos. Sin duda muchos la queremos, pero nadie podrá llenarla.
No puedo terminar con un DESCANSE EN PAZ, estoy segura que seguirás trabajando. TRABAJA EN PAZ, me ofrezco colaboradora en este mundo.
Muchas gracias RAUL HÉCTOR MORA LOMELÍ SJ.
-Flor-
http://www.biblio.iteso.mx/biblioteca/noticias/raul_mora/ y despuès de todo esto, te olvidaremos.
.
-Flor-
http://www.biblio.iteso.mx/biblioteca/noticias/raul_mora/ y despuès de todo esto, te olvidaremos.
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ITESO,
Raul Mora SJ
miércoles, 13 de enero de 2010
Muertos de frio
Aparentemente nada ha cambiado, pero el ánimo no es el mismo. Lo noté en mí, creí que era amenaza de volver a mis antiguas depresiones. Aumento el consumo de chocolate e intento luchar contra mi deseo de sufrimiento, finalmente sé que es sólo eso lo que hace la diferencia, desear cómodamente ser víctima del mundo.
Continúo mi rutina, me concedo ciertos pensamientos nostálgicos mientras reorganizo mis actividades con “los otros”, aún siguen siendo OTROS, pero deseo que este año sea el del encuentro real, el de comunidad que llame a la constante actividad, a no tener tiempo que perder, a sentir el mundo y no nostalgia.
Mi preocupación cesó un poco al notar cierto desánimo general, entonces me alienta saber que no soy yo, que no estoy cayendo; las condiciones naturales y sociales están favoreciendo este estado y nada más. La solución es más simple, incluso aporta actividades a mis días; luchar contra el desaliento, ir contracorriente y ser más feliz, más, que no sea sólo para mí, que la pueda compartir.
Mi temor se ve aliviado, pero además, alentado por un nuevo ánimo de crecimiento, de estar viviendo. Hay realmente grandes pérdidas, pero no en detrimento. Grandes pérdidas de SEGURIDADES que no hacían más que atarme y no dejarme ir hacia adelante.
Lágrimas en cualquier momento, necesidad de los otros y de compartir. El resultado bastante alarmante, distinto a todo mi expediente de casi 25 años.
_Debo haber envejecido, no hay duda _ pensé
¡¿Pensé?! Qué estoy diciendo? ¿Será que también eso comienza a suceder en mi cabeza? En fin…sigamos.
Esto es lo que comúnmente pasa cuando se llega a una edad avanzada “demencia Senil” _Me diagnostiqué con cierta burla y picardía.
Mmmm… envejecí. Mi próximo cumpleaños en el segundo mes de este 2010, festejará un cuarto de siglo en el mundo. Raramente mi espera no es alimentada por la emoción de regalos o la fiesta; tengo ganas de no hacer nada, de contemplar mi vida, el mundo, lo que me rodea, lo que soy y lo que deseo ser. ES RARO, pero así es, no puedo volver a aquella emoción exaltada de los años anteriores, soy feliz en mucha paz, no hay prisa de nada, me sobra mucho de lo que anhelé tanto tiempo y me falta mucho más lo que nunca creí necesitar.
Entre tanta melancolía y calma, también llegué a la conclusión que dejé de ser fuerte, perdí mi autoridad, mi perfeccionismo, mi no necesitar y saberlo todo. ¿Qué pasó? ¿A dónde se fue o a dónde me he ido? ¿Por qué todo aquello que me permitió ser la que soy, hoy sobra? Lo vivido todo este tiempo me hizo muy feliz, me permitió alcanzar grandes cosas, me describía plenamente, no era contrario a mi naturaleza, pero hoy esta debilidad tampoco va contra mí…
Alguno de los dos estados debe estar en gran error ¿O será que esto es la vida? Que lo que ayer nos venía bien hoy sale sobrando, que el cambio es tan notorio porque esta vez estoy más atenta a lo cotidiano, pero que siempre fue así…
Débil, rechazando la soledad, fomentando la comunidad, necesitando de otros, llorando por simplezas, aceptando el mundo y no en su contra…. Debería estar aterrada, por lo menos eso sería normal, pero me emociona y espero ansiosa lo que esta nueva etapa recreará. No tengo miedo al cambio, a lo nuevo y desconocido, me cautiva el misterio, estoy ansiosa.
Asumí ser débil y disfrutarlo. Ya muchas batallas libré sin derramar lágrimas, sin sentir dolor, sin mirar atrás. Ya estoy aquí, tal vez puedo salir a respirar el viento, a ser libre y sentir. Tal vez llegó a su límite mi llanto contenido. Quizás es esta la antesala que advierte sobre los últimos años de preparación y demanda que sean intensivos. Ja, me reúso a pensar en la posibilidad de ya estar preparada, me doy cuenta, pero me permitiré engañarme un poco.
“25 años” De niña siempre pensé que eran muchísimos y veía muy lejano cumplirlos. Hoy, no desmentiría a esa niña, 9125 días han aportado muchas experiencias a mi vida, han formado mi compleja razón, me han mostrado un mundo real que no se detiene pese a los intentos, ni se termina con los tropiezos; más nunca imaginé que habría que llegar a este punto para poder iniciar a conocer el corazón.
Si 25 años me ha tomado interpretarme, crear mis definiciones y formular mi teoría; deseo comenzar cuando antes a estudiar el corazón, sé qué es el posgrado, ese que exige salir al campo de acción, ese que sólo se puede entender en la práctica… y yo que creí que todo este tiempo había sido para entender al sentimiento, yo que esperaba una respuesta en libros y deseaba consumirlos todos... con ternura reconozco mi error. La vida tiene sus tiempos, aunque intentemos forzarlos.
Hoy asumo el riesgo de mi VIDA, será complejo, pero no tengo miedo, este (miedo) era necesario para frenar la razón, sin duda un sabio regulador de la naturaleza humana, mis nuevos días no le necesitan.
…por eso el frío de estos días, por eso estamos llenos de niebla, por eso nos sentimos solos. Estamos muriendo de frio, nos estamos desprendiendo de una era y no nos damos cuenta, por eso queremos no estar solos y al tiempo huimos de todos, es el duelo inconsciente que vivimos y nada más.
Tal vez no estamos muertos de frio, tal vez es el frío el que está muriendo, el corazón comienza a templarse.
Continúo mi rutina, me concedo ciertos pensamientos nostálgicos mientras reorganizo mis actividades con “los otros”, aún siguen siendo OTROS, pero deseo que este año sea el del encuentro real, el de comunidad que llame a la constante actividad, a no tener tiempo que perder, a sentir el mundo y no nostalgia.
Mi preocupación cesó un poco al notar cierto desánimo general, entonces me alienta saber que no soy yo, que no estoy cayendo; las condiciones naturales y sociales están favoreciendo este estado y nada más. La solución es más simple, incluso aporta actividades a mis días; luchar contra el desaliento, ir contracorriente y ser más feliz, más, que no sea sólo para mí, que la pueda compartir.
Mi temor se ve aliviado, pero además, alentado por un nuevo ánimo de crecimiento, de estar viviendo. Hay realmente grandes pérdidas, pero no en detrimento. Grandes pérdidas de SEGURIDADES que no hacían más que atarme y no dejarme ir hacia adelante.
Lágrimas en cualquier momento, necesidad de los otros y de compartir. El resultado bastante alarmante, distinto a todo mi expediente de casi 25 años.
_Debo haber envejecido, no hay duda _ pensé
¡¿Pensé?! Qué estoy diciendo? ¿Será que también eso comienza a suceder en mi cabeza? En fin…sigamos.
Esto es lo que comúnmente pasa cuando se llega a una edad avanzada “demencia Senil” _Me diagnostiqué con cierta burla y picardía.
Mmmm… envejecí. Mi próximo cumpleaños en el segundo mes de este 2010, festejará un cuarto de siglo en el mundo. Raramente mi espera no es alimentada por la emoción de regalos o la fiesta; tengo ganas de no hacer nada, de contemplar mi vida, el mundo, lo que me rodea, lo que soy y lo que deseo ser. ES RARO, pero así es, no puedo volver a aquella emoción exaltada de los años anteriores, soy feliz en mucha paz, no hay prisa de nada, me sobra mucho de lo que anhelé tanto tiempo y me falta mucho más lo que nunca creí necesitar.
Entre tanta melancolía y calma, también llegué a la conclusión que dejé de ser fuerte, perdí mi autoridad, mi perfeccionismo, mi no necesitar y saberlo todo. ¿Qué pasó? ¿A dónde se fue o a dónde me he ido? ¿Por qué todo aquello que me permitió ser la que soy, hoy sobra? Lo vivido todo este tiempo me hizo muy feliz, me permitió alcanzar grandes cosas, me describía plenamente, no era contrario a mi naturaleza, pero hoy esta debilidad tampoco va contra mí…
Alguno de los dos estados debe estar en gran error ¿O será que esto es la vida? Que lo que ayer nos venía bien hoy sale sobrando, que el cambio es tan notorio porque esta vez estoy más atenta a lo cotidiano, pero que siempre fue así…
Débil, rechazando la soledad, fomentando la comunidad, necesitando de otros, llorando por simplezas, aceptando el mundo y no en su contra…. Debería estar aterrada, por lo menos eso sería normal, pero me emociona y espero ansiosa lo que esta nueva etapa recreará. No tengo miedo al cambio, a lo nuevo y desconocido, me cautiva el misterio, estoy ansiosa.
Asumí ser débil y disfrutarlo. Ya muchas batallas libré sin derramar lágrimas, sin sentir dolor, sin mirar atrás. Ya estoy aquí, tal vez puedo salir a respirar el viento, a ser libre y sentir. Tal vez llegó a su límite mi llanto contenido. Quizás es esta la antesala que advierte sobre los últimos años de preparación y demanda que sean intensivos. Ja, me reúso a pensar en la posibilidad de ya estar preparada, me doy cuenta, pero me permitiré engañarme un poco.
“25 años” De niña siempre pensé que eran muchísimos y veía muy lejano cumplirlos. Hoy, no desmentiría a esa niña, 9125 días han aportado muchas experiencias a mi vida, han formado mi compleja razón, me han mostrado un mundo real que no se detiene pese a los intentos, ni se termina con los tropiezos; más nunca imaginé que habría que llegar a este punto para poder iniciar a conocer el corazón.
Si 25 años me ha tomado interpretarme, crear mis definiciones y formular mi teoría; deseo comenzar cuando antes a estudiar el corazón, sé qué es el posgrado, ese que exige salir al campo de acción, ese que sólo se puede entender en la práctica… y yo que creí que todo este tiempo había sido para entender al sentimiento, yo que esperaba una respuesta en libros y deseaba consumirlos todos... con ternura reconozco mi error. La vida tiene sus tiempos, aunque intentemos forzarlos.
Hoy asumo el riesgo de mi VIDA, será complejo, pero no tengo miedo, este (miedo) era necesario para frenar la razón, sin duda un sabio regulador de la naturaleza humana, mis nuevos días no le necesitan.
…por eso el frío de estos días, por eso estamos llenos de niebla, por eso nos sentimos solos. Estamos muriendo de frio, nos estamos desprendiendo de una era y no nos damos cuenta, por eso queremos no estar solos y al tiempo huimos de todos, es el duelo inconsciente que vivimos y nada más.
Tal vez no estamos muertos de frio, tal vez es el frío el que está muriendo, el corazón comienza a templarse.
lunes, 11 de enero de 2010
¡Por la de buenas que me lo encontré!
Después me enteré que es un personaje reconocido en el pueblo…
Para mí, era el día del primer encuentro con él y tendría que hacerlo con maestría.
“por la de buenas que me quedó este trago, si no me hubiera muerto de la cruda” comentó en su torpe caminar de madrugada al acercarse al coche donde acomodábamos el equipaje para salir de viaje. Instintivamente conteste, con sarcasmo y seriedad, dirigiéndome a mi papá: “no cabe duda que Dios nunca nos abandona” y reí abiertamente, aunque me escondí un poco al ser consciente de mi irreverencia. Dejé que mi papá saludara al “afortunado” vagabundo. Cruzaron dos tres palabras, nos bendijo y siguió su camino.
Me dejó pensando en su optimismo, aún quedaba gracia navideña en el ambiente.
Ser merecedor de un poco más de alcohol y no padecer la cruda es sin duda, una bienaventuranza para la vida de este pobre alcohólico, seguramente de no tan avanzada edad, pero que su calidad de vida lo hace verse desmejorado.
Lo que para mi había sido “las mejores fiestas navideñas” llenas de familia, amigos y felicidad a montones, para otros nada cambió, salvo que quizás existiera un poco más de licor en casa y un tanto menos de culpa, por justificarse en las fechas.
Yo, como si no hubiera sido bastante mi regalo navideño, madrugué para el esperado viaje en familia, para continuar las risas y empezar en plenitud el siguiente año. Él, “el Güey” como el mismo se dice, se empeñaba en no contradecir nuestra emoción familiar y encontrar en su situación lo mejor por que brindar y eso sólo podía ser “el trago que le quedó”.
Me pregunto qué lo llevó a ese estado; no es agresivo como otros que muestran su rencor al mundo y con ello la respuesta al por qué de su vicio. Este es amable, le gusta platicar, comparte su trago… pero bebe desmedidamente. Será que su dolor es tanto que ya no puede sentir ni rencor siquiera, será que su realidad siempre fue esa, que el alcoholismo fue la herencia de su padre, que prefiere evadir una vida responsable hundiéndose día a día en el alcohol… no lo sé, pueden ser todas o puede ser ninguna.
Dicen que a menudo pasa, lamentándose en voz alta “otra vez anda borracho el güey” en un lamento aparentemente incongruente y falso, pero que no me atrevería a juzgar.
Después nos reímos de tan ameno personaje y su “gran suerte” al quedarle un trago y no morir de la cruda, pero en mi risa no se va el recuerdo, algo deja pendiente en mí. Confío en que mi inspirado comentario fue escuchado, aunque fuera producto de mi sarcasmo y no de mi buena voluntad, que Dios no lo abandone y le conceda muchos tragos que queden en su casa, pero que no sea necesario beberlos, que el nuevo año que comenzó con tan “buena suerte” guarde reales regalos a su vida, que su alegría pronto sea felicidad.
¡Por la de buenas que me lo encontré! Iniciaré mi 2010 con su buena suerte y su optimismo.
Para mí, era el día del primer encuentro con él y tendría que hacerlo con maestría.
“por la de buenas que me quedó este trago, si no me hubiera muerto de la cruda” comentó en su torpe caminar de madrugada al acercarse al coche donde acomodábamos el equipaje para salir de viaje. Instintivamente conteste, con sarcasmo y seriedad, dirigiéndome a mi papá: “no cabe duda que Dios nunca nos abandona” y reí abiertamente, aunque me escondí un poco al ser consciente de mi irreverencia. Dejé que mi papá saludara al “afortunado” vagabundo. Cruzaron dos tres palabras, nos bendijo y siguió su camino.
Me dejó pensando en su optimismo, aún quedaba gracia navideña en el ambiente.
Ser merecedor de un poco más de alcohol y no padecer la cruda es sin duda, una bienaventuranza para la vida de este pobre alcohólico, seguramente de no tan avanzada edad, pero que su calidad de vida lo hace verse desmejorado.
Lo que para mi había sido “las mejores fiestas navideñas” llenas de familia, amigos y felicidad a montones, para otros nada cambió, salvo que quizás existiera un poco más de licor en casa y un tanto menos de culpa, por justificarse en las fechas.
Yo, como si no hubiera sido bastante mi regalo navideño, madrugué para el esperado viaje en familia, para continuar las risas y empezar en plenitud el siguiente año. Él, “el Güey” como el mismo se dice, se empeñaba en no contradecir nuestra emoción familiar y encontrar en su situación lo mejor por que brindar y eso sólo podía ser “el trago que le quedó”.
Me pregunto qué lo llevó a ese estado; no es agresivo como otros que muestran su rencor al mundo y con ello la respuesta al por qué de su vicio. Este es amable, le gusta platicar, comparte su trago… pero bebe desmedidamente. Será que su dolor es tanto que ya no puede sentir ni rencor siquiera, será que su realidad siempre fue esa, que el alcoholismo fue la herencia de su padre, que prefiere evadir una vida responsable hundiéndose día a día en el alcohol… no lo sé, pueden ser todas o puede ser ninguna.
Dicen que a menudo pasa, lamentándose en voz alta “otra vez anda borracho el güey” en un lamento aparentemente incongruente y falso, pero que no me atrevería a juzgar.
Después nos reímos de tan ameno personaje y su “gran suerte” al quedarle un trago y no morir de la cruda, pero en mi risa no se va el recuerdo, algo deja pendiente en mí. Confío en que mi inspirado comentario fue escuchado, aunque fuera producto de mi sarcasmo y no de mi buena voluntad, que Dios no lo abandone y le conceda muchos tragos que queden en su casa, pero que no sea necesario beberlos, que el nuevo año que comenzó con tan “buena suerte” guarde reales regalos a su vida, que su alegría pronto sea felicidad.
¡Por la de buenas que me lo encontré! Iniciaré mi 2010 con su buena suerte y su optimismo.
viernes, 18 de diciembre de 2009
SI
Dos simples letras, una palabra corta y de formas opuestas, la rigidez y la libertad se encuentran en un monosílabo que guarda en su simpleza, el rumbo y sentido de la vida.
En el catecismo aprendimos que fue un SI, lo que dio salvación a la humanidad. Implicó conflictos y sacrificios, pero también aportó alegrías y satisfacciones.
Ahora me pregunto si todos serán iguales...
Ahora me pregunto si todos serán iguales...
Ese SI que damos en cualquier momento de nuestras vidas, si es real, creo que implica todo lo anteriormente enunciado y omitido. Un SI cambia todo, hace renacer, reescribir la historia…todo a partir de ese instante. Un SI es invencible e incuestionable, no requiere justificaciones, sólo exige rigidez y libertad, sólo eso para existir.
No sé cuantas veces he dado un SI, o si a estas alturas no ha habido ninguno, pero es tan fuerte que misteriosamente cautiva y deseo llamarle a mi vida. O, ¿es que es un requisito indispensable, para que esta sea realmente VIDA?.
Entonces no renuncio, hágase en mí según tu palabra. Que la vida sea VIDA y que de mis labios surja un SI muy fuerte, que venza todos mis temores.
No diré más, mi respuesta es
-SI-
miércoles, 16 de diciembre de 2009
Siempre pierdo, decía…
Lo había olvidado porque… no, jamás lo olvidó. Lo había evitado, porque le resultaba imposible describirlo en palabras.
Decía que sólo quienes lo conocen podrían entender ese vacío llenador en el pecho; que succiona y brota, que habla en silencio, que sacia y demanda o todas las contradicciones que sólo “viviéndolo” se pueden entender.
Optó por ser cronista de un momento, aunque dejara fuera de las letras, la magia que se almacena sólo en la memoria.
Era la noche del primer encuentro, aunque nadie sabía si habría otro. Tal vez eso facilitó la magia. Había una desesperación y urgencia, porque quizás pronto terminaba y el deseo de arriesgar podría cesar como tantas veces. Volverían a la blindada soledad y quedaría el recuerdo mezquino de “lo que pudo haber sido” ese que se vuelve tan conocido en personalidades temerosas, como las de ellos.
Intentos, sensaciones, temores... y concluía, porque lo que no crece se muere. Sentían todo, apretaban el alma, mil dudas de hacer lo correcto, el tiempo detenido… había que romper el encanto o dar el paso. Se rompió el encanto a causa del deseo compartido de no ser responsables de sentir. Privilegiaban el anonimato afectivo, preferían la nostalgia de la mal sana búsqueda de lo inencontrable.
La noche avanzaba y no eran capaces de enfrentar lo que sentían, huían entre la gente que acompañaba el momento. Intentaban ser uno más, pero vivían otra dimensión. Había conexión total, comunicación aún sin hablarse. La noche terminó, era tiempo de volver a casa, dar las gracias y con suerte, abrir la posibilidad de otro encuentro. Aunque, este podría no suceder.
Salieron, ella caminó apresurada adelante, como intentando regresar a la realidad. Desconectarse de él, recordarse con quien era y controlar sus emociones. Dejar de ser una niña enamoradiza.
Llegaron abajo y ella dijo cualquier cosa, para tratar de despertar; estoy mareada o hace frio, lo importante era volver a la realidad.
Él no contestó, no quería volver y aumentaba el miedo. De cualquier forma, ella luchaba por recobrar su realidad. Guardó silencio entonces, pero sentía cada paso, intentaba volver, pero él no lo permitía.
Él no contestó, no quería volver y aumentaba el miedo. De cualquier forma, ella luchaba por recobrar su realidad. Guardó silencio entonces, pero sentía cada paso, intentaba volver, pero él no lo permitía.
_¿Qué tienes?_ preguntó
_Nada_ respondió.
Pero él insistía. Creía que estaba molesta, pero no era así, en todo caso estaba... asustada. Fuera de sí o tal vez demasiado en sí, como para que sus tan empleadas formas de evasión funcionaran. Caminaron cerca, pero cada quien en su lucha.
Llegaron al coche, le abre la puerta y comenta algo, cualquier cosa. Cierra la puerta _para él_ el momento en que da la vuelta al coche, es su tiempo para enfrentarse. _Para ella_ Esos segundos dentro del coche sola, son momento para preguntarse ¿qué me pasa? Ninguno tenía una respuesta clara. Entró al coche, los dos saben que la noche terminó. Ella sabe que irá a casa y será un buen recuerdo, está asustada.
Ella, sólo quiere refugiarse, esconderse y alejarse del peligro. Él, no enciende el coche, pregunta nuevamente _¿qué te pasa? _La respuesta es la misma _ NADA.
No era NADA, era todo, pero no era malo, así que no podía dar una queja. Estaba bien, pero sin saber definir ese estado, era totalmente nuevo. Él intenta detonar un tema, pero ella evade los comentarios.
Entonces él: respiró, hizo gestos de enojo, golpeó el volante y comenzó a hablar con prisa. Como si algo pudiera impedir que dijera todo lo que pretendía. Ella quiso guardar cada palabra, pero su mente estaba muy turbada, guardó lo que sintió, más no el discurso… Aún sin entenderlo, era lo que sin duda quería escuchar, así que no fue difícil que confiara.
_ No sé por qué, pero te creo. Si no confiara en ti no estaría aquí _ Respondió ella, sin poder decir más.
Sabiéndose vencedor o vencido, nunca se descifró el misterio, volvió a sus inefables acciones. Se acercó a ella, buscó su cara, su mejilla, sintieron el rose de su piel, buscó sus ojos, sintieron respirarse lentamente… estaban a milímetros de escribir la historia de la niña que temía estrenar su cuaderno de afectos.
El tiempo seguía, tenía que pasar algo o simplemente se rompería el momento, ella se rindió. No podía luchar contra alguien que sabía aceptaba perder, cuando ella deseaba ser vencida. Su rendición implicó la acción… no hizo más que decir todo lo que sentía, todo lo que le pasaba, todo lo que esperaba, todo lo que tenía que dar y que no era posible con palabras.
El tiempo seguía, tenía que pasar algo o simplemente se rompería el momento, ella se rindió. No podía luchar contra alguien que sabía aceptaba perder, cuando ella deseaba ser vencida. Su rendición implicó la acción… no hizo más que decir todo lo que sentía, todo lo que le pasaba, todo lo que esperaba, todo lo que tenía que dar y que no era posible con palabras.
Su ingenuidad de niña se atrevía a hablar de sentimientos, aún si conocerlos. Había sabiduría desconocida y natural inexplorada.
Sonrió, como quien se apena y baja la mirada. Él preguntó ¿por qué? Ella movió la cabeza con calma, diciendo NADA.
Él no sabía que era su letra la que inauguraba su alma, sus afectos y rompía sus temores. Él, no sabía que había una rendición total contra sus luchas internas, que ella no tenía idea de lo que estaba haciendo. Ella, ya no quería palabras, no quería recobrar la consciencia porque no tenía la teoría de lo que sucedía.
Él pensó que ella se sentiría culpable y quiso corresponder a su decisión de arriesgar. No sabía que ella asumía que era el fin, que era el cierre de una gran noche que deseaba que no le faltara nada. No sabía que respetaba sus miedos, sus designios de momentos y no más. No sabía que no esperaba nada, que sólo asumió el riesgo y lo hizo. Que sabía tendría que confesar sus culpas y no precisamente a Dios, porque también sabía que Él lo avalaba. Sólo habría una confesión necesaria y un buen recuerdo.
Ella había decidido enfrentar a la mujer, sin que implicara necesariamente un compromiso. Pero tal vez era deseo de él, no romper el encanto o ver a esa niña tierna y no a una más de las de siempre, lo que le hizo no permitirle cumplir su decisión.
Pero, ya que él lo pide y ella lo desea, aunque no pensó alcanzarlo, respondió con sarcasmo blindado de sentimientos, como riéndose del discurso de la niña que espera su príncipe que él había citado.
Ella no quería eso, NO quería un cuento, aunque le enternecía el gesto.
Pero ahí lo entendió, lo conoció y lo quiso así, con todo lo que era y en tan sólo un instante, en tan sólo ese "uno más de sus momentos".
Asumió su pasado _el de él_, enfrentó sus miedos _los de ella_ y quiso entonces ser mejor, quería que su inexperta vida afectiva no le limitara. Quería sanar sus heridas, quería abrazarlo y no soltarlo, quería que supiera que no estaba solo, que nunca lo estuvo, que eran algo desde siempre.
Asumió su pasado _el de él_, enfrentó sus miedos _los de ella_ y quiso entonces ser mejor, quería que su inexperta vida afectiva no le limitara. Quería sanar sus heridas, quería abrazarlo y no soltarlo, quería que supiera que no estaba solo, que nunca lo estuvo, que eran algo desde siempre.
Escuchó la profundidad de la que el huía, de la que escapaba. Se fue a él y lo albergó en ella. Ese espacio de vacío entre él y ella, esa sensación que paralizaba todo, que le llevaba a él pero le hacía sentir tan llena. Para ella era tan claro, pero nunca supo si él lo entendía todo.
Era la magia, era el momento y la rendición _de ella_ ante el deseo _de él_ de ser vencido. No supo cuánto duró, pero fue largo, tenían que decirse tantas cosas que querían ser escuchadas.
Tal vez por eso no ha habido otro. Hubo muchos después de ese, pero era el mismo, sólo con menos prisa, con menos arrebato, pero continuaba y quedó así, sin concluir, sin punto final. Tal vez por eso no entendió nunca cómo pasar la página. No se termina una historia sin punto final y él lo olvidó, o eligió, no ponerlo.
“Siempre pierdo” decía, como si ella ganara la batalla de no necesitarle. No sabía que aunque sus deseos eran frecuentes, llegaban tarde a la necesidad de ella. Que no era él, sino ella, quien perdió. Perdió dar todo lo que necesitaba dar, perdió demostrarle lo que sentía, perdió ganar la lucha contra reloj, perdió la oportunidad de mostrarse transparente, perdió tenerle pleno y agradecido de darse.
Siempre perdió, él lo creía. Siempre tuvo dudas, sentimientos de no reciprocidad. Si él hubiera sabido lo que ella sentía, si él hubiera conocido su deseo de tenerle… tal vez se hubiera ido antes.
Era él y era ella, con sus temores, ocultando lo que el otro quería escuchar, por miedo a perderse. Se iba a terminar, por lo menos ahora sabrían que renunciaron a ellos, que no eran y No, que renunciaron a una sombría imagen, por miedo.
Pero así era necesario y aún ahora, se alegra de ese primer momento. El de la rendición. Aunque después el miedo regresara y se negara o se olvidara de lo que se dijeron en ese instante mágico.
Tal vez por todo eso lo guarda, ahí, en la vitrina de las primeras veces, pero en la especial, en la que están sólo las que fueron primeras y fueron perfectas. Porque es raro encontrarlas.
A decir verdad, guarda sólo ese...
Su mirada fija - Repollo y Atún
A decir verdad, guarda sólo ese...
Su mirada fija - Repollo y Atún
miércoles, 9 de diciembre de 2009
Yo también lo creí…
Recuerdo la emoción de las navidades, todo el 24 tenía magia. Era el día más lento de todo el año, todo lo esperado por tanto tiempo; estaba a unas cuantas horas de suceder.
La posada, la familia, los regalos, el baile, los chistes, los dulces, las luces, los juegos, los abrazos, el brindis (ese día todos podíamos tomar un poco de sidra)… todo, era un gran ritual. Pero cuando este terminaba, aún faltaba lo mejor; ir a dormir y desear con toda tu emoción, que amaneciera.
Sin duda era el único día que los niños despiertan solos muy temprano y se dan el lujo de despertar a los padres con un “wow” mira papá, si me lo trajo! Recorrer el nuevo juguete de arriba abajo rápidamente, después estar listo para volver a salir. Vayamos con la abuelita a mostrar lo que nos trajo el niño Dios y ver lo que el resto de primos aporta al nuevo tesoro. Jugar todo el día en una real comunidad, todos están felices.
¿Cómo superar tal situación? ¿Qué pasaría cuando la magia desapareciera? ¿Qué sentido tendrían las navidades si ya no es urgente despertar a la siguiente mañana?
Yo también lo creí, ya no habría magia, no tendría sentido, sería una fiesta más en el año.
Un silencio atemorizante. Ver pasar los primeros años y creer que es el recuerdo lo que te mantiene gustoso. Después pasan el resto de los años, el resto hasta ahora, pero hay algo raro; con una vida adulta, sigues esperando con emoción que sea navidad, te siguen alegrando ver las casas iluminadas, te inspira un poco el escuchar villancicos por las tiendas, no sabes cómo, pero hay un amor natural que va creciendo en este tiempo dentro de ti y notas en los demás la misma magia.
SOMOS ADULTOS, ¿qué nos pasa, por qué no nos atormenta pagar los buñuelos o preparar regalos, por qué nos sigue alimentando el alma estas fechas?
¡Que no hay magia! me intentan decir que no hay magia, cuando esta se respira todo el tiempo, cuando se logra hacer a un lado la hostilidad común y se tienen deseos de compartir la felicidad. Qué acaso no es la magia de la navidad la que nos mueve, esa que prefiero llamar amor ¿No es ese el que nuevamente nos recuerda su presencia en nuestras vidas…?
No sé como será la siguiente, pero este año, espero la mejor navidad de mi vida. La de más magia que ninguna, de la carta de peticiones más larga que nunca, la de una familia expandida, la del amor fortuito, no la de la simple emoción de un nuevo juguete.
Yo también lo creí y por ello les entiendo, pero no teníamos razón. Déjense sentir y encontrarán la magia, no se ha ido, creció y nos envuelve, por eso no la ven, salgan de si, verán que ahí está.
Disfrútenla, inúndense de ella, compártanla… no repriman a su niño que está ansioso por ir a las posadas y romper piñatas. La magia no ha terminado.
Feliz Navidad.
La posada, la familia, los regalos, el baile, los chistes, los dulces, las luces, los juegos, los abrazos, el brindis (ese día todos podíamos tomar un poco de sidra)… todo, era un gran ritual. Pero cuando este terminaba, aún faltaba lo mejor; ir a dormir y desear con toda tu emoción, que amaneciera.
Sin duda era el único día que los niños despiertan solos muy temprano y se dan el lujo de despertar a los padres con un “wow” mira papá, si me lo trajo! Recorrer el nuevo juguete de arriba abajo rápidamente, después estar listo para volver a salir. Vayamos con la abuelita a mostrar lo que nos trajo el niño Dios y ver lo que el resto de primos aporta al nuevo tesoro. Jugar todo el día en una real comunidad, todos están felices.
¿Cómo superar tal situación? ¿Qué pasaría cuando la magia desapareciera? ¿Qué sentido tendrían las navidades si ya no es urgente despertar a la siguiente mañana?
Yo también lo creí, ya no habría magia, no tendría sentido, sería una fiesta más en el año.
Un silencio atemorizante. Ver pasar los primeros años y creer que es el recuerdo lo que te mantiene gustoso. Después pasan el resto de los años, el resto hasta ahora, pero hay algo raro; con una vida adulta, sigues esperando con emoción que sea navidad, te siguen alegrando ver las casas iluminadas, te inspira un poco el escuchar villancicos por las tiendas, no sabes cómo, pero hay un amor natural que va creciendo en este tiempo dentro de ti y notas en los demás la misma magia.
SOMOS ADULTOS, ¿qué nos pasa, por qué no nos atormenta pagar los buñuelos o preparar regalos, por qué nos sigue alimentando el alma estas fechas?
¡Que no hay magia! me intentan decir que no hay magia, cuando esta se respira todo el tiempo, cuando se logra hacer a un lado la hostilidad común y se tienen deseos de compartir la felicidad. Qué acaso no es la magia de la navidad la que nos mueve, esa que prefiero llamar amor ¿No es ese el que nuevamente nos recuerda su presencia en nuestras vidas…?
No sé como será la siguiente, pero este año, espero la mejor navidad de mi vida. La de más magia que ninguna, de la carta de peticiones más larga que nunca, la de una familia expandida, la del amor fortuito, no la de la simple emoción de un nuevo juguete.
Yo también lo creí y por ello les entiendo, pero no teníamos razón. Déjense sentir y encontrarán la magia, no se ha ido, creció y nos envuelve, por eso no la ven, salgan de si, verán que ahí está.
Disfrútenla, inúndense de ella, compártanla… no repriman a su niño que está ansioso por ir a las posadas y romper piñatas. La magia no ha terminado.
Feliz Navidad.
miércoles, 2 de diciembre de 2009
Descubrir que envejecí…
No lo esperé, siempre lo vi tan a futuro que creí que cuando lo descubriera, sería tras años de intentar negarlo. Pero fue tan sorpresivo que detonó una emoción disfrutable.
Los pliegues al ras de la sonrisa y dos imágenes contrapuestas dieron la explicación a un estado de consciencia nuevo en mí. Saber que el tiempo siempre deja algo, por más que nos empeñemos en no vivirlo; fue contundente, alentador y nostálgico.
Unos cuantos años atrás, con prácticamente las mismas actividades que ahora _sólo distintos lugares y actores_ no tendrían por qué significar nada importante. Pero ver la inocencia de la primer fotografía, la seguridad fundada en la inconsciencia y una sonrisa que creía haber alcanzado la felicidad, trajeron a mí como en flashback lo vivido en este tiempo; cada caída, cada lágrima, cada tropiezo y claro, cada logro al levantarme o secar aquel llanto.
Vi con emoción el nuevo rostro. Menos alegre pero más feliz, menos inocente pero con mucha fe, menos seguridad pero más fuerza, más dureza pero con más paz.
Mi emoción creció, he envejecido!!
Cada tropiezo, cada lágrima, cada ilusión, cada momento, cada tristeza, cada alegría, cada día que viviera en mi reciente pasado; fueron labrando la que ahora vive, siente, piensa y busca, sobre todo eso, busca. Seguir buscando hasta llegar al objetivo, que aunque parece ser el mismo de antes, ha cambiado rotundamente.
Siempre añoré sentirme bien, estar contenta, tener lo que deseaba o se hiciera lo que yo quería. Hoy "sólo" deseo la felicidad, dónde esté. La vida me mostró que no fui acertada en mis convicciones, en mis seguridades y en mis emociones. Ahora que al fin permití a la vida marcar sus líneas, encuentro todo _o casi todo_ lo que en aquel entonces deseaba y no conseguía encontrar.
Vivir, es la labor más complicada, cuando nos empeñamos en ir contracorriente. Cuando giramos y dejamos fluir nuestra naturaleza; el camino se vuelve más largo, mucho más, parece que los atajos no los privilegia en nada, pero este camino se hace tan disfrutable, que no tengo tiempo para pensar en la meta, que sin duda desconozco, pero que por el paisaje me impaciento un poco, pues no puede ser menor a esto que ahora percibo y es tan... revitalizante.
Aquí estamos pues, tu y yo, las dos que fuimos o las dos que somos, sin discutir ni culparnos de nada, sólo aceptando con fuerza la que somos, sin prescindir de ninguna, sólo abrazando el pasado que dio su vida en nombre del presente.
Vivir, sólo vivir… fue lo que hicimos siempre, sólo que antes no me daba cuenta. Creía que todo dependía de mis decisiones, que mis errores eran irreparables y que este presente sería distinto. Había un guión que me empeñé en redactar, sin darme cuenta que las letras de la vida no perduran, que se mueven mientras vivimos o dormimos y que de cualquier forma, no hay manera de detenerlas.
Aunque estos párrafos tengan mi firma al final y al mundo pueda argumentar que estaba todo en mis planes, sé perfectamente que no fue así como lo escribí, que alguien se ocupó de corregirlos, pero que respetó perfectamente la idea, sólo ayudó a hacerla real y más interesante.
No sé si siempre pasará esto, si cuando mis arrugas sean más que dos o cuando mis fuerzas se vean mermadas, podré sentir esta emoción de haber vivido. Quizás sólo sea que envejecer a los 24 sea motivante.
No tengo certezas de nada, pero deseo vivir apegada al guión de mi editor, sé que de ser así, cada década sabrá distinto y será gratificante. Quiero encontrar como hasta ahora, las huellas de mi felicidad en mi piel. Quiero sentir la muerte rodar por mis mejillas para llevarme a encontrar la vida y recordarla con nostalgia, como todo lo que nos resulta valioso.
Quiero poderme ir como hasta ahora, quiero que el día que sea y en el lugar prescrito, pueda abandonar el mundo sin añorar nada, sin que me falten párrafos por vivir, sin haber alterado la obra del autor que sin duda, es perfecta.
Pues ya que soy esta y no la otra, pero no podría serlo sin la que fui, disfruto la felicidad de hoy, para inundar el pasado y ya no duela nada.
No sé cuánto tendré de tiempo para envejecer, mucho o poco, de cualquier forma, pretenderé que esto sea de la mejor manera. Aún hay mucho espacio en mi piel para escribir mi historia. sin duda, mi editor no ha terminado de crearme.
P.D. no me gastaré mis quincenas en cremas que disimulen mis pliegues en el rostro, por el contrario, espero que cada día sean más profundos y me recuerden que sigue habiendo sonrisas.
Los pliegues al ras de la sonrisa y dos imágenes contrapuestas dieron la explicación a un estado de consciencia nuevo en mí. Saber que el tiempo siempre deja algo, por más que nos empeñemos en no vivirlo; fue contundente, alentador y nostálgico.
Unos cuantos años atrás, con prácticamente las mismas actividades que ahora _sólo distintos lugares y actores_ no tendrían por qué significar nada importante. Pero ver la inocencia de la primer fotografía, la seguridad fundada en la inconsciencia y una sonrisa que creía haber alcanzado la felicidad, trajeron a mí como en flashback lo vivido en este tiempo; cada caída, cada lágrima, cada tropiezo y claro, cada logro al levantarme o secar aquel llanto.
Vi con emoción el nuevo rostro. Menos alegre pero más feliz, menos inocente pero con mucha fe, menos seguridad pero más fuerza, más dureza pero con más paz.
Mi emoción creció, he envejecido!!
Cada tropiezo, cada lágrima, cada ilusión, cada momento, cada tristeza, cada alegría, cada día que viviera en mi reciente pasado; fueron labrando la que ahora vive, siente, piensa y busca, sobre todo eso, busca. Seguir buscando hasta llegar al objetivo, que aunque parece ser el mismo de antes, ha cambiado rotundamente.
Siempre añoré sentirme bien, estar contenta, tener lo que deseaba o se hiciera lo que yo quería. Hoy "sólo" deseo la felicidad, dónde esté. La vida me mostró que no fui acertada en mis convicciones, en mis seguridades y en mis emociones. Ahora que al fin permití a la vida marcar sus líneas, encuentro todo _o casi todo_ lo que en aquel entonces deseaba y no conseguía encontrar.
Vivir, es la labor más complicada, cuando nos empeñamos en ir contracorriente. Cuando giramos y dejamos fluir nuestra naturaleza; el camino se vuelve más largo, mucho más, parece que los atajos no los privilegia en nada, pero este camino se hace tan disfrutable, que no tengo tiempo para pensar en la meta, que sin duda desconozco, pero que por el paisaje me impaciento un poco, pues no puede ser menor a esto que ahora percibo y es tan... revitalizante.
Aquí estamos pues, tu y yo, las dos que fuimos o las dos que somos, sin discutir ni culparnos de nada, sólo aceptando con fuerza la que somos, sin prescindir de ninguna, sólo abrazando el pasado que dio su vida en nombre del presente.
Vivir, sólo vivir… fue lo que hicimos siempre, sólo que antes no me daba cuenta. Creía que todo dependía de mis decisiones, que mis errores eran irreparables y que este presente sería distinto. Había un guión que me empeñé en redactar, sin darme cuenta que las letras de la vida no perduran, que se mueven mientras vivimos o dormimos y que de cualquier forma, no hay manera de detenerlas.
Aunque estos párrafos tengan mi firma al final y al mundo pueda argumentar que estaba todo en mis planes, sé perfectamente que no fue así como lo escribí, que alguien se ocupó de corregirlos, pero que respetó perfectamente la idea, sólo ayudó a hacerla real y más interesante.
No sé si siempre pasará esto, si cuando mis arrugas sean más que dos o cuando mis fuerzas se vean mermadas, podré sentir esta emoción de haber vivido. Quizás sólo sea que envejecer a los 24 sea motivante.
No tengo certezas de nada, pero deseo vivir apegada al guión de mi editor, sé que de ser así, cada década sabrá distinto y será gratificante. Quiero encontrar como hasta ahora, las huellas de mi felicidad en mi piel. Quiero sentir la muerte rodar por mis mejillas para llevarme a encontrar la vida y recordarla con nostalgia, como todo lo que nos resulta valioso.
Quiero poderme ir como hasta ahora, quiero que el día que sea y en el lugar prescrito, pueda abandonar el mundo sin añorar nada, sin que me falten párrafos por vivir, sin haber alterado la obra del autor que sin duda, es perfecta.
Pues ya que soy esta y no la otra, pero no podría serlo sin la que fui, disfruto la felicidad de hoy, para inundar el pasado y ya no duela nada.
No sé cuánto tendré de tiempo para envejecer, mucho o poco, de cualquier forma, pretenderé que esto sea de la mejor manera. Aún hay mucho espacio en mi piel para escribir mi historia. sin duda, mi editor no ha terminado de crearme.
P.D. no me gastaré mis quincenas en cremas que disimulen mis pliegues en el rostro, por el contrario, espero que cada día sean más profundos y me recuerden que sigue habiendo sonrisas.
martes, 10 de noviembre de 2009
Zona de combate…
Una atmosfera espesa y lenta. El cuerpo pesa pero al mismo tiempo flota. Cada poro de la piel parece hablar y provocan la lenta respiración, como temiendo ser escuchados. Una resuelta duda; que no deja de ser duda, pero tampoco de tener la respuesta o desearla o pretender escribirla o de justo estarla escribiendo...
Sentir el estomago contraer, firmar la declaración de culpabilidad y caminar hacia la condena que tú misma has impuesto. Vencer las dos más grandes distancias de tu vida, las que te mantenían a salvo de estar viva, para detonar el fuego.
Una vez en la zona de combate, te das cuenta que no eres tan culpable o que no eres la única, o que quizás, más que haberte culpado, te rendiste; para verle triunfar y en su triunfo alcanzar tu victoria.
Nada mejor que rendirte, presentarte, mostrarte fuera de la armadura y lejos de los tanques que intimidan. Aferrarte fuertemente a quien en tu estado “vulnerable” hace sentirte fuerte e indestructible.
Respirar por fin del aire puro y olvidar los gases combatientes. Erguirte al mundo y no temer a nada. Llevar con orgullo la bandera contraria y sentir más tuya la que ya portabas. Desear permanecer por siempre en el más seguro de los peligros.
Esperar el momento y salir de la trinchera para hacer el recuento de los daños… El campo estaba florecido. Después, volver a la base, justo para el pase de lista: Soldado combatiente “caído, Sr.” Contraria caída “presente, Sr.”.
Reír como nunca, limpiar un rostro camuflado por el llanto y recorrer, nuevamente, aquella distancia nunca antes transitada..
Sentir el estomago contraer, firmar la declaración de culpabilidad y caminar hacia la condena que tú misma has impuesto. Vencer las dos más grandes distancias de tu vida, las que te mantenían a salvo de estar viva, para detonar el fuego.
Una vez en la zona de combate, te das cuenta que no eres tan culpable o que no eres la única, o que quizás, más que haberte culpado, te rendiste; para verle triunfar y en su triunfo alcanzar tu victoria.
Nada mejor que rendirte, presentarte, mostrarte fuera de la armadura y lejos de los tanques que intimidan. Aferrarte fuertemente a quien en tu estado “vulnerable” hace sentirte fuerte e indestructible.
Respirar por fin del aire puro y olvidar los gases combatientes. Erguirte al mundo y no temer a nada. Llevar con orgullo la bandera contraria y sentir más tuya la que ya portabas. Desear permanecer por siempre en el más seguro de los peligros.
Esperar el momento y salir de la trinchera para hacer el recuento de los daños… El campo estaba florecido. Después, volver a la base, justo para el pase de lista: Soldado combatiente “caído, Sr.” Contraria caída “presente, Sr.”.
Reír como nunca, limpiar un rostro camuflado por el llanto y recorrer, nuevamente, aquella distancia nunca antes transitada..
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