martes, 16 de marzo de 2010

Dime...

Escribo sobre el amor, por si pronto esta posibilidad desaparece. No porque mi concepto cambie o mi fe en él se desvanezca; sólo porque nada es tan difícil como intentar definirle y en estado activo, simplemente es imposible.

Quisiera poder apostar un poco por el motor de todos los tiempos y que extrañamente en nuestra época, nos negamos a aceptarle. Supongo que de nada encontraremos más material como de este tema; en la literatura, en el cine, en la televisión, en la música… en todo. Aún en nuestra complicada y devaluada sociedad, nada resulta más RENTABLE, que el amor.

Tal vez nos aterra tanto la imposibilidad de evadirlo, que emprendemos una ilógica guerra imposible de ganar.

Tal vez el punto de la RENTABILIDAD facilitó que se devaluara. De pronto creímos que amor incluía un símbolo de pesos y significaba un valor adquisitivo. El afecto se ha vuelto una obligación que se compra y se envuelve en lujosos papeles. El cariño es un valor transaccional y el amor es un día de una gran boda con unos cuantos meses de deseo. Ante este panorama, no culpo a todos aquellos que han desistido de vivirle, sin duda yo también lo haría...

Pero, ¡ALTO!. Apaga la televisión, la música, el internet, los periódicos, las revistas… detén todo, busca en el silencio interior y …

Dime cuándo fue la última vez que saltaste temprano de la cama, con alegría inexplicable, deseando ser mejor y nada parecía imposible.

Dime cuando sentiste impotencia y dolor profundo que te hizo verte insignificante ante la imposibilidad de evitar el daño o dolor a ese alguien, más fuerte que si fueras tú.

Dime cuándo la felicidad no necesitó razones y todo era perfecto.

Dime cuándo ningún riesgo era mayor que aquella decisión que nacía de adentro, sin aparentes razones.

Dime cuando todo el pasado tomó sentido de repente.

Dime cuándo el miedo fue vencido, pese a toda antigua decisión.

Dime cuándo fuiste todo y hacía falta para darte.

Dime cuándo tuviste fuerzas para trabajar largas horas sin que el cansancio te frenara.

Dime cuándo todo en tí y fuera, era perfecto sin haber cambiado nada.

Dime cuándo todos se reían de tu felicidad.

Dime cuándo no importaba ser todo lo que nunca creíste ser.

Dime cuándo el tiempo corrió a extrañas velocidades.

Dime cuándo tu silencio dijo tantas cosas.

…dime, dime, dime

Dime por qué es tan fácil aceptar un falso discurso de un amor comprado y temporal, cuando has vivido esa fuerza que no necesitó más que dejarla ser.

Dime por qué dudas de tí, si sabes que con él se puede todo.

Dime porqué tienes miedo a ser quien eres.

Sólo dime… y si crees que todo lo que se dice afuera, es verdad… Entonces dedicaré mis letras a desmentir a tantos que hablan sobre largos años de felicidad compartida. Entonces no volveré a sonreír cuando vea a dos que son felices sin razón, entonces dejaré de buscar lo inencontrable.

Sólo entonces haré desaparecer mis recuerdos infundados.

lunes, 22 de febrero de 2010

Este AMOR

...encontrar amor en ti sin estar ya enamorada.

Este amor que hubo de conocer todo sentimiento. El que sin duda te incluye, pero ya no te precisa. El que supera toda razón y encuentra admiración en tu SER más no requiere tu persona.

Este amor que no me resta ni te aporta. Este amor que encuentro en ti y no contigo. Este amor que me diste, sin haber estado. Este amor del cual huiste para encontrarlo.

Este amor que no eres tú, pero es tan tuyo.
-Este amor que al fin es mío-

miércoles, 10 de febrero de 2010

Me vestí de mi y no era yo...

¿A cuántas cosas me he aferrado creyendo que me definen, porque formaron parte de mi pasado?¿ Cuáles son mis tesoros que guardo, sin ser consciente que tenían fecha de caducidad? ¿Por qué mi presente sigue esperando turno para ocupar plenamente su lugar?

Soltar, dejar pasar, aceptar con gusto las despedidas, guardar recuerdos pero no melancolía… aspectos que se han sumado a mi búsqueda, que resultan provechosos y congruentes con mi vida; pero que aún no están completos.

Escondido, en el fondo, he dejado un as por si arriesgar resultara demasiado peligroso. Allá, donde nadie podrá encontrarlo y con la certeza que no lo buscaré a menos que sea inminente, allá se encuentra el más grande candado de mi libertad.

Ahí se fundamenta mi seguridad y mi valor, no es verdad el cambio, no he querido dejarlo todo, juego a engañarme junto con el resto que alaba mis nuevos pasos.

Tengo la llave en mis manos, dudo en querer deshacerme realmente de todo, podría estar equivocada y entonces ¿Cómo podré volver a mí, cómo recuperarme? No habría más que aceptar lo que la vida me ofrezca y no tengo la certeza de estar conforme con ello. No sé si valga la pena arriesgar todo por algo que desconozco.

Me cuestiono una y otra vez en mi cabeza, reclamo mi cobardía, mi falta de coraje para enfrentar la vida, para confiar en mí y saber que si hasta ahora he logrado lo que tengo, soy más fuerte para que mi futuro sea mejor.

Limpiar un poco mis espacios y respirar el fresco vacío, sin temer a que sea permanente, sabedora que ese lugar sólo será renovado y bendecido de nuevo, por la mano que hasta ahora me ha dado lo que tengo y me niego a soltar.

Si nada fue nunca mío, si no fue realmente mi esfuerzo, el que me dio la felicidad, sino la gracia divina ¿Por qué me olvido y quiero controlar, creyéndome todopoderosa y confiando únicamente en mi limitada capacidad? ¿Por qué mi ego se autoengaña y fortalece con un falso discurso? ¿Por qué no acepto que nada de lo que soy, ni de lo que he hecho, hubiera sido si no hubiera permitido que esa fuerza divina actuara en mí? ¿Por qué si cada año me ha hecho crecer, prefiero mantenerme en el pasado, cuando carecía de tantas cosas que ahora tengo? ¿Por qué me falta valor para seguir creciendo y recibir lo que aún me falta por obtener? ¿Por qué recurro a mi pasado, aunque este ya no sea deleitable como en aquellos años?

¿Por qué me aferro a malgastar mis completos días felices, provocando un recuerdo que ya ni siquiera es claro? ¿Por qué no bendigo mi vida, disfruto de la emoción de descubrir todo esto nuevo y del reto que implica hacerlo mío?

¿Por qué tengo miedo de mi? Si finalmente la de antes ya no soy, si es esta la que me describe, me completa y me hace feliz…

Tal vez porque no lo había notado, tal vez porque tenía que darme cuenta que añoro lo que ya no deseo, pero me aferro a un capricho infantil. Tal vez porque tenía que sentirme disfrazada de una yo que ya no soy, para saber que ya no es eso lo que quiero y que me hace feliz haberlo sido, pero es momento de estar aquí y ser feliz.

Sólo eso, volver a renovar el misterio y deseo de seguir viviendo. Volver a agradecer cada día, porque se suma a aquellos y no me limitaron a tan poco tiempo. Porque como siempre, recibo lo que en el fondo he pedido, aunque mis palabras sean contradictorias y mi inteligencia tarde en comprender a ese ser, que siempre ha sido complaciente y conoce perfectamente su compleja obra.

No soy el resultado de las exigencias del trabajo, ni el modelo que solicitaron mis padres o el perfil que demanda mi mundo. Sólo soy yo, la que he decidido por mí; mi trabajo, mis exigencias, mis obediencias, mis rebeldías y el mundo en el que me desarrollo.

No es verdad que soy un producto hecho por alguien más. Fuí modelada en un principio, cuando aquella yo aún era yo, pero esta, la que me reúso a aceptar; es la que realmente soy, pero desconocía y me atemoriza enfrentar.

La de hoy, es el resultado de mis decisiones, que buenas o malas, he tomado por mí y responden plenamente a mis aspiraciones. Por eso no tiene sentido aferrarme a aquella, la anterior o la otra, que tal vez era, pero que hoy ya nada dicen de mí o siguen estando en mí; pero no en las cosas, no en los lugares, no en la gente, todo eso ya no está, ha evolucionado, tal vez es preciso avanzar para seguir encontrándonos o para conocer nuevos rostros, cosas y lugares que aún guardan mucho de mí.

No puedo aferrarme al pasado, porque ese quedó en las fotos, en los recuerdos y ahora borrosamente en mi mente, pero ya no aquí, no es del presente. No quiero perder la vida por un recuerdo muerto. Aquí está la llave, no habrá más as de seguridad, opto definitivamente por mi felicidad.



Por eso me vestí de MÍ, y supe que esta soy yo.


Bienvenidos!

miércoles, 20 de enero de 2010

HIPOCONDRIA

No es un virus, pero puede contagiarse.

Después de enfrentar la Cardioesclerosis, hubo que conocer la hipocondría. Suele suceder que esta aparezca tras alguna fuerte enfermedad, dicen los facultativos.

Parece ser que el sorprenderte enfermo por largo tiempo te alerta para no caer de nuevo y todo resulta amenazante.

_Pues bien, estoy lista doctor. No se preocupe en decir lo que sea, finalmente ya lo hemos enfrentado en otras ocasiones _ Le dije muy segura al mirar cierto misterio en su rostro.

_HIPOCONDRÍA _Dijo mientras giraba la pluma que tenía en su mano _Sentir como propio el dolor ajeno, hacer tuyos los padecimientos externos… _Completó cuando vio mi cara de sorpresa y desconocimiento ante su nuevo diagnóstico.

_Esta enfermedad es significativa porque afecta la vida laboral, social u otras áreas importantes de la vida del enfermo. _Continuó en su explicación.

_De ahí que se diera tu cambio de hábitos, tu fragilidad inusual y claro, la búsqueda y deseo constante por sanar. De pronto pareciera que dejas de ser tú, en parte hay razón, pero también es cierto que sólo experimentas otras áreas de tu cuerpo y psique, que habían permanecido dormidas mientras no experimentabas el dolor o simplemente, aún no se desarrollaban.

No debes preocuparte, me atrevería a decir que es ANORMAL no padecerla después de lo vivido.

Sentirás el dolor ajeno, tendrás una vocecita que te instará a sanarlos. Tus viejos hábitos que solían mantenerte alegre, puede ser que en estas circunstancias te molesten o simplemente ya no los necesites y priorices nuevas experiencias.

Puesto que es un padecimiento que afecta a todos los aspectos de la persona; surgirá la necesitad de un conocimiento mayor, nada más sano que conocer nuestro cuerpo y sus reacciones, no hay nada que temer.

A menudo me encuentro con pacientes que presentan culpabilidad al enterarse de afecciones que fueron causadas por su mismo desconocimiento; impotentes de no haber actuado antes, deseosos de demandar al sector salud por no informar a sus agremiados a tiempo… _Lo dijo ya en un tono burlesco. 

 _Es entonces cuando los hago voltear a las paredes del hospital, seguir los medios de comunicación y escuchar con detenimiento las mismas pláticas cotidianas, suelen bajar la cabeza y reconocerse ausentes de su realidad todo el tiempo pasado.

Antes y ahora el mundo es el mismo, pero este es tu momento para que comiences a disfrutarlo _Me miró muy sereno y sonriente.

_Yo escuchaba atenta y dejaba terminar al doctor.

_Es tan normal esto que ahora presentas, que mira, tengo todo mi discurso armado, lo digo con bastante frecuencia, aunque no tanto como yo desearía, aun es importante el número de pacientes con enfermedades crónicas, como tú te encontrabas, menor que los que ya les han superado.

Siéntete afortunada, formas parte del “aun” selecto grupo de supervivientes, el temor de recaer o presentar otros males es bastante normal ¿no crees? _ Me miró fijamente como esperando conocer mis pensamientos, no pude argumentar nada, asentí con la cabeza y permití continuara su discurso. Sonrió con cierto aire de ternura y me dijo:

_ ¡No hay cura! esa es la buena noticia _ Lo dijo tan feliz y emocionado que me costaba entender a qué se refería, seguía atónita.

_Este es tu nuevo modo de vida, si así tú lo permites y no optas por volver a tu antigua enfermedad.

ESTAS VIVA Y TU CORAZÓN ESTÁ LATIENDO, aunque claro, como hemos escuchado de los grandes pensadores y nos lo han repetido todo el tiempo a través del cine  “el corazón y la razón” siempre deben estar en contradicción,  cuando estos se ordenan y cesa su lucha, creemos estar muriendo.

El dolor ajeno será tan tuyo que no te bastará vivir como antes,  demandaras una cura y existirá un impulso en ti que altera tu sistema nervioso y no te dejará estar en aquella antigua pasividad. De repente padecerás todos los males del mundo y ninguno de mis pacientes, hasta ahora, ha aceptado dejar que el mal siga avanzando sin intentar por lo menos detenerle.

Será cansado, te espera una vida de constante lucha. ¿Sabes cuántas enfermedades encontrarás allá fuera? ¿Imaginas lo que será enfrentarte a las incurables? Que en este punto de muchas se habla, pero créeme que en la mayoría; es la falta de coraje para enfrentarles, lo que las hace entrar en esta categoría.

Yo prefiero categorizarlas en las simples, que por lo general están asociadas a lo físico y que basta un oportuno diagnóstico para sanarlas y las complicadas, que…_ sonrío y movió la cabeza como asumiendo algo que prefirió no compartirlo_ Que sólo toman un poco más de tiempo.

No temas al cansancio, encontrarás pronto en el tu deleite, ya verás.

_Se levantó y fue hacia su armario mientras decía _No tiene cura pero siempre habrá algo que pueda ayudarte a superar las crisis _Sacó un paquete que parecía contener bolsitas plásticas y regresó a su lugar_ En estas bolsitas irás almacenando tus lágrimas, tan pronto como reúnas una cantidad considerable deberás traerlas, puedes recogerlas con algodón, tampoco se trata de que inundes el hospital _bromeó un poco con la escena y continuó.

_ Con ellas preparamos el antídoto.

_¿El antídoto? _ Manifesté con cierta sorpresa y duda.

_SI, cada lágrima que tu derramas, se encarga de reconstruir aquellas fibras coronarias que fueron lastimadas durante tu padecimiento, estas son administradas mediante nebulizaciones. El mejor momento de absorción es cuando tu sistema nerviosos se encuentra exaltado, porque tu respiración es más profunda, así que no temas cuando se presente.

Mira _explicó_ si aprendiéramos a aflorar los sentimientos ante los distintos males que padecemos, nuestro propio llanto evitaría las enfermedades, pero como lo habíamos comentado, mantenemos nuestro corazón tan lejos de la razón que esto rara vez sucede. Por eso tenemos que recopilar tus emanaciones oculares y emplearlas en el momento preciso.

La hipocondria terminará con tu muerte, es vedad, pero con el tiempo tu cuerpo logrará compaginar los procesos de razón y corazón, de tal modo que puedas prescindir del medicamento. Aunque en ese entonces, si así lo deseas, podrá tu llanto permanecer en el banco de lágrimas, donde al tiempo que permites reducir el dolor ajeno, encontrarás menos padecimientos externos y por lo tanto, tu hipocondría, aunque en ese momento será fulminante puesto que es progresiva, encontrará menores factores externos por los cuales padecer.

¿Sabes de qué se componen las lágrimas? _ Me preguntó como esperando dar una gran noticia.

 _De agua, supongo _respondí.

_Si, en parte por agua, pero también hay un alto contenido en GLUCOSA. Nunca lo olvides, tus lágrimas son dulces.

_Sonreí sin levantar la mirada _ Dr. No termino de asimilar lo que me dice, pero extrañamente me siento motivada. Es raro doctor, la condición humana es un misterio. ¿Qué pasará en los lugares públicos? ¿Sufriré a gritos los males de cada uno?

_Sonrió de nuevo_ No funciona así, de hecho es precisó la cercanía con los otros para padecerles. El “mal” consiste en tu necesidad de buscarles. Son tu mal y medicina. Curioso ¿no?

Anda, ve a casa. Tienes el mejor dolor del mundo “te duele el mundo” NO TENGAS MIEDO.

_Di las gracias y me levanté aun turbada.

_Ah!_ Dijo antes que cruzara la puerta_ Se me olvidaba, con la presencia de HIPOCONDRÍA, tu expediente vuelve al casillero de DONADORES.

_Sonreí profundamente si entenderlo del todo, rodó la primera para antídoto.

Y aquí estoy, en espera de ver multiplicarse mi padecimiento. De ser invadida. El corazón aún no articula del todo sus movimientos con la razón, pero van logrando un andar acompasado.

HIPOCONDRÍA: Sentir como propio el dolor ajeno, hacer tuyos los padecimientos externos… Mi Doctor la padece de mucho tiempo atrás, lo entendí con el tiempo, y espera ansioso un mundo de hipocondriacos.

La transfusión...

jueves, 14 de enero de 2010

TRABAJA EN PAZ...

Mira cuanta confianza te tiene esa mujer… me vio y fue a saludarme con ese comentario. Alegró mi espíritu con sus palabras y aún más, saber que me recordaba.

Tiempo atrás me había enseñado a degustar la vida y a apasionarme por la comunicación, a encontrarla en lo cotidiano. A ver, a escuchar, a gustar y disfrutar de todo, porque en todo había un lenguaje superior a la palabra.

No entendía que nos limitáramos, que nos bastara un idioma en un mundo tan majestuoso. Era un alma libre, esas que sólo consiguen los grandes, los que logran contemplar la magnitud de esta vida.

Sus comentarios siempre alentadores, motivantes, demandantes. Quería sembrar en sus alumnos el deseo de más. Veía en la juventud, el tesoro del tiempo para crecer. Sabía tanto y veía en nosotros la posibilidad de superarle en mucho.

Recuerdo su calma, su paz, la seguridad y fe en la persona, sabía el arte de AMAR y lo transmitía en todo, sin darnos cuenta.

Admiré el modelo académico de mi alma mater, nunca entendí cómo lograban formar personas libres, responsables y con un sentido altamente humano. Desde mi primer semestre vi la transformación que comenzaban a generar en mí, pero no entendía de dónde provenía o cómo se alcanzaba; de cualquier forma mi admiración era amplia.

Después, ya en 6to semestre, comentó “a falta de gente honrada, hicieron a su apà alcalde” Ahí supe que había sido durante su rectoría que se genero este modelo de educación y entendí mucho de lo que para mí, hasta ese entonces, era un misterio. Bastaba verlo para notar su sabiduría y su compromiso por la formación.

Al final del semestre convocó a RETIRO, iríamos a las cabañas de su familia, sin duda eso éramos, formó una gran familia en cada uno de sus alumnos. El llevaría las cervezas, después entendí su sabiduría. Fue un gran día, me tocó viajar en su carro, hubo tiempo para compartir lo cotidiano. Recuerdo que cuestioné temas que me hacían ruido en ese momento y deseaba una mirada que me ampliara mi criterio, no recuerdo con certeza lo que hablamos, sólo ese momento que para mí era de “ahora o nunca”.

Mi ensayo final iba a acompañado de mis libros, pensó que eran suyos y puso su nombre en la caratula, después manifestó su confusión y ganó valor mi libro con su nombre de puño y letra. Sabiamente me dejó un gran presente. Se le perdió otro de mis libros, mi preferido, sin darme cuenta me dejó hacerle un regalo. Ahora intento “analizar ese discurso” lo agradezco y me emociona un poco.

Festejamos, la comunidad, sus 50 años de la misión que había decidido emprender con gran fuerza. Lo encontraba en la misa de los miércoles. Lo veía con su paso, corto y seguido, por los pasillos de la universidad. Aún escucho su voz clara y firme. No consigo imaginarlo frágil, débil, su paz era demasiado fuerte, creo que no conocía el miedo.

Siempre fue libre porque eligió atarse, con fuerza y sin titubear, a su misión.

Hasta hoy, no era consciente de lo que representaste, RAUL. TE vamos a extrañar, aunque sigues presente; sabiamente supiste dejar tu vida en nosotros. Vivirás en CADA UNO, intentaremos hacerlo muy vivos, muy conscientes, como tú lo hacías.

Te veo ahí, con tu firmeza esperando el turno para hablar con Dios y escuchar la nueva encomienda. No puedo pensarte inerte, tienes demasiada vida “el espíritu vivifica” ya no podía contenerte este mundo.

Irás a interpretar un mensaje superior, harás una revolución en el cielo, estoy segura.

También dijiste que si alguien quería tu plaza, te ibas. Sé que eso haces, nos quieres ver activos. Sin duda muchos la queremos, pero nadie podrá llenarla.

No puedo terminar con un DESCANSE EN PAZ, estoy segura que seguirás trabajando. TRABAJA EN PAZ, me ofrezco colaboradora en este mundo.



Muchas gracias RAUL HÉCTOR MORA LOMELÍ SJ.
-Flor-

http://www.biblio.iteso.mx/biblioteca/noticias/raul_mora/  y despuès de todo esto, te olvidaremos.


.

miércoles, 13 de enero de 2010

Muertos de frio

Aparentemente nada ha cambiado, pero el ánimo no es el mismo. Lo noté en mí, creí que era amenaza de volver a mis antiguas depresiones. Aumento el consumo de chocolate e intento luchar contra mi deseo de sufrimiento, finalmente sé que es sólo eso lo que hace la diferencia, desear cómodamente ser víctima del mundo.

Continúo mi rutina, me concedo ciertos pensamientos nostálgicos mientras reorganizo mis actividades con “los otros”, aún siguen siendo OTROS, pero deseo que este año sea el del encuentro real, el de comunidad que llame a la constante actividad, a no tener tiempo que perder, a sentir el mundo y no nostalgia.

Mi preocupación cesó un poco al notar cierto desánimo general, entonces me alienta saber que no soy yo, que no estoy cayendo; las condiciones naturales y sociales están favoreciendo este estado y nada más. La solución es más simple, incluso aporta actividades a mis días; luchar contra el desaliento, ir contracorriente y ser más feliz, más, que no sea sólo para mí, que la pueda compartir.

Mi temor se ve aliviado, pero además, alentado por un nuevo ánimo de crecimiento, de estar viviendo. Hay realmente grandes pérdidas, pero no en detrimento. Grandes pérdidas de SEGURIDADES que no hacían más que atarme y no dejarme ir hacia adelante.

Lágrimas en cualquier momento, necesidad de los otros y de compartir. El resultado bastante alarmante, distinto a todo mi expediente de casi 25 años.

_Debo haber envejecido, no hay duda _ pensé

¡¿Pensé?! Qué estoy diciendo? ¿Será que también eso comienza a suceder en mi cabeza? En fin…sigamos.

Esto es lo que comúnmente pasa cuando se llega a una edad avanzada “demencia Senil” _Me diagnostiqué con cierta burla y picardía.

Mmmm… envejecí. Mi próximo cumpleaños en el segundo mes de este 2010, festejará un cuarto de siglo en el mundo. Raramente mi espera no es alimentada por la emoción de regalos o la fiesta; tengo ganas de no hacer nada, de contemplar mi vida, el mundo, lo que me rodea, lo que soy y lo que deseo ser. ES RARO, pero así es, no puedo volver a aquella emoción exaltada de los años anteriores, soy feliz en mucha paz, no hay prisa de nada, me sobra mucho de lo que anhelé tanto tiempo y me falta mucho más lo que nunca creí necesitar.

Entre tanta melancolía y calma, también llegué a la conclusión que dejé de ser fuerte, perdí mi autoridad, mi perfeccionismo, mi no necesitar y saberlo todo. ¿Qué pasó? ¿A dónde se fue o a dónde me he ido? ¿Por qué todo aquello que me permitió ser la que soy, hoy sobra? Lo vivido todo este tiempo me hizo muy feliz, me permitió alcanzar grandes cosas, me describía plenamente, no era contrario a mi naturaleza, pero hoy esta debilidad tampoco va contra mí…

Alguno de los dos estados debe estar en gran error ¿O será que esto es la vida? Que lo que ayer nos venía bien hoy sale sobrando, que el cambio es tan notorio porque esta vez estoy más atenta a lo cotidiano, pero que siempre fue así…

Débil, rechazando la soledad, fomentando la comunidad, necesitando de otros, llorando por simplezas, aceptando el mundo y no en su contra…. Debería estar aterrada, por lo menos eso sería normal, pero me emociona y espero ansiosa lo que esta nueva etapa recreará. No tengo miedo al cambio, a lo nuevo y desconocido, me cautiva el misterio, estoy ansiosa.

Asumí ser débil y disfrutarlo. Ya muchas batallas libré sin derramar lágrimas, sin sentir dolor, sin mirar atrás. Ya estoy aquí, tal vez  puedo salir a respirar el viento, a ser libre y sentir. Tal vez llegó a su límite mi llanto contenido. Quizás es esta la antesala que advierte sobre los últimos años de preparación y demanda que sean intensivos. Ja, me reúso a pensar en la posibilidad de ya estar preparada, me doy cuenta, pero me permitiré engañarme un poco.

“25 años” De niña siempre pensé que eran muchísimos y veía muy lejano cumplirlos. Hoy, no desmentiría a esa niña, 9125 días han aportado muchas experiencias a mi vida, han formado mi compleja razón, me han mostrado un mundo real que no se detiene pese a los intentos, ni se termina con los tropiezos; más nunca imaginé que habría que llegar a este punto para poder iniciar a conocer el corazón.

Si 25 años me ha tomado interpretarme, crear mis definiciones y formular mi teoría; deseo comenzar cuando antes a estudiar el corazón, sé qué es el posgrado, ese que exige salir al campo de acción, ese que sólo se puede entender en la práctica… y yo que creí que todo este tiempo había sido para entender al sentimiento, yo que esperaba una respuesta en libros y deseaba consumirlos todos... con ternura reconozco mi error. La vida tiene sus tiempos, aunque intentemos forzarlos. 

Hoy asumo el riesgo de mi VIDA, será complejo, pero no tengo miedo, este (miedo) era necesario para frenar la razón, sin duda un sabio regulador de la naturaleza humana, mis nuevos días no le necesitan.

…por eso el frío de estos días, por eso estamos llenos de niebla, por eso nos sentimos solos. Estamos muriendo de frio, nos estamos desprendiendo de una era y no nos damos cuenta, por eso queremos no estar solos y al tiempo huimos de todos, es el duelo inconsciente que vivimos y nada más.

Tal vez no estamos muertos de frio, tal vez es el frío el que está muriendo, el corazón comienza a templarse.

lunes, 11 de enero de 2010

¡Por la de buenas que me lo encontré!

Después me enteré que es un personaje reconocido en el pueblo…

Para mí, era el día del primer encuentro con él y tendría que hacerlo con maestría.

“por la de buenas que me quedó este trago, si no me hubiera muerto de la cruda” comentó en su torpe caminar de madrugada al acercarse al coche donde acomodábamos el equipaje para salir de viaje. Instintivamente conteste, con sarcasmo y seriedad, dirigiéndome a mi papá: “no cabe duda que Dios nunca nos abandona” y reí abiertamente, aunque me escondí un poco al ser consciente de mi irreverencia. Dejé que mi papá saludara al “afortunado” vagabundo. Cruzaron dos tres palabras, nos bendijo y siguió su camino.

Me dejó pensando en su optimismo, aún quedaba gracia navideña en el ambiente.

Ser merecedor de un poco más de alcohol y no padecer la cruda es sin duda, una bienaventuranza para la vida de este pobre alcohólico, seguramente de no tan avanzada edad, pero que su calidad de vida lo hace verse desmejorado.

Lo que para mi había sido “las mejores fiestas navideñas” llenas de familia, amigos y felicidad a montones, para otros nada cambió, salvo que quizás existiera un poco más de licor en casa y un tanto menos de culpa, por justificarse en las fechas.

Yo, como si no hubiera sido bastante mi regalo navideño, madrugué para el esperado viaje en familia, para continuar las risas y empezar en plenitud el siguiente año. Él, “el Güey” como el mismo se dice, se empeñaba en no contradecir nuestra emoción familiar y encontrar en su situación lo mejor por que brindar y eso sólo podía ser “el trago que le quedó”.

Me pregunto qué lo llevó a ese estado; no es agresivo como otros que muestran su rencor al mundo y con ello la respuesta al por qué de su vicio. Este es amable, le gusta platicar, comparte su trago… pero bebe desmedidamente. Será que su dolor es tanto que ya no puede sentir ni rencor siquiera, será que su realidad siempre fue esa, que el alcoholismo fue la herencia de su padre, que prefiere evadir una vida responsable hundiéndose día a día en el alcohol… no lo sé, pueden ser todas o puede ser ninguna.

Dicen que a menudo pasa, lamentándose en voz alta “otra vez anda borracho el güey” en un lamento aparentemente incongruente y falso, pero que no me atrevería a juzgar.

Después nos reímos de tan ameno personaje y su “gran suerte” al quedarle un trago y no morir de la cruda, pero en mi risa no se va el recuerdo, algo deja pendiente en mí. Confío en que mi inspirado comentario fue escuchado, aunque fuera producto de mi sarcasmo y no de mi buena voluntad, que Dios no lo abandone y le conceda muchos tragos que queden en su casa, pero que no sea necesario beberlos, que el nuevo año que comenzó con tan “buena suerte” guarde reales regalos a su vida, que su alegría pronto sea felicidad.

¡Por la de buenas que me lo encontré! Iniciaré mi 2010 con su buena suerte y su optimismo.

viernes, 18 de diciembre de 2009

SI

Dos simples letras, una palabra corta y de formas opuestas, la rigidez y la libertad se encuentran en un monosílabo que guarda en su simpleza, el rumbo y sentido de la vida.

En el catecismo aprendimos que fue un SI, lo que dio salvación a la humanidad. Implicó conflictos y sacrificios, pero también aportó alegrías y satisfacciones.
Ahora me pregunto si todos serán iguales...

Ese SI que damos en cualquier momento de nuestras vidas, si es real, creo que implica todo lo anteriormente enunciado y omitido. Un SI cambia todo, hace renacer, reescribir la historia…todo a partir de ese instante. Un SI es invencible e incuestionable, no requiere justificaciones, sólo exige rigidez y libertad, sólo eso para existir.

No sé cuantas veces he dado un SI, o si a estas alturas no ha habido ninguno, pero es tan fuerte que misteriosamente cautiva y deseo llamarle a mi vida. O, ¿es que es un requisito indispensable, para que esta sea realmente VIDA?.

Entonces no renuncio, hágase en mí según tu palabra. Que la vida sea VIDA y que de mis labios surja un SI muy fuerte, que venza todos mis temores.

No diré más, mi respuesta es

-SI-

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Siempre pierdo, decía…

Lo había olvidado porque… no, jamás lo olvidó. Lo había evitado, porque le resultaba imposible describirlo en palabras.

Decía que sólo quienes lo conocen podrían entender ese vacío llenador en el pecho; que succiona y brota, que habla en silencio, que sacia y demanda o todas las contradicciones que sólo “viviéndolo” se pueden entender.

Optó por ser cronista de un momento, aunque dejara fuera de las letras, la magia que se almacena sólo en la memoria.

Era la noche del primer encuentro, aunque nadie sabía si habría otro. Tal vez eso facilitó la magia. Había una desesperación y urgencia, porque quizás pronto terminaba y el deseo de arriesgar podría cesar como tantas veces. Volverían a la blindada soledad y quedaría el recuerdo mezquino de “lo que pudo haber sido” ese que se vuelve tan conocido en personalidades temerosas, como las de ellos.

Intentos, sensaciones, temores... y concluía, porque lo que no crece se muere. Sentían todo, apretaban el alma, mil dudas de hacer lo correcto, el tiempo detenido… había que romper el encanto o dar el paso. Se rompió el encanto a causa del deseo compartido de no ser responsables de sentir. Privilegiaban el anonimato afectivo, preferían la nostalgia de la mal sana búsqueda de lo inencontrable.

La noche avanzaba y no eran capaces de enfrentar lo que sentían, huían entre la gente que acompañaba el momento. Intentaban ser uno más, pero vivían otra dimensión. Había conexión total, comunicación aún sin hablarse. La noche terminó, era tiempo de volver a casa, dar las gracias y con suerte, abrir la posibilidad de otro encuentro. Aunque, este podría no suceder.

Salieron, ella caminó apresurada adelante, como intentando regresar a la realidad. Desconectarse de él, recordarse con quien era y controlar sus emociones. Dejar de ser una niña enamoradiza. 
Llegaron abajo y ella dijo cualquier cosa, para tratar de despertar; estoy mareada o hace frio, lo importante era volver a la realidad.

Él no contestó, no quería volver y aumentaba el miedo. De cualquier forma, ella luchaba por recobrar su realidad. Guardó silencio entonces, pero sentía cada paso, intentaba volver, pero él no lo permitía.

_¿Qué tienes?_ preguntó
_Nada_ respondió.

Pero él insistía. Creía que estaba molesta, pero no era así, en todo caso estaba... asustada. Fuera de sí o tal vez demasiado en sí, como para que sus tan empleadas formas de evasión funcionaran. Caminaron cerca, pero cada quien en su lucha.

Llegaron al coche, le abre la puerta y comenta algo, cualquier cosa. Cierra la puerta _para él_ el momento en que da la vuelta al coche, es su tiempo para enfrentarse. _Para ella_ Esos segundos dentro del coche sola, son momento para preguntarse ¿qué me pasa? Ninguno tenía una respuesta clara. Entró al coche, los dos saben que la noche terminó. Ella sabe que irá a casa y será un buen recuerdo, está asustada.

Ella, sólo quiere refugiarse, esconderse y alejarse del peligro. Él, no enciende el coche, pregunta nuevamente _¿qué te pasa? _La respuesta es la misma _ NADA.

No era NADA, era todo, pero no era malo, así que no podía dar una queja. Estaba bien, pero sin saber definir ese estado, era totalmente nuevo. Él intenta detonar un tema, pero ella evade los comentarios.

Entonces él: respiró, hizo gestos de enojo, golpeó el volante y comenzó a hablar con prisa. Como si algo pudiera impedir que dijera todo lo que pretendía. Ella quiso guardar cada palabra, pero su mente estaba muy turbada, guardó lo que sintió, más no el discurso… Aún sin entenderlo, era lo que sin duda quería escuchar, así que no fue difícil que confiara.

_ No sé por qué, pero te creo. Si no confiara en ti no estaría aquí _ Respondió ella, sin poder decir más.

Sabiéndose vencedor o vencido, nunca se descifró el misterio, volvió a sus inefables acciones. Se acercó a ella, buscó su cara, su mejilla, sintieron el rose de su piel, buscó sus ojos, sintieron respirarse lentamente… estaban a milímetros de escribir la historia de la niña que temía estrenar su cuaderno de afectos.

 El tiempo seguía, tenía que pasar algo o simplemente se rompería el momento, ella se rindió. No podía luchar contra alguien que sabía aceptaba perder, cuando ella deseaba ser vencida. Su rendición implicó la acción… no hizo más que decir todo lo que sentía, todo lo que le pasaba, todo lo que esperaba, todo lo que tenía que dar y que no era posible con palabras.

Su ingenuidad de niña se atrevía a hablar de sentimientos, aún si conocerlos. Había sabiduría desconocida y natural inexplorada.

Sonrió, como quien se apena y baja la mirada. Él preguntó ¿por qué? Ella movió la cabeza con calma, diciendo NADA.

Él no sabía que era su letra la que inauguraba su alma, sus afectos y rompía sus temores. Él, no sabía que había una rendición total contra sus luchas internas, que ella no tenía idea de lo que estaba haciendo. Ella, ya no quería palabras, no quería recobrar la consciencia porque no tenía la teoría de lo que sucedía.

Él pensó que ella se sentiría culpable y quiso corresponder a su decisión de arriesgar. No sabía que ella asumía que era el fin, que era el cierre de una gran noche que deseaba que no le faltara nada. No sabía que respetaba sus miedos, sus designios de momentos y no más. No sabía que no esperaba nada, que sólo asumió el riesgo y lo hizo. Que sabía tendría que confesar sus culpas y no precisamente a Dios, porque también sabía que Él lo avalaba. Sólo habría una confesión necesaria y un buen recuerdo.

Ella había decidido enfrentar a la mujer, sin que implicara necesariamente un compromiso. Pero tal vez era deseo de él, no romper el encanto o ver a esa niña tierna y no a una más de las de siempre, lo que le hizo no permitirle cumplir su decisión.

Pero, ya que él lo pide y ella lo desea, aunque no pensó alcanzarlo, respondió con sarcasmo blindado de sentimientos, como riéndose del discurso de la niña que espera su príncipe que él había citado. 
Ella no quería eso, NO quería un cuento, aunque le enternecía el gesto.

Pero ahí lo entendió, lo conoció y lo quiso así, con todo lo que era y en tan sólo un instante, en tan sólo ese "uno más de sus momentos". 

Asumió su pasado _el de él_, enfrentó sus miedos _los de ella_ y quiso entonces ser mejor, quería que su inexperta vida afectiva no le limitara. Quería sanar sus heridas, quería abrazarlo y no soltarlo, quería que supiera que no estaba solo, que nunca lo estuvo, que eran algo desde siempre.

Escuchó la profundidad de la que el huía, de la que escapaba. Se fue a él y lo albergó en ella. Ese espacio de vacío entre él y ella, esa sensación que paralizaba todo, que le llevaba a él pero le hacía sentir tan llena. Para ella era tan claro, pero nunca supo si él lo entendía todo.

Era la magia, era el momento y la rendición _de ella_ ante el deseo _de él_ de ser vencido. No supo cuánto duró, pero fue largo, tenían que decirse tantas cosas que querían ser escuchadas.

Tal vez por eso no ha habido otro. Hubo muchos después de ese, pero era el mismo, sólo con menos prisa, con menos arrebato, pero continuaba y quedó así, sin concluir, sin punto final. Tal vez por eso no entendió nunca cómo pasar la página. No se termina una historia sin punto final y él lo olvidó, o eligió, no ponerlo.

“Siempre pierdo” decía, como si ella ganara la batalla de no necesitarle. No sabía que aunque sus deseos eran frecuentes, llegaban tarde a la necesidad de ella. Que no era él, sino ella, quien perdió. Perdió dar todo lo que necesitaba dar, perdió demostrarle lo que sentía, perdió ganar la lucha contra reloj, perdió la oportunidad de mostrarse transparente, perdió tenerle pleno y agradecido de darse.

Siempre perdió, él lo creía. Siempre tuvo dudas, sentimientos de no reciprocidad. Si él hubiera sabido lo que ella sentía, si él hubiera conocido su deseo de tenerle… tal vez se hubiera ido antes.

Era él y era ella, con sus temores, ocultando lo que el otro quería escuchar, por miedo a perderse. Se iba a terminar, por lo menos ahora sabrían que renunciaron a ellos, que no eran y No, que renunciaron a una sombría imagen, por miedo.

Pero así era necesario y aún ahora, se alegra de ese primer momento. El de la rendición. Aunque después el miedo regresara y se negara o se olvidara de lo que se dijeron en ese instante mágico.

Tal vez por todo eso lo guarda, ahí, en la vitrina de las primeras veces, pero en la especial, en la que están sólo las que fueron primeras y fueron perfectas. Porque es raro encontrarlas.

 A decir verdad, guarda sólo ese...
Su mirada fija - Repollo y Atún

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Yo también lo creí…

Recuerdo la emoción de las navidades, todo el 24 tenía magia. Era el día más lento de todo el año, todo lo esperado por tanto tiempo; estaba a unas cuantas horas de suceder.

La posada, la familia, los regalos, el baile, los chistes, los dulces, las luces, los juegos, los abrazos, el brindis (ese día todos podíamos tomar un poco de sidra)… todo, era un gran ritual. Pero cuando este terminaba, aún faltaba lo mejor; ir a dormir y desear con toda tu emoción, que amaneciera.

Sin duda era el único día que los niños despiertan solos muy temprano y se dan el lujo de despertar a los padres con un “wow” mira papá, si me lo trajo! Recorrer el nuevo juguete de arriba abajo rápidamente, después estar listo para volver a salir. Vayamos con la abuelita a mostrar lo que nos trajo el niño Dios y ver lo que el resto de primos aporta al nuevo tesoro. Jugar todo el día en una real comunidad, todos están felices.

¿Cómo superar tal situación? ¿Qué pasaría cuando la magia desapareciera? ¿Qué sentido tendrían las navidades si ya no es urgente despertar a la siguiente mañana?

Yo también lo creí, ya no habría magia, no tendría sentido, sería una fiesta más en el año.

Un silencio atemorizante. Ver pasar los primeros años y creer que es el recuerdo lo que te mantiene gustoso. Después pasan el resto de los años, el resto hasta ahora, pero hay algo raro; con una vida adulta, sigues esperando con emoción que sea navidad, te siguen alegrando ver las casas iluminadas, te inspira un poco el escuchar villancicos por las tiendas, no sabes cómo, pero hay un amor natural que va creciendo en este tiempo dentro de ti y notas en los demás la misma magia.

SOMOS ADULTOS, ¿qué nos pasa, por qué no nos atormenta pagar los buñuelos o preparar regalos, por qué nos sigue alimentando el alma estas fechas?

¡Que no hay magia! me intentan decir que no hay magia, cuando esta se respira todo el tiempo, cuando se logra hacer a un lado la hostilidad común y se tienen deseos de compartir la felicidad. Qué acaso no es la magia de la navidad la que nos mueve, esa que prefiero llamar amor ¿No es ese el que nuevamente nos recuerda su presencia en nuestras vidas…?

No sé como será la siguiente, pero este año, espero la mejor navidad de mi vida. La de más magia que ninguna, de la carta de peticiones más larga que nunca, la de una familia expandida, la del amor fortuito, no la de la simple emoción de un nuevo juguete.

Yo también lo creí y por ello les entiendo, pero no teníamos razón. Déjense sentir y encontrarán la magia, no se ha ido, creció y nos envuelve, por eso no la ven, salgan de si, verán que ahí está.

Disfrútenla, inúndense de ella, compártanla… no repriman a su niño que está ansioso por ir a las posadas y romper piñatas. La magia no ha terminado.

Feliz Navidad.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Descubrir que envejecí…

No lo esperé, siempre lo vi tan a futuro que creí que cuando lo descubriera, sería tras años de intentar negarlo. Pero fue tan sorpresivo que detonó una emoción disfrutable.

Los pliegues al ras de la sonrisa y dos imágenes contrapuestas dieron la explicación a un estado de consciencia nuevo en mí. Saber que el tiempo siempre deja algo, por más que nos empeñemos en no vivirlo; fue contundente, alentador y nostálgico.

Unos cuantos años atrás, con prácticamente las mismas actividades que ahora _sólo distintos lugares y actores_ no tendrían por qué significar nada importante. Pero ver la inocencia de la primer fotografía, la seguridad fundada en la inconsciencia y una sonrisa que creía haber alcanzado la felicidad, trajeron a mí como en flashback lo vivido en este tiempo; cada caída, cada lágrima, cada tropiezo y claro, cada logro al levantarme o secar aquel llanto.

Vi con emoción el nuevo rostro. Menos alegre pero más feliz, menos inocente pero con mucha fe, menos seguridad pero más fuerza, más dureza pero con más paz.

Mi emoción creció, he envejecido!!

Cada tropiezo, cada lágrima, cada ilusión, cada momento, cada tristeza, cada alegría, cada día que viviera en mi reciente pasado; fueron labrando la que ahora vive, siente, piensa y busca, sobre todo eso, busca. Seguir buscando hasta llegar al objetivo, que aunque parece ser el mismo de antes, ha cambiado rotundamente.

Siempre añoré sentirme bien, estar contenta, tener lo que deseaba o se hiciera lo que yo quería. Hoy "sólo" deseo la felicidad, dónde esté. La vida me mostró que no fui acertada en mis convicciones, en mis seguridades y en mis emociones. Ahora que al fin permití a la vida marcar sus líneas, encuentro todo _o casi todo_ lo que en aquel entonces deseaba y no conseguía encontrar.

Vivir, es la labor más complicada, cuando nos empeñamos en ir contracorriente. Cuando giramos y dejamos fluir nuestra naturaleza; el camino se vuelve más largo, mucho más, parece que los atajos no los privilegia en nada, pero este camino se hace tan disfrutable, que no tengo tiempo para pensar en la meta, que sin duda desconozco, pero que por el paisaje me impaciento un poco, pues no puede ser menor a esto que ahora percibo y es tan... revitalizante.

Aquí estamos pues, tu y yo, las dos que fuimos o las dos que somos, sin discutir ni culparnos de nada, sólo aceptando con fuerza la que somos, sin prescindir de ninguna, sólo abrazando el pasado que dio su vida en nombre del presente.

Vivir, sólo vivir… fue lo que hicimos siempre, sólo que antes no me daba cuenta. Creía que todo dependía de mis decisiones, que mis errores eran irreparables y que este presente sería distinto. Había un guión que me empeñé en redactar, sin darme cuenta que las letras de la vida no perduran, que se mueven mientras vivimos o dormimos y que de cualquier forma, no hay manera de detenerlas.

Aunque estos párrafos tengan mi firma al final y al mundo pueda argumentar que estaba todo en mis planes, sé perfectamente que no fue así como lo escribí, que alguien se ocupó de corregirlos, pero que respetó perfectamente la idea, sólo ayudó a hacerla real y más interesante.

No sé si siempre pasará esto, si cuando mis arrugas sean más que dos o cuando mis fuerzas se vean mermadas, podré sentir esta emoción de haber vivido. Quizás sólo sea que envejecer a los 24 sea motivante.

No tengo certezas de nada, pero deseo vivir apegada al guión de mi editor, sé que de ser así, cada década sabrá distinto y será gratificante. Quiero encontrar como hasta ahora, las huellas de mi felicidad en mi piel. Quiero sentir la muerte rodar por mis mejillas para llevarme a encontrar la vida y recordarla con nostalgia, como todo lo que nos resulta valioso.

Quiero poderme ir como hasta ahora, quiero que el día que sea y en el lugar prescrito, pueda abandonar el mundo sin añorar nada, sin que me falten párrafos por vivir, sin haber alterado la obra del autor que sin duda, es perfecta.

Pues ya que soy esta y no la otra, pero no podría serlo sin la que fui, disfruto la felicidad de hoy, para inundar el pasado y ya no duela nada.

No sé cuánto tendré de tiempo para envejecer, mucho o poco, de cualquier forma, pretenderé que esto sea de la mejor manera. Aún hay mucho espacio en mi piel para escribir mi historia. sin duda, mi editor no ha terminado de crearme.

P.D. no me gastaré mis quincenas en cremas que disimulen mis pliegues en el rostro, por el contrario, espero que cada día sean más profundos y me recuerden que sigue habiendo sonrisas.

martes, 10 de noviembre de 2009

Zona de combate…

Una atmosfera espesa y lenta. El cuerpo pesa pero al mismo tiempo flota. Cada poro de la piel parece hablar y provocan la lenta respiración, como temiendo ser escuchados. Una resuelta duda; que no deja de ser duda, pero tampoco de tener la respuesta o desearla o pretender escribirla o de justo estarla escribiendo...

Sentir el estomago contraer, firmar la declaración de culpabilidad y caminar hacia la condena que tú misma has impuesto. Vencer las dos más grandes distancias de tu vida, las que te mantenían a salvo de estar viva, para detonar el fuego.

Una vez en la zona de combate, te das cuenta que no eres tan culpable o que no eres la única, o que quizás, más que haberte culpado, te rendiste; para verle triunfar y en su triunfo alcanzar tu victoria.

Nada mejor que rendirte, presentarte, mostrarte fuera de la armadura y lejos de los tanques que intimidan. Aferrarte fuertemente a quien en tu estado “vulnerable” hace sentirte fuerte e indestructible.

Respirar por fin del aire puro y olvidar los gases combatientes. Erguirte al mundo y no temer a nada. Llevar con orgullo la bandera contraria y sentir más tuya la que ya portabas. Desear permanecer por siempre en el más seguro de los peligros.

Esperar el momento y salir de la trinchera para hacer el recuento de los daños… El campo estaba florecido. Después, volver a la base, justo para el pase de lista: Soldado combatiente “caído, Sr.” Contraria caída “presente, Sr.”.

Reír como nunca, limpiar un rostro camuflado por el llanto y recorrer, nuevamente, aquella distancia nunca antes transitada..


lunes, 26 de octubre de 2009

La transfusión...

Estaba sola, regresé a mi casa con los análisis en la mano, el resultado era más que desalentador “cardioesclerósis”. Mi corazón se endureció, quería dejar de trabajar, bombeaba tan poca sangre que esta comenzó a sufrir alteraciones.

Me dejé caer sobre la cama y repasé los comentarios del doctor:

_Tienen ud. el nivel sanguíneo de un infante, no me explico cómo logra seguir en pié. Es urgente calmar su sistema nervioso, en esta situación cualquier alteración sería fatal. Aquí no le podemos atender, busque inmediatamente una clínica que disponga personal a su cuidado e inicien una transfusión emergente. Serán necesario por lo menos 5 donantes, una sola persona pondría en riesgo su vida si pierde la sangre que usted necesita.

No se preocupe, con una buena atención Ud. Estará bien. Llame a su familia y prepárese para disfrutar de un buen coctel de rica y revitalizante sangre -dijo con una sonrisa como intentando romper el silencio tenso que se había creado.

Llamar a mi familia, ja, estaba sola, como nunca, como nadie. Cómo llamar a alguien si sólo deseaba estar sola. Para qué buscar una clínica si finalmente no habría donantes. No sabía qué hacer. Así recostada en la cama, me encorvé para intentar combatir el frio más fuerte del peor invierno de mi vida o tal vez, del último.

Timbró el teléfono, dude en levantarme, al fin que importaba ya perder una llamada telefónica. Siguió insistiendo el ensordecedor tono hasta que me obligó a contestar.

_Bueno

_Hola ¿cómo estás? te sorprenderá que te llame, pero necesito un favor, cuestiones técnicas tu sabes.

bah! Sonreí para mí, la vida me estaba jugando otra de sus malas bromas, en estas circunstancias donde no soy suficiente para mí, alguien me necesita. Después de unos segundos de silencio, respondí.

_Claro, con todo gusto. Tengo algo de trabajo, pero seguro podré buscar un poco de tiempo.

_Si no es mucho problema, claro. Pasa que me encantaría que fueras tu y abusando un poquito de la confianza, me decidí a llamarte.

_Gracias por pensar en mí, será un placer. Podríamos hablar mañana para ponernos de acuerdo.

_Perfecto, muchas gracias, te veo mañana.

Colgué y nuevamente sentí desvanecerme, me senté apresuradamente. Pensé en comer un poco, pero no fue buena idea, mi organismo parecía negarse a recibir vida, tenía una decisión de abandonarme y así hacer perfecta mi soledad.

Pasaron un par de días, quise continuar mis actividades normales hasta entender lo que estaba pasando. Mi cuerpo se veía demacrado, mis fuerzas me traicionaban, pero como siempre; la prisa cotidiana de la oficina permitió ocultar mi estado, nadie se percató de nada.

Él, comenzó a llamarme con más frecuencia. Las cuestiones técnicas a consultar eran el pretexto, pero parecían haber pasado a segundo término.

_Te he notado triste ¿estás bien? puedo ayudar en algo…

_Si, no te preocupes, es la falta de costumbre de trabajar -sonreí un poco y traté de cambiar mi tono de voz afligido, aunque fuera esto casi imposible.

Sonrío conmigo y dijo _entonces es el momento perfecto para discutir del trabajo, en compañía de un buen trago, así podría corresponder un poco.

_Claro - sonreí y argumenté que tenía que irme pero pronto iríamos a tomar algo.

Los días pasaban, mi mal estado era tan notorio e invisible para mis compañeros de oficina, que no pude dejar de reflejarme en ellos. Ese era mi mundo, el del estrés, el de lo urgente, el de convivir con seres que me son útiles y nada más.

Salí de trabajar y lo encontré…

_Vamos a tomar algo, tú no estás bien y me gustaría que confiaras en mí.

Me dejó fría, aún no lograba asimilar en mi cabeza lo que estaba pasando, no sabía cómo manejarlo a los demás. Fue tan sorpresivo que no pude argumentar ninguna excusa y accedí a su invitación.

Hablé y hablé por largas horas. Lo vi tan atento, tan resuelto a ayudarme y yo tan asustada y urgente de una salvación, que no dudé en sentirme afortunada.

Aunque con temor, acepté hospitalizarme. Me vi llena de artefactos, todos para mi desconocidos. Recuerdo como odiaba ese quedo sonido del monitor cardiaco. Me recordaba a cada minuto que estaba muriendo, era como una voz que me decía “ya no puedes, tú no puedes…”.

Pasé la primera noche, ahí, sola, escuchando aquella periódica vocecita desalentadora. Al otro día muy puntual, estaba ahí, con una gran sonrisa, dispuesto a lo que se necesitara. Me abrazó fuertemente, me llené de miedo; hacía tanto que nadie me abrazaba, que no quería que mi vida tomara sentido justo cuando estaba por terminar. Me separé de él y comenté que el doctor había llegado. Estuvo atento a cada indicación, había resuelto hacer lo necesario para ayudarme.

_Por ahora necesitaremos sólo un poco de su sangre para mantener el nivel mínimo, pero será preciso que consiga otros donantes.

_NO, -dije apresuradamente. _No puedo aceptar eso, además, no habrá más donantes, será en vano. No quiero que me hagan nada, no lo necesito, así he sobrevivido y lo haré hasta que mi corazón decida no más. No quiero su sangre ¡no quiero su sangre! -comencé a gritar desesperada como si algo temiera-._No admitiré aumentar el riesgo, ni siquiera sabemos si su sangre es sana.

No sabía que más decir para hacerlo desistir, estaba horrorizada de la vida, no sabía cómo vivirla y cada gota eran horas de incertidumbre en este mundo. Junto a él, junto a todos o de nuevo junto a mi soledad.

_Srita. Entiendo si ud. decide no aceptar la transfusión, pero le recuerdo que su vida corre peligro y no garantizo que su corazón resista mucho tiempo más. La Cardioesclerosis y los bajos niveles sanguíneos le están desgastando rápidamente. Hablen un momento y regreso para conocer su resolución. -Se dio la vuelta y salió.

_Por favor, confía en mí y permíteme donar un poco de mi sangre, no me hará daño, puedo hacerlo y tu lo necesitas. Mi vida no ha sido la más sana, pero créeme que me he propuesto una saludable rutina para que te sea del mayor provecho. Entiendo tu temor, sé que no confías en mí, pero dame la oportunidad y corramos el riesgo de vivir un poco -sonrío.

Accedí, nunca entendí por qué, pero algo de mi quería hacerlo y en medio de mi miedo de vida, le di un No a la muerte.

Pasaron casi dos meses. Él era el único donante, no había nadie más a mi lado y el aceptó una rutina de medicamentos y dieta saludable para resistir las transfusiones. Cuando él estaba ahí, en la otra cama, opacaba mi monitor, su latido era tan fuerte, que sólo con escucharlo me hacía vivir.

Con el paso del tiempo, mis signos vitales iban mejorando. Esa vocecita atormentadora se hacía más fuerte. Me gustaba escuchar los dos monitores y él ahí, con vida para dar. Si se iba o llegaba, ya no había cambio en los latidos monitoreados, mi corazón ya no era opacado, estaba viva, como nunca, pero no me bastaba. Era una especie de vicio recibir su vida.

Durante todo este tiempo se mostró feliz, parecía que liberarse de su sangre le hacía bien. Asumí que nos estábamos ayudando mutuamente. Esto facilitó no sentirme en deuda.

Llegó el martes por la mañana, esperaba con gusto aquella sonrisa dispuesta a conectarse a mí. Llegó el medio día y la cama al lado seguía sola. No fue, no llegó a la cita y no fue capaz de avisarme. Temí por mi vida y lo juzgué egoísta. No fui consciente de la fuerza que yo había adquirido, de su desgaste, de su dolor... Sólo pensaba en mí, sólo quería estar segura, sólo quería escuchar el constante tono de la máquina cardiaca, sin darme cuenta de mis latidos que se multiplicaban mientras los suyos se apagaban.

Sentí coraje, dolor, impotencia, desaliento, sentí todo. Si estaba sola antes, ahora a mi soledad se sumaba su ausencia. Me arrepentí de mi ilusión, de haber decidido vivir para al final sólo doliera más mi partida. Le odié, odie su vida que sólo haría más grande mi muerte.

Salí del hospital. Los doctores aseguraban que mi salud estaba estable, pero yo me sentí caer poco a poco. Antes no podía morir porque no tenía vida, pero ahora sí. Era como si la muerte se riera a carcajadas de mi ilusoria fantasía, de mi ingenuidad al creer en mi cuento de hadas, al creerme rescatada por el príncipe.

Pasé los años más difíciles de mi “vida”, mi corazón latía con facilidad, su rigidez había sido vencida, mi sangre inundaba todo mi cuerpo, pero yo no podía mantenerme en pié. No lograba sentir la vida. Era obvio, nadie puede vivir con la vida de otros -pensaba- asumí mi error, era el precio que tendría que pagar por desear vivir, por aceptar recibir. 

Finalmente si estamos solos, nos aseguramos que nadie nos podrá hacer daño.

Con el tiempo, creo que mi cuerpo reconoció la vida como propia, recobró la fuerza. Era como si hubiera purificado aquella sangre que sentía ajena. No quería recordar aquel tiempo de “vida” de una felicidad que acepté sin reservas. Me negaba volver a sentirme feliz, aquel estado me dolía, prefería el dolor, el desconcierto.

Para qué VIVIR si dura poco. Para qué los otros, si al final se van.

Ahora que estoy viva y me siento por fin ¡viva!

Pude regresar al hospital. Aunque me habían recomendado chequeos anuales, no podía, ese lugar me dolía, me recordaba aquel dolor de la cama sola, de mi ilusión desecha.

Me sorprendió mi deseo de entrar. No tenía conmigo el expediente, pero decidí entrar, sólo por preguntar cualquier cosa, por volver a respirar ese lugar.

Recorrí lentamente sus pasillos, me topé con el doctor que me atendió, sonrío abiertamente y me dijo “que bien te ves” sabía que ibas a volver. Él no quería avisarte, pero que bueno que se decidiera.

_¿él?

No entendí nada, yo estaba ahí por casualidad, logrando superar aquella mala jugada de la vida.

El doctor me hizo la seña que pasara, entré y ahí estaba, con una vocecita que lentamente le murmuraba su muerte, junto a una cama sola, pero él no esperaba a nadie.

No pude hacer nada más que soltarme a llorar y sentir toda esa vida que me negaba a aceptar, que la derrochaba sin saber que alguien había renunciado a ella, seguro que yo la merecía más. Mi cuerpo se inundó de él, quise vivir para vivirlo. Quise darle vida… pero no era medicamente posible.

Despertó y le sorprendió verme, hizo el esfuerzo por mostrar aquella sonrisa que tanta vida me daba. Quise pedirle perdón, reconocer lo injusta y egoísta que fui. Agradecer su desinteresado servicio, su AMOR. Jamás me sentí tan amada.

En un instante reconocí todo lo que había hecho en mí; mi vida, mi fe, mi amor. Todo lo que no tenía, lo dio para mí a cambio de nada. Aceptó incluso mis reclamos por haberse ido, se sintió en deuda por no haber dado más. Y yo, egoísta, QUERIENDO seguía exigiendo, él, AMANDO le dolía no poder dar más.

Fue allí donde desperté de la transfusión. No fue en aquel momento en que vi la otra cama vacía y yo esperando recibir. Fue aquí, con el alma plena y mi credencial de NO DONADORA, donde la impotencia se apoderó de mí, donde acepté que no sería yo quien pudiera compartirle vida.

No lo merezco, dar mi sangre me haría sentir una deuda saldada y no es así. Jamás se puede corresponder a quien te da su vida, aun intentando pagar con la misma, es la suya propia la que recibe.

Ahora está bien, como en aquel entonces. Antes de mí.

A mí me costó todo este tiempo aprender a disfrutar de tu vida, a ti, reponerte de aquel mi egoísta tiempo de exigir.

No sabes como hace brotar mis emocionadas lágrimas escuchar cada uno de mis latidos, que no hacen sino hablar de ti. Y como detesto ese breve enunciado en letras rojas en mi expediente de: NO DONADORA, que te separa de mí.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Y es que en el epicentro, cualquier temblor es fuerte.

El temblor repentino, era nuevo, pero entendía que algo albergaba del pasado que creía vencido.

El susto en él, lo vio, pero contrario a cualquier situación similar; el miedo detectado en el otro, no le hizo sentirse superior. El miedo en él despertó el suyo propio, su cuerpo sintió flaquearse, la impositora razón le obligó a comportarse con normalidad (orden que no consiguió obedecer en totalidad, porque sus extremidades inferiores se agitaban extrañamente) fingir sobriedad e intentar distraer las miradas fue lo única defensa encontrada.

_Que fuerte, pensaba, pudo haber caído ahí, no hubiera tenido respuesta lógica para justificar su flaqueza. Su cerebro trabajaba a mil, no entendía nada.

Él, su miedo lo convirtió en molestia, enojo, enfado o cualquiera de esas reacciones que suele anteponer a cualquier deseo frustrado “Cuando la energía del deseo que se encamina hacia su realización encuentra un obstáculo, la obstrucción que éste produce genera una sobrecarga energética en ese deseo. Esta sobrecarga es lo que llamamos enojo”

_¡OBSTÁCULO, DESEO FRUSTRADO! Yo no tendría por qué ser eso, pensó ella.
Pero si este miedo sorpresivo en ella, fue resultado del que descubrió en los ojos de él… Será que su inconsciente descubrió en él ese peligro que siempre la ha hecho temblar, ese que los poetas han enunciado de mil formas y que le han agrupado en el “amor que espanta” ¿o será que amor sólo es uno y siempre espanta, obstaculiza y frustra, para hacerse así, digno únicamente de grandes vencedores?.

Que extraña situación, quiso haber detenido el mundo en ese instante hasta entender lo que en ella sucedía, sentarse y recobrar su realidad. Preguntar abiertamente por qué temblaba tan fuertemente, pero es tan orgullosa que es capaz de morir con tal de humillarlo, como dice el principito.

Siguió adelante, logró ocultar al resto la situación, pero no a ella. Se repetía constantemente en su cabeza
_¡MIEDO! Siento ¡miedo! Me genera ¡Miedo! El temblor era ¡miedo!... ¿¡MIEDO!?
Jamás pensó sentirlo de tal forma, no había nada para que así fuera.

Sabía muy bien lo que eran “maripositas en el estomago” sabía el frio que le recorría el cuerpo en esas situaciones, pero temblor de las extremidades inferiores, eso parecía ¡MIEDO¡

Consultar el diccionario psicológico, pensó _¡pronto! alguna respuesta que la sacara de su situación no controlada "El miedo es una valiosísima señal que indica una desproporción entre la amenaza a la que nos enfrentamos y los recursos con que contamos para resolverla".

¿Será entonces que aún le falta algo para enfrentarlo? ¿Qué podría quitarle que la hace temblar, qué poder ejerce sobre ella que teme no poder vencerle? ¿O será verdad que es su miedo el que le trasmite? Pero entonces ¿qué teme, que tiene ella que lo amenaza? ¡¿Qué oculta que pueda ser evidenciado?!...Pero lo que más le atormentaba; cómo lograr vencer a quien no quiere ver vencido, cómo aniquilar algo que desea, cómo poner punto a las letras que alimentan su alma…

Dejar las cosas al tiempo… es que este parece ser nunca demasiado, más tiempo para qué, si sólo afianzan el sentimiento, si aquel era tan débil en un principio y el tiempo sólo ha demostrado que es incapaz de aniquilarlo. Más tiempo, NO, no más por favor, no encontraría forma de vencerle entonces, no tendría forma de ocultarse cuando el temblor siga creciendo.


Y es que en el epicentro, cualquier temblor es fuerte.

Me prometí que no serías más motivo de mis letras, pero tengo que sostenerme en algo cuando mis piernas intentan flaquear, cuando mi cuerpo no sostiene tu presencia…

No voy a interpretarte, no voy a interpretarte… no lo haré, no más. Prefiero describirme, navegar en mis confusos territorios, vencerme yo antes que me venza el miedo.

Tal vez sea que no sentir nada contra ti, que seguir viéndote distinto, que el papel de indiferente me sale tan bien; que no me entiendo, que mi cuerpo tiembla por la fuerza contenida.

martes, 29 de septiembre de 2009

Y yo mi pequeño príncipe, cuánto te habré hecho llorar…

Mi corazón se encuentra reducido a su mínima capacidad, pero al mismo tiempo es como si llenara todo mi ser y quisiera salir de mi insuficiente cuerpo.

No dudo que todo conocimiento llega a nosotros cuando es necesario y por lo general llega después del sufrimiento; sólo para inundar el alma y hacernos reir con llanto y llorar a carcajadas. Sólo para decirnos animosamente AÙN ES TIEMPO y para luchar contra nuestra desalentadora voz, de: OJALÀ LO HUBIERA SABIDO en aquél momento, AHORA YA ES TARDE.

No es tarde, lo sé, nunca lo es.
 Siempre podremos ver todos los amaneceres y atardeceres que nos permitamos ver, siempre podremos cambiar la cara de la moneda para ganar al azar, pero no sé si aún es SIEMPRE.

Jamás se sintió una Flor tan comprendida, jamás había logrado comprenderse ella misma y de repente, todo es tan claro, tan evidente al corazón y no así para los ojos.

Tienes razón mi pequeño príncipe, valió la pena la domesticación y las cosas ordinarias toman irremediablemente sentido en ti.

Todo fue tan complicado, porque como todos los adultos; lo compliqué. Porque no quise detenerme a dibujar un cordero, porque no confiaba en mis capacidades artísticas y no quise asumir el riesgo.


Porque no quise domesticar al zorro, porque sabía que me haría llorar. Porque domesticar era crear lazos y esos afectan en ambos sentidos.

Perdón mi querido pequeño príncipe, no te di la oportunidad de ser domesticado por tu Flor. Te privé de la dicha de encontrarla diferente a todas porque era tuya, porque tú la habías cuidado, porque la Flor se olvidó de toser y mostrar sus pétalos vulnerables al viento. Porque la Flor no quiso ser diferente y al sentirse observada con el corazón, se perdía entre todas para no ser encontrada, para no ser responsable de ti y no fueras responsable de ella.

Gracias mi pequeño príncipe, porque has sabido mostrar en un pequeño cuento, la que soy y la que al mismo tiempo dejé de ser.

Gracias porque al final no me queda claro si soy la Flor o el Príncipe. No sé si temer a los corderos o buscar a la serpiente que me permita despojarme de esta pesada armadura y volver a MI PLANETA.

Preguntaste ¿Es que no es cosa seria averiguar por qué las flores pierden el tiempo fabricando unas espinas que no les sirven para nada?

Si, la respuesta es SI. Es cosa muy seria averiguar por qué lo hacemos y cosa absurda seguirlo haciendo cuando has sido tan franco en tus palabras .



TU encontraste tu Flor y yo la hice parecer un “adulto razonable”
…Si tan sólo tuviera lágrimas!

P.D. te confieso algo; soy tan débil y tan frágil y sólo tengo 4 espinas para defenderme contra todo el mundo!!!

ANTOINE DE SAINT
•Las personas mayores nunca pueden comprender algo por sí solas y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones.
•Poniéndome a su altura, les hablaba del bridge, del golf, de política y de corbatas. Y mi interlocutor se quedaba muy contento de conocer a un hombre tan razonable.
•Cuando el misterio es demasiado impresionante, es imposible desobedecer.
•Pero nadie le creyó a causa de su manera de vestir. Las personas mayores son así.
•Querer un cordero es prueba de que se existe
•Son así. No hay por qué guardarles rencor. Los niños deben ser muy indulgentes con las personas mayores.
•Pero nosotros, que sabemos comprender la vida, nos burlamos tranquilamente de los números
•Era una vez un principito que habitaba un planeta apenas más grande que él y que tenía necesidad de un amigo…"
•Es posible, en fin, que me equivoque sobre ciertos detalles muy importantes. Pero habrá que perdonármelo ya que mi amigo no me daba nunca muchas explicaciones. Me creía semejante a sí mismo y yo, desgraciadamente, no sé ver un cordero a través de una caja.
•Los baobabs, antes de crecer, son muy pequeñitos.
•tratándose de baobabs, el retraso es siempre una catástrofe
•—¡Un día vi ponerse el sol cuarenta y tres veces!
•Si un cordero se come los arbustos, se comerá también las flores ¿no?
•Entonces, ¿para qué le sirven las espinas?

•—¡No te creo! Las flores son débiles. Son ingenuas. Se defienden como pueden. Se creen terribles con sus espinas…
•—¡Hablas como las personas mayores!—¡Lo confundes todo…todo lo mezclas…!
•Conozco un planeta donde vive un señor muy colorado, que nunca ha olido una flor, ni ha mirado una estrella y que jamás ha querido a nadie. En toda su vida no ha hecho más que sumas. Y todo el día se lo pasa repitiendo como tú: "¡Yo soy un hombre serio, yo soy un hombre serio!"… Al parecer esto le llena de orgullo. Pero eso no es un hombre, ¡es un hongo!
•Y si yo sé de una flor única en el mundo y que no existe en ninguna parte más que en mi planeta; si yo sé que un buen día un corderillo puede aniquilarla sin darse cuenta de ello, ¿es que esto no es importante?
•—Hace millones de años que las flores tiene espinas y hace también millones de años que los corderos, a pesar de las espinas, se comen las flores. ¿Es que no es cosa seria averiguar por qué las flores pierden el tiempo fabricando unas espinas que no les sirven para nada?
•—Si alguien ama a una flor de la que sólo existe un ejemplar en millones y millones de estrellas, basta que las mire para ser dichoso. Puede decir satisfecho: "Mi flor está allí, en alguna parte…"
•Lo tomé en mis brazos y lo mecí diciéndole: "la flor que tú quieres no corre peligro…
•Pero aquella había germinado un día de una semilla llegada de quién sabe dónde, y el principito había vigilado cuidadosamente desde el primer día aquella ramita tan diferente de las que él conocía.
•Aprendí bien pronto a conocer mejor esta flor.
•pero la flor no acababa de preparar su belleza al abrigo de su envoltura verde.
•¡Ah, era muy coqueta aquella flor! Su misteriosa preparación duraba días y días. Hasta que una mañana, precisamente al salir el sol se mostró espléndida.
•El principito adivinó exactamente que ella no era muy modesta ciertamente, pero ¡era tan conmovedora!
•—Yo nos soy una hierba —respondió dulcemente la flor.
•"Miedo a las corrientes de aire no es una suerte para una planta —pensó el principito—. Esta flor es demasiado complicada…"
•De esta manera el principito, a pesar de la buena voluntad de su amor, había llegado a dudar de ella. Había tomado en serio palabras sin importancia y se sentía desgraciado.
•"Yo no debía hacerle caso —me confesó un día el principito— nunca hay que hacer caso a las flores, basta con mirarlas y olerlas. Mi flor embalsamaba el planeta, pero yo no sabía gozar con eso…Aquella historia de garra y tigres que tanto me molestó, hubiera debido enternecerme".
•“¡No supe comprender nada entonces! Debí juzgarla por sus actos y no por sus palabras. ¡La flor perfumaba e iluminaba mi vida y jamás debí huir de allí! ¡No supe adivinar la ternura que ocultaban sus pobres astucias! ¡Son tan contradictorias las flores! Pero yo era demasiado joven para saber amarla".
•Y cuando regó por última vez la flor y se dispuso a ponerla al abrigo del fanal, sintió ganas de llorar.
•—Adiós —le dijo a la flor. Esta no respondió. —Adiós —repitió el principito. La flor tosió, pero no porque estuviera resfriada. —He sido una tonta —le dijo al fin la flor—. Perdóname. Procura ser feliz.
•—Sí, yo te quiero —le dijo la flor—, ha sido culpa mía que tú no lo sepas; pero eso no tiene importancia. Y tú has sido tan tonto como yo. Trata de ser feliz. . . Y suelta de una vez ese fanal; ya no lo quiero.
•—Será necesario que soporte dos o tres orugas, si quiero conocer las mariposas; creo que son muy hermosas. Si no ¿quién vendrá a visitarme? Tú estarás muy lejos. En cuanto a las fieras, no las temo: yo tengo mis garras.
•—Y no prolongues más tu despedida. Puesto que has decidido partir, vete de una vez. La flor no quería que la viese llorar: era tan orgullosa...
•Ignoraba que para los reyes el mundo está muy simplificado. Todos los hombres son súbditos.
•—Exactamente. Sólo hay que pedir a cada uno, lo que cada uno puede dar —continuó el rey.
•La autoridad se apoya antes que nada en la razón. Si ordenas a tu pueblo que se tire al mar, el pueblo hará la revolución.
•—Si Vuestra Majestad deseara ser obedecido puntualmente, podría dar una orden razonable.
•"No hay la menor duda de que las personas mayores son muy extrañas",
•que nunca en su vida había renunciado a una pregunta una vez que la había formulado.
•tenía sobre las cosas serias ideas muy diferentes de las ideas de las personas mayores
•—Yo —dijo aún— tengo una flor a la que riego todos los días; poseo tres volcanes a los que deshollino todas las semanas, pues también me ocupo del que está extinguido; nunca se sabe lo que puede ocurrir. Es útil, pues, para mis volcanes y para mi flor que yo las posea. Pero tú, tú no eres nada útil para las estrellas...
•Es una ocupación muy bonita y por ser bonita es verdaderamente útil"
•Cuando quieras descansar, caminarás... y el día durará tanto tiempo cuanto quieras.
•"Es el único de quien pude haberme hecho amigo. Pero su planeta es demasiado pequeño y no hay lugar para dos..."
•—Tengo también una flor. —De las flores no tomamos nota. —¿Por qué? ¡Son lo más bonito! —Porque las flores son efímeras.
•Y el principito partió pensando en su flor.

•—Tengo problemas con una flor —dijo el principito.
•—¿Los hombres? No existen más que seis o siete, me parece. Los he visto hace ya años y nunca se sabe dónde encontrarlos. El viento los pasea. Les faltan las raíces. Esto les molesta.
•Y los hombres carecen de imaginación; no hacen más que repetir lo que se les dice... En mi tierra tenía una flor: hablaba siempre la primera... "
•Si ella viese todo es to, se decía el principito, se sentiría vejada, tosería muchísimo y simularía morir para escapar al ridículo. Y yo tendría que fingirle cuidados, pues sería capaz de dejarse morir verdaderamente para humillarme a mí también... "
•Comienzo a comprender —dijo el principito—. Hay una flor... creo que ella me ha domesticado...
•Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste.
•—Por favor... domestícame —le dijo.
•Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos.
•Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.
•Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.
•—Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mí rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin.
•sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.
•Es bueno haber tenido un amigo, aún si vamos a morir. Yo estoy muy contento de haber tenido un amigo zorro.
•—El agua puede ser buena también para el corazón...
•—Las estrellas son hermosas, por una flor que no se ve...
•—Lo que más embellece al desierto —dijo el principito— es el pozo que oculta en algún sitio...
•"lo que veo es sólo la corteza; lo más importante es invisible... "
•"Lo que más me emociona de este principito dormido es su fidelidad a una flor
•¡Comprendí entonces lo que él había buscado!
•—Pero los ojos son ciegos. Hay que buscar con el corazón.
•Pero yo no estaba tranquilo y me acordaba del zorro. Si se deja uno domesticar, se expone a llorar un poco...
•—Cuando te hayas consolado (siempre se consuela uno) estarás contento de haberme conocido
•"Las estrellas me hacen reír siempre"
•—¿Sabes?... mi flor... soy responsable... ¡y ella es tan débil y tan inocente! Sólo tiene cuatro espinas para defenderse contra todo el mundo...
•Pero miren al cielo y pregúntense: el cordero ¿se ha comido la flor? Y veréis cómo todo cambia...
•¡Sean amables con él! Y comuníquenme rápidamente que ha regresado. ¡No me dejen tan triste!